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Vacas cojas, la mastitis del 2022
Hablando estrictamente desde el punto de vista veterinario o de la salud del animal, históricamente dos problemas concentraron casi toda nuestra atención: la mastitis y los problemas reproductivos. Por lo cual muchos médicos veterinarios se formaron, y sobre todo especializaron, para poder mejorar los índices reproductivos y controlar los casos de mastitis. Hoy en día todos los fundos tienen una rutina de ordeño muy detallada y un plan de control de mastitis, con protocolos bien establecidos y profesionales dedicados exclusivamente. Lo mismo pasa con la reproducción, donde mejorar las tasas de preñez es un objetivo muy claro con veterinarios encargados de las revisaciones ginecológicas. Estos dos puntos llevan años de trabajo, perfeccionamiento y nadie duda de la necesidad de su trabajo en la temática.

La tercera pata olvidada
Pero una tercera pata en la salud animal y que siempre ha sido subvalorada consiste en las afecciones podales. En la actualidad, y siempre generalizando, toda vaca coja, es una vaca con pietín. Este término muy difundido esconde un grave problema: al englobar o generar una sinonimia entre coja y presencia de pietín sucede que lo primero que se suele hacer es inyectarle un antibiótico sistémico.
Al hacer referencia a los problemas podales como la “mastitis del 2022” quiero significar que ya no podemos seguir llamando “vaca con pietín” a toda aquella que tenga una cojera, que en esta época de especialización no hay que generalizar tratamientos y menos hacer un abuso de los antibióticos inyectables “por si las dudas”. Si mi diagnóstico es pietín y en realidad la vaca pisó un clavo, alambre o espina de un árbol y le indico un antibiótico inyectable, en vez de revisarla en el potro, desvasarla y darle un tratamiento adecuado local, es altamente probable que el cuadro empeore y la vaca pierda chances de recuperarse.
Un tema no menor también es entender que muchas veces se presta atención a la vaca que directamente no apoya el miembro afectado como para decir que está coja, existiendo distintos grados de afectación (Score de Locomoción). Hay que mirar cómo caminan las vacas y detectar las cojas de manera precoz.
En diversas investigaciones a campo, sobre todo en Europa, se concluyó que el productor llega a ver el 25% de las vacas cojas, o sea: una de cada cuatro vacas comprometidas.
USTED SABIA…?
Un plan integral de control de afecciones podales menos del uno por ciento de la liquidación mensual del fundo. Del 22% actual de vacas cojas deberíamos poder pasar a menos del 5%.
¿Qué pasa si tengo vacas cojas?
Es primordial entender que las patologías podales son las más dolorosas que sufre el bovino y afectan directamente a su bienestar.
Sabemos que el tener una vaca coja conlleva a una serie de problemas concatenados que afectan directamente a la economía del fundo. En primer lugar, lo más notable es que una vaca con esta afección no se desplaza lo suficientemente bien como para ir a buscar su alimento, y si el dolor es muy fuerte directamente permanecerá echada la mayoría del tiempo para evitar pisar. Consecuentemente si no come o baja su consumo, la producción va a disminuir sustancialmente. Lo mismo sucede con su score de condición corporal, y por lo tanto comprometiendo su normal ciclicidad ovárica. Al estar dolorida su manifestación de celo se encuentra alterada y por lo tanto su detección se verá disminuida.
En el caso de que la vaca se encuentre ya preñada hay otro riesgo: a causa del dolor se produce la liberación endógena de prostaglandinas, lo cual actúa directamente sobre el cuerpo lúteo del ovario, pudiendo causarle la pérdida del mismo. Muchas veces vemos vacas cojas inseminadas que son repetidoras de celo y en realidad esconden una reabsorción embrionaria a causa de la cojera.
Además, al permanecer mucho tiempo echada, la ubre queda expuesta a agentes presentes en el suelo, sobre todo si hay barro o bosta, aumentando el riesgo de contraer mastitis. Cuando la vaca está muy dolorida se echa inmediatamente después del ordeño aumentando sus chances de enfermar su ubre ya que el esfínter del pezón todavía no cerró completamente.
La mayoría de los eventos de vaca coja ocurren durante los primeros dos meses de lactancia, lo cual no permite que las vacas expresen todo su potencial productivo en el momento en el cual deben llegar al pico de producción.
A las causas mencionadas anteriormente tenemos que mencionar una no menos importante, y es lo que respecta al arreo, hacia y desde el corral de ordeño, ya que este se torna lento y dificultoso, pudiendo alterar la rutina de todo el establecimiento. Es bueno ponerse en la piel de los animales para lograr darle soluciones.


Perdidas en litros y por refugo
Hoy en día se sabe que las afecciones podales tienen una implicancia económica muy importante, hay diversos estudios realizados (Guard, 2001; Chat, 2010) indican perdidas de entre 120 y 350 dólares por evento de vaca coja durante la lactancia. Si bien estas investigaciones fueron realizadas en Estados Unidos y Europa, estos valores tranquilamente podrían trasladarse a nuestro país.
Bruno Rutter, un pionero en Argentina en trabajar sobre las patologías podales en ganado bovino realizó un excelente resumen bibliográfico de las pérdidas tanto en dinero como en producción (Cuadro 1). A modo de resumen, la mayoría de los artículos expresan que las pérdidas rondan entre 1 y 2 kg de leche por día durante una lactancia de 305 días. Podemos entonces concluir que es alrededor de un 10% de la leche de una lactancia para una vaca promedio en Argentina.
Como corolario de las pérdidas económicas y tal vez sean las más notorias por el productor, son las vacas que se mandan a feria conocidas también como “Rechazo Patas” que es el momento en que debe reemplazarlas con la compra de vaquillonas generando una inversión siempre importante. Tengamos en cuenta que hoy en día se manejan valores superiores a 7.000 litros de leche por vaquillona y la pérdida es más importante si la vaca refugada es de primera o segunda lactancia, lo cual es muy frecuente.
Rutinas de prevención
En medio de esta lucha por ser más eficientes y dejar menos asuntos “librados al azar” es indispensable disminuir la cantidad de vacas con problemas podales. De este 22% actual de vacas cojas deberíamos poder pasar a menos del 5%. Para lograr esto se necesita mayor capacitación tanto a los futuros podólogos como así también en los fundos, para que la problemática tome la importancia que tiene.
Es necesario generar rutinas de trabajo terapéuticas, pero sobre todo una serie de medidas preventivas para disminuir el número de animales que paren y comienzan la lactancia con problemas locomotores. Los fundos deberán incorporar planes de acción y de prevención –como los que ya existen para las mastitis– y realizar las tareas de manera rutinaria y no cuando las “papas queman”.En referencia a tener planes preventivos hablo de desvasados programados, correcto empleo del pediluvio, registro de la información en el software de gestión de cada fundo, control de las pezuñas en todas las categorías, detección temprana de las vacas con problemas –y no esperar hasta que ya no pueda apoyar el miembro afectado–, entre otras medidas.
A modo de ejemplo práctico y comparativo: hoy en día se emplea el sellado de pezones post ordeño a todas las vacas y no aplico sellador a las vacas que tienen mastitis o altos recuentos de células somáticas.
Exactamente lo mismo sucede con el empleo del pediluvio, debo pasar todas las vacas de manera preventiva y de manera rutinaria las veces que indique el profesional. Con esto disminuirán la aparición de nuevos casos de dermatitis digital en el rodeo.
Acompañado de todo esto último vendrán las herramientas adecuadas para que la podología sea realizada correctamente, de manera veloz y con más seguridad tanto para los animales como para los podólogos. Con la posibilidad de realizar los tratamientos con los elementos fabricados para tal fin y no con adaptaciones con las cuales no se obtienen los mejores resultados.
El problema existe, son muchas las cojas y es enorme su pérdida económica. Hay que mirar las pezuñas, evaluar su estado, incorporar estrategias y sumarlas a la rutina del fundo si queremos que, dentro de diez o quince años, sea un problema menor o, al menos, controlado. Tengamos en cuenta que tener un plan integral de control de afecciones podales representa menos del 1% de la liquidación mensual del fundo.