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Uniendo sabiduría y progreso
Aunque la representación de las mujeres en la agricultura chilena es apenas del 20%, en los últimos años han ganado visibilidad y protagonismo en la cadena láctea. Las mujeres se destacan por su liderazgo, compromiso con el medio ambiente, bienestar animal y su capacidad para adaptarse y aprender de forma autodidacta, consolidándose como agentes de cambio en el sector.
El nacimiento de un grupo transformador
El Grupo de Transferencia Tecnológica Mujeres en Acción fue creado en 2011 por Soledad Espíndola, asesora en nutrición animal en Colun, quien impulsó la inclusión de mujeres en los Grupos de Transferencia Tecnológica (GTT) promovidos por el gobierno en los centros del INIA.
En una región predominantemente liderada por hombres, Espíndola trabajó incansablemente para abrir espacios a las mujeres en el sector lácteo.
Inicialmente, el GTT estuvo conformado por 18 productoras de la región de Los Ríos con el objetivo de combatir el aislamiento, demostrar su capacidad, compartir experiencias y crecer juntas. Hoy, el grupo cuenta con 23 mujeres y está presidido por Karin Weber, productora de leche en Paillaco, quien recuerda: “Cuando comencé en el rubro había mucho machismo, pero hemos avanzado. La introducción de tecnología y conocimientos nos ha permitido ganar respeto y espacio en el sector.”
Aprendizaje y mejora continua
El grupo, coordinado por Sergio Iraira, realiza visitas técnicas mensuales y giras a las fincas de sus integrantes. Durante estas actividades, se analizan sistemas de producción, manejo, tecnología e innovaciones implementadas, concluyendo con críticas constructivas orientadas a fomentar mejoras. Según Weber, el grupo produce en promedio 12.000 litros por hectárea al año.
En esta ocasión, el GTT visitó el predio Futahuente, en la comuna de Río Bueno, propiedad de la familia Heinsohn Álvarez. Carol Álvarez, propietaria, relata cómo superaron dificultades financieras y lograron consolidar su proyecto: “Empezamos desde abajo, pero con trabajo y estabilidad hemos salido adelante.”



Innovación y sostenibilidad en Futahuente
Con una superficie total de 216 hectáreas, de las cuales 100 son útiles, el predio cuenta con una plataforma lechera de 82 hectáreas y 18 hectáreas para la recría. Su rebaño de 160 vacas en ordeño produce 6.000 litros por lactancia.
Inicialmente, trabajaron en la mejora genética, introduciendo razas como Jersey, aunque posteriormente optaron por Holstein americano y, actualmente, están seleccionando Holstein holandés e irlandés para lograr un rebaño homogéneo. La alimentación se basa en praderas propias complementadas con cultivos como coles y raps forrajeros, además de ensilaje.
Florencia Heinsohn, médica veterinaria e hija de Carol, lidera el manejo de la crianza y la salud animal: “La crianza es el pie inicial, lo más importante de la cadena.” Florencia implementó diagnósticos de inmunidad y optimizó el uso de un alimentador automático, mejorando significativamente los resultados.
Tecnología: el camino hacia la alta producción
La incorporación de collares de monitoreo ha sido fundamental en Futahuente. Estos dispositivos miden rumia, ingesta, actividad y jadeo, permitiendo una supervisión individualizada. Según Florencia: “Estos collares son ideales para pequeños productores como nosotros, porque nos ayudan a mantener registros detallados y crecer.”
Actualmente, la familia se enfoca en mejorar la fertilización del suelo, construir una sala de ordeño centralizada y establecer caminos para optimizar su operación.



Conexión entre mujeres y tecnología
Durante la visita, MSD Salud Animal, representada por Pablo Varas y Sebastián Ríos, presentó innovaciones tecnológicas para mejorar la sostenibilidad y eficiencia en la producción láctea. Entre los temas discutidos estuvo la importancia del monitoreo animal para prevenir enfermedades, reducir días abiertos y mejorar la tasa de retención del rebaño.
Sebastián Ríos mostró cómo los collares de monitoreo ayudan a identificar problemas a tiempo: “El 90% de las pérdidas en producción se deben a la falta de monitoreo.” Además, presentó un dispositivo diseñado para el monitoreo desde la etapa de terneras, generando interés y debate entre las asistentes. El intercambio de experiencias en el GTT es otro pilar fundamental. Florencia concluye:
“Participar en el GTT ha sido enriquecedor. Compartimos conocimientos, fracasos y aprendizajes, algo poco común en este rubro. Todo lo aprendido lo aplicamos en el campo, logrando avanzar juntas”.