Publicaciones Infortambo
Un desafío inequívoco
La coccidiosis bovina se ha consolidado como un reto significativo en la ganadería. Sin embargo, en la actualidad, contamos con diversas herramientas para su prevención y control. Esta enfermedad es provocada por protozoos gastrointestinales del género Eimeria, conocidos comúnmente como coccidias. La prevalencia de la coccidiosis en rumiantes es notable, alcanzando hasta el 100% de los terneros en algunas explotaciones.
La manifestación de signos clínicos en un animal infectado depende de varios factores, entre los que se destacan:
• La dosis infectiva
• La patogenicidad de la especie implicada
• Factores de estrés concurrentes Esto implica que el impacto de la enfermedad puede ser menos perceptible de lo que realmente es. Los ooquistes de los coccidios son omnipresentes en el ambiente y altamente resistentes, lo que significa que, tarde o temprano, los terneros terminan infectados. En muchos casos, la infección por especies patógenas de Eimeria es prácticamente inevitable.
Impacto económico
El impacto económico de la coccidiosis es considerable. Las pérdidas relacionadas con los casos clínicos son evidentes, incluyendo muertes y costos de tratamiento. Sin embargo, las pérdidas ocasionadas por casos subclínicos son mucho más cuantiosas y suelen pasar desapercibidas, ya que se manifiestan en peores índices de conversión alimenticia debido a las lesiones intestinales causadas por el parásito. Además, los animales afectados son más susceptibles a infecciones secundarias y otras patologías. Por ejemplo, los terneros con coccidiosis tienen un riesgo 2,12 veces mayor de desarrollar neumonía.
Los coccidios son extremadamente prolíficos; un solo ooquiste esporulado puede dar lugar a la producción de hasta 23 millones de ooquistes. Esto resulta en una alta contaminación ambiental, favoreciendo la propagación de la enfermedad. Los animales dentro de un mismo grupo suelen estar expuestos a cargas similares de infección por Eimeria, así como a factores de manejo y estrés comunes. Por ende, toda la población se considera infectada, ya sea de forma clínica o subclínica. Por esta razón, se recomienda implementar medidas de control y tratamiento para todo el grupo afectado, no solo para aquellos que presenten signos clínicos.
Los animales adultos funcionan como reservorios de la enfermedad, liberando ooquistes al medio ambiente, mientras que los jóvenes son la principal fuente de diseminación, excretando millones de ooquistes. A partir del año, los animales desarrollan inmunidad y solo eliminan pequeñas cantidades. Sin embargo, las madres pueden aumentar la excreción de ooquistes durante el periodo de preparto, siendo así fuente de infección para los neonatos. Además, los ooquistes son increíblemente resistentes y pueden sobrevivir en el ambiente hasta un año.
Fisiopatología e inmunidad frente a la Coccidiosis
Los terneros de tres semanas a seis meses de edad son los más vulnerables a los efectos de esta enfermedad. Las especies E. bovis y E. zuernii provocan una grave destrucción del epitelio intestinal, lo que resulta en hemorragias y enteritis. Esto se traduce en diarrea hemorrágica y tenesmo. Por otro lado, E. alabamensis es moderadamente patógena y suele causar diarrea acuosa.
La inmunidad frente a Eimeria requiere la infección con una cantidad suficiente de ooquistes. Esta inmunidad protege contra las manifestaciones clínicas, pero no previene la replicación del parásito en caso de una nueva exposición. Además, como no hay protección cruzada entre especies, es posible que los animales padezcan la enfermedad más de una vez.
Diagnóstico de la Coccidiosis
Para diagnosticar la coccidiosis en rumiantes, es fundamental considerar:
• El historial de la explotación
• Los signos clínicos y la edad de los animales afectados
• La correcta interpretación de análisis coprológicos La sospecha de coccidiosis suele basarse en el historial de la explotación y los signos clínicos. La edad es un factor determinante, ya que los signos raramente se observan en animales menores de tres semanas debido al tiempo de prepatencia. Los signos clínicos incluyen:
• Diarrea (a veces hemorrágica)
• Anorexia
• Dolor abdominal
• Dificultad para defecar y prolapso rectal
• Deshidratación, depresión y palidez en las mucosas En casos poco frecuentes, los terneros pueden presentar una coccidiosis nerviosa de alta mortalidad, con síntomas como temblores musculares y convulsiones.
Análisis coprológico
Confirmar el diagnóstico requiere identificar la presencia de ooquistes de coccidios patógenos en las heces. En vacuno, un recuento superior a 5,000 ooquistes/g de heces, junto con signos clínicos, es un indicativo claro de coccidiosis. Dada la variabilidad en la excreción de ooquistes a lo largo del ciclo, es crucial tomar muestras en el momento adecuado, idealmente al inicio de la diarrea.
Control de la Coccidiosis
¡La prevención es fundamental para controlar la coccidiosis! Dado que la infección se transmite de forma fecal-oral, las estrategias de manejo que reduzcan la contaminación fecal del alimento y agua, combinadas con una buena higiene, disminuirán el riesgo de enfermedad.
Los desinfectantes basados en peróxidos, aminas, cresol o clorocresol son efectivos contra los ooquistes de Eimeria, aunque muchos de estos productos se inactivan en presencia de materia orgánica. Por lo tanto, la limpieza física previa es un requisito esencial para una desinfección efectiva, lo que puede ser complicado en algunas instalaciones. La exposición a la luz solar también ayuda a reducir la supervivencia de los ooquistes.
Debido a que pequeñas dosis infectivas pueden causar enfermedad, especialmente en especies altamente patogénicas, la administración puntual de tratamientos metafilácticos en grupos afectados puede ser recomendable para interrumpir el ciclo de replicación del parásito.
Opciones farmacológicas
Históricamente, se utilizaban tratamientos profilácticos para controlar coccidios. Sin embargo, las restricciones sobre el uso de antimicrobianos y la promoción del uso responsable de antibióticos nos llevan a dos enfoques actuales para combatir la coccidiosis:
• Metafiláctico
• Terapéutico
La metafilaxia es claramente el enfoque más aconsejable, ya que el tratamiento terapéutico no controla las infecciones subclínicas y suele ser tardío en los casos clínicos. El objetivo del tratamiento metafiláctico es controlar el impacto del parásito en el grupo tras el diagnóstico de la enfermedad en el rebaño.
Los compuestos derivados de triazinas, como el toltrazurilo, actúan en múltiples fases del ciclo de replicación de los coccidios, interfiriendo con procesos vitales de Eimeria spp. Una dosis única administrada en el momento adecuado, generalmente una semana antes de un brote esperado de coccidiosis, puede controlar la enfermedad de manera eficaz. Si el periodo de riesgo se extiende, puede ser necesario un segundo tratamiento.
Dado que es imposible eliminar completamente los ooquistes del ambiente, un enfoque multimodal que combine buenas prácticas zootécnicas con tratamientos metafilácticos puntuales es una estrategia práctica y eficaz para controlar la coccidiosis.
¡ACTÚA AHORA!
La coccidiosis puede tener un impacto devastador si no se controla a tiempo. Con un manejo adecuado y atención a los síntomas, puedes proteger la salud de tu hato y asegurar el éxito de tu lechería.