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Recetas para un presente y futuro estable
Si no es un remolino, por lo menos es una montaña rusa en la cual todo sube. Y eso lo tiene clarísimo el empresario lechero, que si bien está en un ciclo de buenos precios –hasta ahora- por su producto, sabe en carne propia que los insumos también han subido. Y mucho.
Sea pastoril o sea intensivo, los precios de los forrajes golpean fuerte al bolsillo. Quienes han tenido que soportar sequías en los últimos meses y una entrada a un invierno incierta, tienen que hacer un desembolso bien contundente en el ítem alimentos.
Para el investigador y académico de la escuela de Medicina Veterinaria Texas Tech, el Dr. Pedro Meléndez, evitar las pérdidas económicas en un momento de precios elevados de los insumos requiere una visión más amplia que sólo preocuparse en estos momentos críticos. Trabajar siempre en la mejor alimentación, fijándose en los costos y evitando las mermas forma parte de la ecuación propuesta. Todo suma: su charla lo demuestra al presentar detalles que no pueden ser olvidados.
“¿Por qué hacerlo sólo cuando los insumos están caros? Tiene que ser en cualquier momento, integrando un manejo eficiente, evitar pérdidas involuntarias y voluntarias, siempre con consistencia. La producción de leche de calidad y preñar a las vacas requiere nutrición, época del año, ambiente, genética, enfermedades y los recursos humanos. Desde ese punto, el cow comfort (confort de las vacas) es un tema importante y quien no lo entienda, que mejor no produzca. Por ejemplo, no se saca nada con dar aminoacidos protegidos, si no hay un rumen sano”, apunta el Dr. Meléndez. En vacas de alta producción, independiente si hay pastoreo o estabulado, hay una mayor pérdida de condición corporal, junto a una mayor incidencia de problemas clínicos, metabólicos y habrá efecto en la fertilidad.
Destaca que el período de transición es el más importante en la vida productiva. Y el consejo está en evitar los desórdenes de postparto, por ejemplo, hipocalcemia, hipomagnesemia, “enfocarse en el preparto, que determinará los primeros 10 días y es ahí donde parte la lactancia”.
Para una visión de eficiencia predial, recordó que animales con enfermedades van a tener menor fertilidad. “Si no se preñan, no es culpa del inseminador. La memoria es frágil, ¡hay que tener un parto sano! Ahí comienza todo. Para eso, se requiere monitorear todos los períodos”. La transición presenta desafíos físicos, metabólicos, inmunológicos y hormonales. Y el ejemplo es muy gráfico. Dentro de la vaca hay un feto creciendo, disminuye el consumo de alimento, se genera más demanda de glucosa, se moviliza grasa y hay más necesidades de calcio. El preparto no es inerte, es muy activo y por eso presenta desafíos como enfrentar adecuadamente el balance energético negativo, en el cual la vaca moviliza grasa para cubrir sus requerimientos; además de estar atento a la inmunosupresión que presenta el animal.
“Hay que trabajar bien: las enfermedades tienen un costo alto. Por ejemplo, una mastitis, puede costar 426 dólares, mientras que una cojera puede costar 330 dólares y un desplazamiento abomaso, 639 dólares”.
La vaca en peak va a comer la mitad de lo que puede comer y recurre a reservas corporales. Por eso hay que estar atento a que la vaca coma más antes del parto, ya que eso permitirá mejorar el consumo post-parto. Ojalá debiera estar en una condición corporal de 3,5 y que no esté obesa. Si esto no se logra, puede haber futuras cetosis e infertilidad.
Meléndez destaca que siempre se debe velar por entregar alimentos de buena calidad, organoléptica, calidad nutricional y que tengan un buen manejo, que esté sometido a un muestreo rutinario. También se debe alimentar de acuerdo a lo recomendado –que efectivamente sea así y no quede a criterio libre- y que se entregue en la hora adecuada, siempre buscando minimizar las pérdidas de stocks.
Cada kilo de alimento cuenta y cuesta. Por eso, tienen que estar bien almacenados y evitar la contaminación por hongos y micotoxinas, que pueden afectar al hígado, riñones, sistema nervioso, tracto reproductivo. Entre ellas están las aflatoxinas, fumonisinas y tricotecenos.
En alimentos altamente contaminados con micotoxinas, el uso de secuestrantes puede ayudar, pero a veces puede ser combatir sólo un porcentaje del total. La calidad del alimento parte en el campo. Por ejemplo, cuando un ensilaje queda mal hecho pueden proliferar las levaduras. En silos con más de 100 mil UFC, ya empiezan a afecta, por eso Meléndez recomienda comenzar a medirlas.
Calidad
Existe un parámetro que es la calidad intrínseca del alimento que se está entregando. Incluye indicadores como el almidón, NDF, digestibilidad, proteína, variedad, dosis de siembra, suelo, fertilización, riego, momento de cosecha, picado y craqueado del grano en el caso del maíz.
En un ensilaje de maíz, es deseable que más del 95% del grano esté craqueado. Un 70 a 75% del almidón del ensilajes debe pasar a través de malla de 4,75 mm de diámetro, indicador que es el score de almidón.
Conocer el alimento es vital. Por eso se recomienda analizar la digestibilidad, como también hacer análisis de campo en el ensilaje a través de la medición de pH, temperatura, densidad de compactación y el uso de malla Pennsylvania.
Se recomienda comparar temperatura de la cara expuesta versus cara interna, esa diferencia puede significar mala calidad o inestabilidad, esto es, que ha entrado oxígeno. “Zonas calientes afectan consumo y, si la vaca no come, la historia no tiene buen futuro”.
Otro tip planteado por Meléndez es medir la densidad de compactación, para evitar que entre oxígeno al silo. El objetivo de compactación debiera ser de 230 a 260 kilos ms /m3.
El pH del silo debiera ser de 3,7- 4,2. El calentamiento es perjudicial: los focos calientes provocan perdida económica, una menor calidad nutritiva, menos consumo materia seca, contaminación con hongos y micotoxinas.
La velocidad de consumo del silo impacta. La recomendación es que sea de unos 20 a 30 cm diarios, lo cual sirve para calcular el ancho del silo. “Ese ancho ayuda a evitar exponer más superficie de la cara y, por ende, más al oxígeno y finalmente, menos leche”, resume.
Un ensilaje alto en almidón puede ahorrar mucho dinero. Más almidón y más digestibilidad se relaciona con más producción de leche. “Medir almidón en fecas ayuda a saber cuánto se pierde, no debiera ser más de un 3%. Si no, a revisar: impacta mucho”.
Para el monitoreo, recomienda tomar muestras del silo, de lo que se acumula para el día en una pila, se toma varias submuestras. “Existe variación verdadera en los alimentos: dependerá de los diferentes potreros, estado de planta, una forma es muestrear repetidamente a través del tiempo, no tomar decisiones apresuradas. Marcar muy bien y evidenciar los cambios de potrero donde se ensiló. Tomar buenas muestras, técnicas y promediar resultados, siempre con constancia en la toma de las muestras”.
Ligado a unas líneas más atrás, Pedro Meléndez fue claro. “Hay que alimentar lo recomendado y no olvidar que en el campo hay 4 dietas: la que se formula; la que se prepara; la que se entrega; y, la que come. Siempre deben ser la misma: no sólo que el nutricionista se preocupe de formularla”.
Otras medidas recomendadas son no basarse en analisis de TMR para ver los minerales. Asegurar siempre el acceso a comida fresca y que se arrime varias veces al día, con un comedero siempre con comida, distribuida en forma uniforme. “A la vaca siempre hay que darle la posibilidad de tener alimento”, destacó.
Al igual que en el ser humano, hay que respetar la hora de la comida y siempre debe haber comida fresca despues de la ordeña, con entrega rápida. No olvidar el espacio del comedero y la densidad animal, en que se recomienda 85% densidad animal en preparto y postparo. Y, al cerrar, como la idea es ser hábil en el manejo de los alimentos, que son la parte más importante de la estructura de los costos, aconsejó fijarse muy bien en los stocks y su manejo; mantener pueden buenos sistemas de almacenamiento y considerar, por ejemplo, control de plagas. También preocuparse de las mezclas; preocuparse del recurso humano en el predio; pesar el residuo diario, que es la única forma de medir el consumo de materia seca en forma diaria. No olvidar que, si se usa carro forrajero, incluya romana.
“Trabajar en forma precisa nos ayuda a medir la eficiencia de conversión alimenticia. Se puede incrementar la producción de leche con el mismo consumo de materia seca. La eficiencia de conversion alimenticia permite conocer los forrajes y su calidad; el estado de la lactancia y los requerimientos de mantención, como los números de las lactancias, los aditivos y confort de la vaca”.
“Hay que medir el ingreso por sobre los costos de alimentación, como también cuánto queda por margen, que resultará de combinar el costo de producción de litros versus el margen por los litros”.
REVIVE SU PRESENTACIÓN
Puede volver a escuchar esta charla aquí: https://innovaragro.com/nuestros-eventos/sel/latam/05-2021/