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El viaje de una familia hacia la automatización
Llegamos hasta el sector de Traiguén, en la comuna de La Unión, para visitar el fundo Rofuco, propiedad de la familia Schilling. Nos recibieron Fernando Schilling (Técnico Mecánico) y su hijo Juan Ignacio Schilling (Ingeniero Agrícola), quienes nos contaron cómo han logrado persistir en el negocio de la lechería de la mano de la tecnología.
Historia y relevo
El negocio familiar se remonta al año 1971, cuando el padre de don Fernando compró el fundo Rofuco para dedicarse a la lechería. En aquel entonces, tenían un rebaño de doble propósito y un sistema rudimentario, pero que lograba buenos resultados.
Posteriormente, en 1984, tras el fallecimiento de su padre, Fernando Schilling se vio en la obligación de tomar el mando del campo. Desde ese entonces, se dedicó a modificar las instalaciones según los requerimientos productivos. Iniciaron con una sala de ordeña tipo pozo de 4 unidades, que luego ampliaron a 10. En 1996, lograron adquirir un equipo nuevo, lo que les permitió mayor fluidez en la ordeña.
“El campo es una pasión, fui aprendiendo con mi padre, asesorándome. Después, con la experiencia, te llenas de conocimientos para la toma de decisiones”, cuenta Fernando Schilling. “Mi hijo estudió para Ingeniero Agrícola, lo que me hizo pensar en proyectarnos en la lechería”, añade.
Juan Ignacio Schilling se incorporó formalmente al campo hace alrededor de 5 años, aunque siempre estuvo ligado a las labores del fundo. Juntos, padre e hijo han logrado combinar experiencia y tecnología, lo que ha mejorado sus resultados y optimizado las labores.
Genética y reproducción
Enfocado en los sólidos y las condiciones del mercado, Fernando Schilling introdujo genética Holstein Americano hasta lograr un rebaño homogéneo. Actualmente, están incorporando genética Frisón Holandés para reducir la altura del ganado. La reproducción se realiza mediante inseminación artificial, utilizando semen sexado en las vaquillas y vacas con buenas condiciones reproductivas. Las vaquillas se encastan a los 15 meses, alcanzando los 350 kilos. Hace un año, decidieron criar solo hembras, para evitar problemas de hacinamiento y enfocarse en mejorar la recría, ya que son el futuro de su lechería.
FUNDO ROFUCO EN CIFRAS
Área total: 150 ha
Área de producción: 140 ha (85 ha de pastoreo)
Total de vacas en producción: 230
Vaquillas preñadas: 48
Vaquillas en encaste: 56
Terneras: 53
Litros/vaca/día: 25-26
Litros/año: 1.900.000
Colaboradores: 8


Crianza
Con partos estacionales en otoño y primavera, realizan una crianza de alrededor de 70 días en ternerera. Las terneras reciben calostro de su madre y luego son alimentadas con sustituto lácteo, 4 litros al día. Desde el primer día tienen disponible concentrado para estimular el desarrollo ruminal y cuentan con un taximilk. El destete se realiza al duplicar su peso de nacimiento, momento en el cual se aplican vacunas, desparasitaciones y vitaminas, asesorados por un médico veterinario.
“En la crianza no se pueden abaratar costos, es el momento de comenzar sólidos, ya que las terneras serán las futuras productoras de la lechería”, comenta Juan Ignacio Schilling.
Alimentación
Utilizan un sistema de alimentación mixto, dando prioridad a las praderas. Sin embargo, en invierno realizan estabulación por 1 o 2 meses, dependiendo de las condiciones climáticas. Cuentan con un patio de alimentación donde las vacas reciben su TMR, y con el sistema robótico, proporcionan concentrado según la producción y los parámetros del software que controla las necesidades específicas de las vacas.
Para elaborar la TMR, se asesoran por la empresa Sano, y ajustan las mezclas según la época del año y las necesidades del ganado. Las praderas, compuestas por variedades perennes y bianuales, son la prioridad y se fertilizan con base en análisis de suelo. También cultivan maíz bajo riego, con 40 hectáreas bajo el sistema K-line y 25 hectáreas con riego por carrete. Además, han implementado asesoría agronómica para llevar registros detallados de las praderas y realizan mediciones de materia seca para formular raciones de manera más precisa.
“En el sistema robotizado es fundamental saber cuánta pradera dar, ya que es un tráfico libre. Si damos mucho, las vacas no vienen a ordeñarse, y si damos poco, vienen muy seguido”, explica Fernando Schilling.


Registros y bienestar animal
“Los registros son fundamentales, nos ayudan a la toma de decisiones a futuro. Mi papá trabajaba al ojo, y nosotros comenzamos con registros manuales. Ahora, estamos estableciendo registros precisos al instante mediante la tecnología”, comenta Fernando Schilling.
“Nos dimos cuenta de que nos faltaban muchos datos. Es algo que toma tiempo y hay que ser muy ordenado”, añade Juan Ignacio Schilling. Utilizan el software Lely Horizon el cual les permitemonitorear producción, salud, reproducción y recibir alarmas de emergencia de manera remota. Juan Ignacio se encarga de llevar el seguimiento de los registros y delegar las labores necesarias.
El bienestar animal ha sido siempre una prioridad para la familia Schilling, y la incorporación del sistema robotizado se hizo con ese objetivo en mente. Su meta es certificarse en bienestar animal. “A tan solo un mes de la transición a la automatización, hemos visto mejoras significativas en las cojeras y el bienestar de las vacas, que están mucho más tranquilas”, comenta Juan Ignacio Schilling.



“ME HICE CARGO DE UNA LECHERÍA RUDIMENTARIA Y VER CÓMO ESTAMOS AHORA LO CONSIDERO UN LOGRO. LA SUERTE DE QUE A MI HIJO LE GUSTARA EL RUBRO ME MANTUVO MOTIVADO”, CONCLUYE FERNANDO SCHILLING.
Tecnología
El hecho de que su hijo estudiara Ingeniería Agrícola motivó a Fernando a proyectarse en el rubro. La lechería les quedó pequeña, por lo que decidieron evaluar qué sistema les convenía más. Ante la escasez de mano de obra y la alta demanda de las labores del campo, optaron por la automatización.
“Mi foco siempre fue el campo. Es importante introducir tecnología poco a poco. El apoyo de mi papá, al creer en ella y adaptarse a los resultados, ha sido fundamental. Me motiva a seguir introduciendo tecnología para que mi hijo continúe en el rubro, y cada vez sea más automatizado”, dice Juan Ignacio Schilling.
Han incorporado tecnología paulatinamente, incluyendo un Milktaxi para suministrar leche a los terneros, collares para facilitar la reproducción, riego tecnificado, software para el registro de datos y, recientemente, la adquisición de 4 robots de ordeño Lely Astronaut.
Transición
El fundo Rofuco lleva un mes en proceso de transición a la automatización y ya se ven los beneficios. “Pensamos que nos costaría más, pero las vacas aprendieron rápido. Se les realizó un entrenamiento previo y la adaptación no nos llevó más de 5 días. Estamos con paciencia para adaptar nuestro sistema al 100%, pero estamos contentos”, explica Juan Ignacio. “La clave es confiar en el sistema”, agrega. Don Fernando menciona que nunca pensó que terminarían en un sistema automatizado, pero que los potreros resultaron compatibles con esta tecnología. Solo tuvieron que descartar dos vacas por mala conformación de pezones, ya que el robot se adaptó a las demás sin problemas.