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Desarrollo de las terneras
La crianza exitosa de la ternera requiere de la mitigación de factores de riesgo que puedan desencadenar enfermedades y afectar su rendimiento productivo. Implementar estrategias integrales de manejo nutricional, sanitario, ambiental y de bienestar animal es esencial para garantizar su supervivencia y un desarrollo óptimo. En este artículo, exploraremos a fondo el manejo del calostro y de la alimentación líquida durante esta etapa crítica.
Inmediatamente después del nacimiento, la inmunidad de las terneras depende únicamente de la inmunidad pasiva adquirida a través de las inmunoglobulinas presentes en el calostro y por lo tanto, estas defensas dependerán directamente de la calidad y también de la cantidad que la ternera sea capaz de ingerir durante las primeras horas de vida. Sin embargo, el consumo adecuado de calostro y leche no exime al animal de estar expuesto a otros riesgos relacionados con los mismos. Se sabe que tanto en la leche fresca como en el calostro se pueden encontrar diferentes agentes patógenos tales como Mycobacterium avium spp., Salmonella, Escherichia coli o Listeria, responsables de la transmisión de graves enfermedades que comprometen la salud y la vida del animal, y que acaban afectando negativamente a la rentabilidad de la granja. Varios estudios han tratado de analizar posibles factores de riesgo durante la etapa postnatal mediante encuestas y demuestran cómo la mala calidad y la contaminación bacteriana del calostro son determinantes para el estado sanitario de la granja. Además, los efectos negativos pueden arrastrarse a largo plazo, como se evidenció en el estudio de Hadgu y otros (2021), en el que se observó que la presentación de problemas de salud en los animales en etapas adultas se correlacionaba con el estado de salud de los mismos animales cuando eran terneros.
A pesar de ello, se pueden tomar medidas que controlen la presencia y proliferación de estos patógenos y reduzcan el riesgo de contraer enfermedades, siendo una de ellas la pasteurización del calostro y de la leche. La pasteurización es un proceso que consiste en aumentar la temperatura de la leche o el calostro a un nivel crítico para la supervivencia de estos microorganismos. Tener en cuenta que para lograr una pasteurización exitosa hay que partir de cargas bacterianas controladas. Leches de descarte con altos niveles de UFC y con residuos de antibióticos no son pasteurizables. La pasteurización no elimina la mayoría de los virus ni destruye antibióticos. La investigación sobre este tema ha mostrado cómo en aquellos hatos donde los terneros se alimentan con calostro y leche pasteurizados se disminuye significativamente la morbilidad en un 30% y la mortalidad hasta en un 40%, en comparación con aquellos donde los terneros fueron alimentados con leche cruda. Además, no solo el estatus sanitario se ve beneficiado por este método, sino que también mejoran las ganancias de peso de los animales.
Con esto en mente, además de que estamos mejorando la inocuidad del calostro y de la leche, también es muy importante proporcionar a las terneras una dieta equilibrada que cumpla con sus necesidades nutricionales. Y es que una nutrición adecuada ayuda a la vez a mantener el sistema inmunológico saludable y le permite al animal hacer frente a las diferentes enfermedades. En este sentido, si bien parece simple, el control microbiológico mediante la pasteurización no es un proceso fácil. Una buena pasteurización requiere para empezar, una leche fresca de calidad y un equipo funcionando correctamente (temperaturas y tiempo). Para mayor seguridad, la estrategia que podemos seguir es recurrir a un buen sustituto lácteo. Este no solo estará libre de patógenos, sino que también estará formulado específicamente para satisfacer los requerimientos nutricionales de las terneras, ya que han de contener proteínas de buena calidad y altamente digestibles, junto con vitaminas y minerales esenciales, así como componentes activos que potencien el sistema inmune y mejoren la salud intestinal para una mejor absorción de nutrientes.
En definitiva, la reducción significativa de la incidencia de enfermedades en las terneras empieza desde que nacen y requiere de la adopción de estrategias activas de manejo y utilización de alimentos inocuos de manera sostenida con el fin de promover el bienestar general de nuestros animales.
