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La colaboración como credo

Ala hora de plasmar esta entrevista, confieso que no puedo ser imparcial con Nicolás Lyons a quien conozco hace más de quince años desde que, recién recibido de ingeniero agrónomo en nuestra querida Universidad de Buenos Aires, trabajó con nosotros en el Concurso de Forrajes Conservados en Mercoláctea allá por mediados del 2000. Trabajar con el Vasco Zubizarreta que era el coordinador del concurso le significó todo un aprendizaje y el mejor camino para la profesionalidad y compromiso que desde siempre exhibió Nicolás a lo largo de su fructífero derrotero laboral.

Vaya si lo ha sido. Nada mejor que recorrerlo y recordarlo junto con el mismo Nicolás, en su actualidad de joven y experimentado argentino que entre otras responsabilidades, está a cargo del desarrollo y la investigación de la lechería en el estado australiano de Nueva Gales del Sur y coordina a nivel nacional el proceso de automatización e implementación de robots en las lecherías australianas. Un periplo impensado para alguien que no tenía relación con el campo o la lechería. “Hijo de padre dedicado al rubro textil e indumentaria y madre secretaria de empresas y luego colegios, nací y me crie en Buenos Aires, siendo el mayor de tres hermanos. Si miro para atrás creo que mi relación con el sector comienza con algún que otro viaje a campo de amigos o en aquellos veranos que pasé en Osorno, donde vivía mi abuela materna quien se había casado en segundas nupcias con un productor ovino que vivía en el sur de Chile”, recuerda Nicolás. “Al momento de terminar la secundaria me interesaba la biología y la química, en trabajar con gente, en ayudar a otros y el aire libre. En algún momento estuve entre la medicina y la agronomía.” La maratón de materias que implica la carrera de agronomía en la UBA y que involucraba una gran carga horaria fue sorteada sin dificultades por Nicolás quien se abocó tiempo completo a realizarla. “En cuarto año comencé como ayudante ad honorem en la cátedra de producción lechera, luego de cursar esa materia”, apunta. “Tuve la suerte que mis padres me apoyaron para estudiar sin necesidad de trabajar, con lo cual me permitieron cumplirla en los años que correspondía pero significó que recién comenzara a realizar trabajos rentados al terminar la carrera”. La cátedra de Producción Lechera le serviría como un efectivo puente para dar sus primeros pasos laborales. “Fue Fernando Bargo que en ese momento trabajaba en la cátedra quien me contactó para trabajar en Mercoláctea en el Concurso de Forrajes Conservados en Mercoláctea en el 2005 y 2006”, destaca Nicolás de esos primeros años. “También desde la cátedra trabajando como coordinador administrativo de la ‘Especialización en Producción Lechera en Sistemas Argentinos’ conocí a Marcelo Catalá. Así terminé trabajando casi cuatro años en DeLaval como responsable de automatización y gerenciamiento y dentro del departamento de Grandes Proyectos que lideraba Marcelo”.

«ESTAMOS ANALIZANDO LOS POSIBLES CAMBIOS EN LOS SISTEMAS LECHEROS HACIA EL FUTURO DADO PRINCIPALMENTE POR LA ADAPTACIÓN AL CAMBIO CLIMÁTICO Y LA CRECIENTE INTENSIFICACIÓN ASOCIADA A ESTA ÚLTIMA».

–¿Qué te deja esos primeros años de vida profesional?

–Lo primero que pienso es que definitivamente esta carrera y sin duda la lechería tienen una oportunidad única hacia el futuro que es el privilegio de proveer de alimentos y fibras a una creciente población humana, y de hacerlo en forma eficiente y cuidando los recursos disponibles. También pienso lo poco que sabía yo de la enorme cantidad de opciones que había para desarrollarse con las habilidades que uno puede adquirir en la carrera de grado.

Creo que si miro para atrás siempre me guiaron dos principios: el trabajo colaborativo y en red, y la curiosidad y el aprender constante. Te diría que eso se mantiene hasta hoy en día.Involucrarme, ofrecerme, meterme y preguntar, terminaron abriéndome muchas puertas y caminos que no tenía pensado. Casi todo surge de ahí. Fue un camino continuo de aprendizaje, donde mucha gente me fue dando oportunidades y yo fui creciendo con las mismas.

El camino allende los mares

Para cuando termina la carrera de agronomía allá en el 2005, la lechería estaba definitivamente en el centro de la agenda laboral de Nicolás. Y como la cátedra tenía contactos en Nueva Zelandia y algunos integrantes de la misma ya habían viajado por convenios, la posibilidad de viajar al país kiwi fue casi natural. “Florencia Bermejo, que hoy trabaja en la Zona Oeste de CREA, había hecho una experiencia en la Universidad de Massey y en ese momento José Rossi que hoy a cargo de la cátedra en la Facultad, estaba realizando su doctora también en Massey. ¡Y así partí!” 

–¿Cómo fue esa primera experiencia afuera?

–Fue un viaje que debía durar tres meses y terminó siendo de siete meses. Allí llegué a trabajar en tres lecherías: el de la Universidad de Massey, el del Instituto de investigación DairyNZ que en su momento se llamaba Dexcel y una lechería comercial de un productor a quien había conocido en Mercoláctea en 2005. Como parte de ese viaje «me contacté con Yani García, a quien no conocía personalmente, pero sí de nombre a través de la catedra, quien estaba en la Universidad de Sydney y estaba arrancando el proyecto australiano FutureDairy. Así terminé viajando un mes a Australia donde realicé mi tesis de grado de agronomía bajo supervisión de Yani García y Fernando Bargo, trabajando con un dispositivo de medición de pastura y realizando calibraciones para diferentes especies forrajeras. A su regreso lo esperaba la catedra de producción lechera de la UBA y DeLaval para iniciar su primer trabajo formal como ingeniero. Pero el contacto con Yani García, un verdadero referente en Australia, le permitiría continuar sus estudios de postgrado unos años más tarde. “En el 2010 regresé a Australia para realizar una maestría con una beca del proyecto FutureDairy y con el apoyo de DeLaval, que terminó convirtiéndose en un doctorado, que finalicé tres años más tarde. Durante el mismo trabajé en la adaptación y optimización de sistemas robóticos de ordeño de base pastoril y completé mi tesis sobre intervalos de ordeño, productividad y comportamiento animal en un sistema de ordeño voluntario en base pastoril”, detalla Nicolás. “Mi idea original siempre fue regresar al terminar el doctorado, pero surgieron diferentes oportunidades en el camino. Es increíble pensar que ya llevo casi once años acá.”

 

En áreas de decisión

Seis años atrás, Nicolás Lyons ingresó al Departamento de Industrias Primarias de Nueva Gales del Sur, con un rol nacional coordinando lo que es la robótica en sistemas lecheros. “Actualmente soy líder del área de lechería en la misma organización donde lidero un equipo que hace investigación y desarrollo en lechería. Además coordino a nivel nacional diferentes aspectos relacionados a tecnología y lechería de precisión, y un proyecto de extensión y entrenamiento en robótica aplicada a la lechería”, detalla Nicolás quien también es Profesor Titular Adjunto ad-honorem en la Universidad de Sydney.

–¿Cuál es la agenda de trabajo en tu actual posición en Nueva Gales del Sur?

–Con el equipo dentro del departamento donde trabajo, estamos hoy focalizados en tres aspectos principales. La primera es el uso de tecnología y soluciones de lechería de precisión y como eso puede mejorar la vida y la productividad, además de la rentabilidad y la sustentabilidad de los productores lecheros. El segundo aspecto que estamos enfocados es el de trabajar para generar herramientas y soluciones que les ayuden a los productores entender y gerenciar mejor su negocio desde el punto de vista productivo y económicofinanciero. Por último estamos analizando los posibles cambios en los sistemas lecheros hacia el futuro dado principalmente por la adaptación al Cambio Climático y la creciente intensificación asociada a esta última, pero también a la escala y los requerimientos de bienestar animal y posibilidad de protocolizar el sistema productivo.

–Te conocen como un especialista en automatización. ¿Qué oportunidades puede tener los productores con este tema?

–La capacidad del sector de atraer y retener mano de obra es algo que todos están tratando de resolver. A su vez tampoco es ajena la situación donde hay cada vez menos productores, pero éstos son de mayor tamaño. Esto hace que exista una creciente presión sobre la mano de obra. Muchas veces tampoco se ha acompañado el aumento en tamaño de los rodeos con las inversiones en equipamiento e infraestructura adecuadas. Eso hace que nos encontremos con muchas instalaciones que hoy en día son el cuello de botella para lograr un sistema productivo, rentable, atractivo y competitivo.

–¿Puede servir para nivelar competitivamente al sector a nivel internacional?

–Frente a estos desafíos, la tecnología presenta una gran oportunidad. Desde la adopción de automatización como retiradores, puertas de aparte o incluso robots de ordeño junto a la introducción de sensores de producción, de calidad de leche, de peso o condición corporal a lo que hay que sumar las plataformas digitales o de gestión. Todas son herramientas que tienen el potencial de revolucionar el sector. Pueden permitir a muchos productores dar ese salto cuantitativo y cualitativo.

–¿Cuáles son los mayores desafíos para la adopción de estas tecnologías?

–Como toda oportunidad, en general viene con algunos desafíos. En ningún caso la tecnología va a ser una solución mágica a nuestros problemas, ni va a transformar un productor malo en uno bueno. No va a tampoco a solucionar o compensar manejos inadecuados. Hay que verlas como herramientas, que bien usadas, pueden lograr muy buenos resultados. Y ahí esta la clave. En como integrar estas herramientas a nuestros sistemas y equipos de trabajo. Esto requiere una mente abierta, un trabajo en equipo y una curva de aprendizaje. En la actualidad la adopción es menor al potencial, pero obviamente hay países o regiones dende ésta ha comenzado antes o ha sido mayor. Por ejemplo, en Australia hoy en día se estima que el setenta por ciento de las lecherías cuentan con retiradores automáticos de pezoneras y alrededor del ochenta de ellos usa algún programa de gestión de la lechería ya sea productivo, económico o financiero. Pero creo por otro lado que nunca antes los productores han tenido disponible una oferta tan grande y tan amplia de productos y servicios, y hay nuevas soluciones que se desarrollan a diario. Frente a esto es común que muchos deseen ver qué pasa con la adopción, qué funciona y qué no funciona. Por otro lado en muchas de ellas tampoco está tan clara la propuesta de valor o el retorno de la inversión. Finalmente obviamente la falta de acceso a líneas de crédito de mediano y largo plazo, dificultan o demoran este tipo de decisiones.

Una mirada a Australia 

No podíamos dejar afuera en esta entrevista, un análisis por parte de Nicolás de la situación del sector de un país competidor de Argentina. “La lechería australiana viene de varios años duros que están relacionados a bajos precios de la leche al productor pero también a una sequía extendida que fue seguida por incendios, en varias de las principales regiones lecheras. Claro que esto impactó en la producción de pasto pero también en la de granos, forrajes y reservas”, señaló el argentino. “Este año esta tendencia parece haberse revertido. Mejores precios por un contexto internacional pero también por un cambio en la demanda y una perspectiva climática más favorable, con más pasto pero también suplementos más accesibles. Posiblemente sea el primer año, por lo menos en los últimos tres años, donde veremos un aumento de la producción nacional de entre uno y tres por ciento. Los productores también esperan que esto impacte positivamente en el resultado operativo de sus establecimientos.”

–¿Cómo influyó la pandemia del coronavirus en este escenario?

–Obviamente el Covid-19 ha tenido un impacto doble desde el punto de vista de la demanda y de la oferta. Desde el punto de vista productivo han aumentado los protocolos de higiene y seguridad. Acá es común escuchar de establecimientos trabajando con dos turnos para disminuir el riesgo de contagio. Además se han protocolizado un montón de procesos, el trabajo remoto donde es posible ha sido implementado. Al principio de la pandemia hubo impacto en la logística de insumos, pero parece haberse resuelto. Con fronteras cerradas –internacionales pero también entre estados dentro del país– se ha dificultado el acceso a mano de obra casual no sólo para ordeñar en el peak estacional sino también por ejemplo para conseguir otros servicios como inseminadores o contratistas forrajeros. 

–¿Existe una agenda oficial de sostenibilidad en la lechería en Australia? ¿Qué iniciativas existen?

–El tema de la sustentabilidad es un tema que Australia ha venido trabajando hace ya varios años. En el 2018 lanzaron una serie de objetivos hacia el 2030 en una iniciativa que se denominó Australian Dairy Industry Sustainability Framework (Marco de Sostenibilidad del Sector Lácteo Australiano). Ésta se centra básicamente en cuatro pilares: aumentar la viabilidad económica y la calidad de vida de todos en el sector, mejorar el bienestar de las personas, promover el bienestar y cuidado animal, y reducir el impacto medioambiental. Además existen otras iniciativas relacionadas a las personas o al medioambiente. Programas de capacitaciones, recursos humanos, fomento de carreras relacionadas al sector, o actividades para atraer gente, en el tema seguridad y bienestar. Y en los aspectos relacionados al medioambiente existen proyectos en efluentes, en energías renovables, en manejo de recursos naturales y en modelación del impacto que el clima pueda tener sobre los sistemas de producción y donde éstos puedan estar ubicados. Definitivamente hay una conciencia que como sector tenemos que trabajar en forma conjunta para lograr no solamente hoy una lechería sustentable pero también una en el futuro. Y eso requiere una fuerte colaboración para pensar cómo diseñar sistemas que sean resilientes y capturen las oportunidades sin caer cautivos de los desafíos que seguirán estando presentes.