Empresariales

Un sueño cumplido

Desde lo alto del campo, cada vez que comenzaba su jornada, Don Enrique miraba Folilco y soñaba en lo que quería convertirlo. Pasaron muchos años hasta que el paisaje cambió. Y lo hizo con una vuelta de ‘timón’ productiva y con la especialización enfocada en producción de leche.

Ver la nueva sala e instalaciones desde el cerro, asombra. Lo hace porque está ubicada en una parte clave del campo, con una belleza escénica que impacta. Y para este productor, el sueño cumplido tiene un agregado importante: Lo está haciendo apoyado por sus 3 hijos.

La nueva sala de ordeña es la oportunidad para conocer a Enrique Hott, quien siempre se dedicó a la crianza y engorda de ganado, acompañada de siembra de cultivos como cereales y una pequeña lechería, que contribuía a la caja mensual. Desde 1981 está trabajando en el campo, cuando egresó de la escuela agrícola. Hubo que limpiar mucho y ordenar hasta tener a Folilco, ubicado en Río Bueno (Región de Los Ríos), como lo conocimos: bien apotrerado, con praderas productivas y buenos caminos. Hace unos 3 años, cuenta, invitó a su hijo Santiago a acompañarlo en este proyecto con sello familiar. Su hijo trabajaba en venta de maquinaria agrícola y decidió sumarse a la empresa.

“Vimos que los márgenes eran muy chicos, teníamos crianza, engorda, un poco de siembra y un par de vacas”, recuerda. Enrique trabajaba en distintos rubros, pero una cosa era cierta: la caja se iba estrechando en esas áreas. Sin embargo, la decisión de acelerar a fondo y especializarse en producción de leche fue inevitable y, como lo cuenta, cumplió ese objetivo, “tuve la suerte de entrar a COLUN hace 8 años. Empezamos muy chiquitos y decidimos: O agrandamos la crianza o nos vamos a la leche decididamente. Tirando lápiz, nos fuimos a la leche, pese a que íbamos a tener que invertir más en infraestructura, porque para hacerlo rentable teníamos que tener como mínimo a las 600 vacas en ordeña”, recuerda.

Las praderas estaban, la fertilidad del suelo, también, al igual que los callejones; ¿qué faltaba? Una sala de ordeña y el patio de espera, entonces se trataba de especializarse o especializarse, “si queríamos tener proyecciones de surgir, teníamos que hacerlo. Siempre tuvimos vacas incluso de carne, hoy ya no hay. Nos fuimos completamente a la lechería, solo tenemos hembras. La crianza la pudimos llevar a una parcela que tenía en Casa de Lata, la cual pude ampliar con una compra de 50 hectáreas al lado”.

Cambios positivos

El predio de Río Bueno tiene 430 hectáreas, de las cuales hay alrededor de unas 370 hectáreas de praderas, con mucho trabajo y empeño. Se sumó infraestructura de caminos nueva, para que al llegar a las 800 vacas en ordeña, la totalidad del campo esté orientada a lechería.

La nueva sala, inaugurada en abril, se hizo “crecedora”. Partió como un proyecto para 20 puestos, pero decidió hacerla en grande con 30 puestos. Próximamente comenzarán con el patio de alimentación, “tenía un poco de miedo al cambio, porque se produce un estrés en las vacas al pasar a otra sala. Sin embargo, el resultado fue impactante: Pasamos de 4 horas a 2 horas por cada ordeña y vemos a nuestros ordeñadores, con caras felices, con los equipos funcionando, lavándose solos. Ahora hay que seguir con el patio de alimentación”, resume.

Esta temporada continuará con 100 hectáreas de siembra de cereales, ya que desde ella obtiene la paja que entregará la fibra para la producción de leche. En vez de comprarla, la sigue produciendo en el campo, con el proyecto de arrendar un campo para producir los granos para la lechería, “nos gustaría tener el equipo para procesarlo y entregarlo en sala. Probablemente traeremos maíz o lo que se requiera para la ración, sobre todo en invierno, ya que este sector es bastante helado”.

Con marca familiar

Enrique está contento, ya que está cumpliendo el anhelo de trabajar con sus hijos en el rubro que más les gusta y que siempre quiso. Santiago es técnico agrícola de INACAP y participa en la administración general del campo, en la operación del día a día. Joaquín, quien es arquitecto, combina su profesión con el apoyo al campo en la parte computacional. Su hija Sofía, quien es profesora, también apoya en administración y finanzas. Parte vital en la vida y el proceso que ha llevado adelante en Folilco la constituye su esposa, Jacqueline Duncan, quien lo ha impulsado en cada uno de los proyectos que ha emprendido, lo que para Enrique ha sido un gran apoyo, “he tenido mucha suerte. Me llevo muy bien con mis hijos y para mí hoy es un agrado salir al campo, a disfrutarlo y a pasear. Hoy nos sentamos y analizamos juntos, lo que disfruto mucho. Fueron muchos años de sacrificio y por años vivía solo acá en el campo y mi familia en Osorno”, recuerda.

Sus hijos están entusiasmados y Enrique está muy satisfecho de hacerlos participar en esta proyección del predio, aprovechando la experiencia con el aporte de cada uno. Su decisión, al igual que lo hizo su padre con él, es involucrarlos y a trabajar en una empresa familiar. La visión está muy clara, “aquí se ha notado mucho la ayuda de ellos, quienes vienen con otra visión. A veces uno no lo ve y no me cierro a lo que dicen. Uno no lo sabe todo, tiene que tener confianza en lo que ellos dicen”, explica.

Santiago está muy contento con la oportunidad de participar, aprovechando su experiencia y visión del tema, donde ha aportado en el cambio tecnológico, “es una alegría trabajar con mi papá. Antes vendía maquinaria agrícola y tuve la oportunidad de conocer gente, otras realidades productivas, otros campos, iba mirando, viendo ideas con el sueño de aplicarlas. Cuando comenzamos a trabajar, esa experiencia me sirvió. Lo que más rescato es que las ideas y cambios son productivos y eso da mucha satisfacción al ver cómo se hacen realidad en Folilco”.

Sistema de producción

Como lechería, Folilco tiene casi 600 vacas masa. Ahora entran 90 vaquillas a producción. El año pasado llegaron a 2.300.000 litros y esta temporada se llegará a 2.500.000, “así como vamos creo que lo vamos a superar, porque vamos con un 35% más de producción. Tenemos que trabajar harto en la parte genética”, asegura Enrique.

El rebaño de Folilco partió con vacas crianceras para la engorda, con una base montbeliarde. Ahora están pasando a la genética Frisón Irlandés, para bajar un poco la estatura, “todas nuestras vaquillas, ya tienen una renovación fuerte en genética, las estamos inseminando con semen sexado para avanzar rápidamente hacia las 800 vacas masa, que es la meta”, dice. La producción de sólidos ha ido en crecimiento, actualmente con 4,6 de grasa y 3,7 de proteína, con un promedio de 8,3, “por eso es que nos preocupamos mucho de la fibra, ya que impacta en los sólidos y estamos viendo las raciones que van necesitando las vacas. Hemos notado los cambios, lo que vimos cuando compramos el carro mezclador, en que la vaca consume todo”. Hoy lo entregan en comederos en potreros, unas 8 vacas por comedero, pero la idea es que lo consuman en el próximo patio de alimentación. Agradecen el rol del médico veterinario Sergio Monsalve, a quien reconocen como impulsor de este cambio productivo, explican.

Tecnología

Hacer el cambio tecnológico y la especialización partió como una idea conversada por Enrique con Luis Haase. Primero, con una sala de 20 unidades. Pero el proyecto creció, se rediseñó y se analizó varias veces. Vieron los pros y los contras, el proyecto de 800 vacas abrió desafíos e interrogantes: ¿Cómo detectar celos? ¿Cómo simplificar los procesos? ¿Identificar y apartar? ¿Ver cómo anda la rumia? Integrar tecnología en la sala nueva fue la única opción, no hacer cambios ni romper después. Desde Serlac, Luis Haase le dio el apoyo y seguimiento para que el proyecto tuviera resultado, lo cual el productor riobuenino valora muchísimo. Se trata de una sala de ordeña Boumatic de 30 puntos, con identificación por puestos, que incluye puertas automáticas, collares y el sistema de gerenciamiento, describe Luis Haase,  “la alimentación va por producción de vaca, se hizo un programa con Santiago, con quien decidimos los parámetros. Eso obliga a tomar decisiones por raciones, por lactancia y producción. La sala tiene brazos que posicionan la unidad y cada vez que giran, lee la próxima vaca que será ordeñada. Posee 500 collares que sirven para monitorear las vacas las 24 horas, se puede ver por teléfono cuando entran en celo, rumian, sus reportes de salud”. Con este dispositivo, conocer el celo abre puertas a ver la salud de la vaca.

En la ordeña, pueden conocer la calidad, tiempo, duración total, efectividad y todo el proceso. En Folilco, agrega Haase, se destaca en el uso del programa Dataflow y eso se ha notado en la creación de nuevos reportes, que se alimentan día a día, “hoy tienen gerenciamiento en la mano de todo el rebaño lechero”, cuentan.

Lo que partió como una idea de ampliar, tras conversar con el maestro de la construcción, pasó a una mega construcción, con todo hecho para crecer. Recuperaron terreno improductivo, estabilizaron y no perdieron nada del distrito lechero. El proyecto comenzó a diseñarse a finales de 2019. En pleno comienzo de la pandemia, comenzaron el proyecto, comprando materiales de construcción y armándola en medio de cuarentenas, nunca dejaron de producir. Alcanzaron a hacerlo, sobre todo porque hoy existe un alza de los precios de los materiales y falta de mano de obra de construcción. Lo hicieron en un momento complicado, pero salieron airosos, a contra corriente, con muchas ganas y con el compromiso de Luis Haase.

Con casi 500 metros cuadrados de techo de la sala, las aguas lluvia van directo a un estanque australiano de 170.000 litros, las cuales se recuperan para enfriar el estanque de la leche y, posteriormente, recuperan calor para el lavado de los equipos de ordeña. Y eso se nota en que lo que llega al pozo primero es prácticamente sólido.

También remodeló la ternerera, donde comenzó a probar el Milk Taxi, que les cambió la vida en el manejo de los terneros. Acaban de adquirir la HL100 de Holm & Laue, que es la alimentadora automática de terneros, mejorando la instalación y condiciones de crianza, en un proceso que está en pleno desarrollo dentro del predio.

“En todo este proceso, un cambio notable es que la gente que trabajaba 4 horas en la mañana y 4 horas en la tarde, ahora pasamos a la mitad. Eso es considerable. Las vacas están menos rato de pie, lo que hace que puedan talajear más, con más tiempo de rumia y menos cojeras; la producción ha ido subiendo, con la misma cantidad de vacas, es más leche. A las vacas de más producción, con este sistema de gerenciamiento, podemos premiarlas con alimento”, resume Santiago.

“La sala nos cambió la vida. Hoy está todo muy ordenado y funciona bien. Los beneficios van a venir, llevamos 2 meses y medio, pero nos cambió la cara. Estamos en la etapa más crítica que es el invierno. Hicimos una inversión en caminos y en red de agua, donde instalamos grifos cada 50 metros.

CONFIANZA Y TECNOLOGÍA 

Para Luis Haase, acompañar e involucrarse en este proyecto le deja una satisfacción muy grande. En plenas cuarentenas, ayudar a los Hott a construir su sala requirió un gran compromiso grande. Desde ayudar a comprar los materiales y buscar los proveedores fue un esfuerzo distinto, en plena pandemia, “le propuse a Don Enrique y él me fue diciendo su proyecto. Fue enriquecedor ayudarlo, la tecnología la tenemos hace mucho rato, aquí no experimentamos nada, sino que a dar una solución. Confió en mí y buscamos que se sintiera feliz y conforme, para que quede funcional, ya que lo estético para mí no era lo importante”, reconoce Luis Haase.

Fue un período intenso, con viajes que demoran más de 3 horas de ida desde Osorno al campo, en pleno cordón sanitario, varias veces a la semana. Pero llegó a puerto. Y hoy Luis y Enrique están satisfechos, con una relación que pasó de cliente-productor a la amistad, “nos conocíamos –concluye Enrique- pero pasamos a ser amigos. Creamos un lazo enorme y eso no se olvida”.

El campo tuvo una modificación completa, barrimos con los cercos viejos y hoy se cambian los potreros con cercos eléctricos móviles. Este año incorporaron 60 hectáreas más al sistema pastoril. Cuando partimos, aceleramos y crecimos en vacas, ternerera, área de pastoreo”, agrega Santiago. El riego también está en carpeta, probablemente con sistema de tazas. La siembra de 23 hectáreas de achicoria les ayudó a pasar un verano muy seco, sin caídas de producción. Llegaron a un promedio de 13 mil kilos de materia seca por hectárea. Para subirse al maíz, agregan, es un poco complicado por condiciones climáticas, pero están abiertos a buscar opciones. “Uno se sorprende con tanta tecnología, pero estamos abiertos. Sumemos a la juventud que tengo al lado, así es que no nos cerramos a nada”, comenta Enrique Hott. “La tecnología está ahí y hay que tomarla. Nos llevamos muy bien con mis hijos y mi mensaje para otros productores es que si tienen la oportunidad de hacerlo, que lo hagan, no lo piensen. Para uno como papá verlos haciendo bien las cosas es un orgullo muy grande. Si tus hijos quieren innovar, hay que dejarlos hacer y ser, si no siempre se van a quedar con las ganas. A la larga, esto va para ellos. Estoy feliz de tener a mis piojos al lado.