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Apostar al buen manejo
La productividad y una adecuada salud comienzan cuando nace la vaca, no al momento de su primer parto. El efecto de la crianza artificial durante los primeros 2 meses de vida, es muchas veces mayor que el efecto de una crianza natural (ternera al pie de la vaca) y el período pre-destete es una fase de desarrollo en la productividad de la ternera que puede ser modificado para mejorar el potencial genético del animal. La tasa de crecimiento pre-destete explicaría el 22% de la variación en la producción de leche en la primera lactancia (Van Amburgh, 2013), efecto muy marcado si se compara con sólo el 7% de variación dado por la selección genética. Cualquier factor que afecte el consumo de alimento y la tasa de crecimiento pre-destete, reduce la posibilidad de una mayor producción de leche en la edad adulta.
El ternero pasa por cambios significativos en su desarrollo durante el período pre-destete y este desarrollo está directamente vinculado a la productividad futura en primera y siguientes lactancias. El nivel de producción de leche de una vaca individual, se ve afectada tanto por su composición genética (representa el 20-30%), como por su medio ambiente (70-80%). El ambiente de un ternero contiene una gran cantidad de factores externos que pueden cambiar la forma en que su potencial genético es usado. Muchos de estos factores pueden ser controlados para ayudar a lograr un buen comienzo a la ternera, con la finalidad de tener una larga vida productiva.
Establecer metas proactivas y medir los resultados son claves para un programa exitoso de crianza de terneras. Duplicar el peso al nacimiento a los 56 días, debe ser un objetivo mínimo a lograr, es decir, 40 kg de peso al nacer = 80 kg a los 56 días de vida (Ganancia diaria de Peso (GDP) promedio de 0,714 Kg/día; la mortalidad de los terneras debe ser inferior al 5% y la morbilidad (medida como tratamientos) debe ser inferior al 10%. En ensayos a campo se ha podido demostrar que estos parámetros son alcanzables y que pueden ser incluso ampliamente mejorados al utilizar dietas líquidas concentradas, en conjunto con aditivos nutricionales que mezclan inmunoglobulinas IgY, probióticos y vitaminas. Al cumplir con estos objetivos y centrarse en el retorno de la inversión y el rendimiento (vida productiva), en lugar de sólo considerar el costo de criar las terneras y vaquillas, será posible capturar la eficiencia alimenticia a temprana edad. La edad al primer parto potencialmente puede ser reducida y con ello el potencial de producción de leche y la vida del rebaño puede ser aumentada.
La temperatura influye
En la mayoría de los predios de nuestro país y en muchos sistemas de crianza en el mundo, tradicionalmente se alimentan las terneras de la misma manera independiente del mes del año y condición climática (temperatura, humedad, vientos). Esto a pesar, de que los requerimientos de energía para mantención son dramáticamente diferentes dependiendo de la temperatura ambiental (Svensson, 2014).
Las terneras de menos de 40 días de edad se sienten cómodas a una temperatura entre los 15 a 27 ° C. Una ternera de 50 kg requiere aproximadamente 7,5 MJ EM (1.8 Mcal) por día, para el mantenimiento de las condiciones termo-neutrales. El incremento de calor adicional necesario para mantener la temperatura corporal por debajo de 15 ° C es de aproximadamente 0,092 MJ / kg0.75 / ° C, especialmente para los terneros de menos de 40 días de edad. Si consideramos un sustituto lácteo que contiene 20:20 en % de grasa y proteína, en una proporción de 0,45 kg de polvo/ternera/día, estaremos cubriendo sólo sus niveles de energía para mantenimiento (Van Amburgh, 2013),
Fuera del rango de temperatura termo neutral de 15-27 ° C (Fig. 1 y 2), es necesario hacer ajustes, ya sea para abatir el calor, lo cual le demanda mayor cantidad de energía, así como para aumentar temperatura corporal al ser expuestas a condiciones de baja temperatura ambiental. Por lo tanto, es necesario proporcionar 2 a 3 veces los requisitos de mantenimiento, para lograr los objetivos de crecimiento esperado, después de considerar los efectos ambientales estacionales.
Concluyendo lo que proponen estos autores, la alimentación de las terneras no debe ser exactamente igual durante todas las estaciones del año si queremos obtener todo su potencial productivo.
Calostro, más allá de la inmunidad
Para maximizar la supervivencia de la ternera y el crecimiento, el estado de la inmunoglobulina plasmática (Ig) es de suma importancia, por lo tanto la gestión del calostro es vital. Sin suficientes niveles de (Ig), tal como lo demuestran muchos trabajos en la literatura, las tasas de morbilidad y mortalidad se incrementan. Además de las (Ig), el calostro proporciona al ternero recién nacido otros componentes, tales como insulina, IGF-1, la relaxina y otros factores de crecimiento y hormonas. Todos estos pueden ser factores importantes en los procesos de desarrollo, y la falta o escasez de ellos en la vida temprana pueden alterar las funciones de crecimiento, dando lugar a un cambio en la utilización y la eficiencia de los nutrientes. La relaxina, por ejemplo, ha demostrado que estimula el desarrollo del útero y mejora la eficiencia reproductiva.
En los estudios de Soberon y Van Amburgh (2011 y 2013), las terneras que fueron alimentadas con 4 litros de calostro 2 horas después del nacimiento y otros 2 litros 10 horas después del nacimiento, fueron comparadas con las terneras que sólo fueron alimentadas con 2 litros de calostro 2 horas después del nacimiento. Después de la alimentación inicial de calostro ambos grupos tuvieron libre acceso a sustituto lácteo. Las terneras que fueron alimentados con 4 + 2 litros de calostro en su primer día de vida, demostraron un aumento del 8,5% en el consumo de sustituto lácteo, un aumento del 18% en la GDP durante el periodo pre-destete, un aumento del 12% en el consumo de alimento durante el post-destete, y un 25% de aumento en la GDP post-destete hasta los 80 días de vida, en comparación con el otro grupo. Esto indica que el calostro tiene el potencial de influir en la regulación del apetito, lo que mejora el crecimiento y posiblemente la eficiencia alimenticia.
¿Podrá una ternera producir más leche en la etapa adulta si la alimentamos mejor desde el inicio?
Para responder a esta pregunta, distintos autores realizaron variados ensayos, los cuales fueron analizados minuciosamente y compilados por Van Amburgh (2013), concluyendo que los terneros que recibieron más leche o sustituto de leche antes del destete, tuvieron una producción de 429 ± 106 kg más de leche en su primera lactancia, al ser comparadas con el grupo control.
Estos resultados fueron confirmados por un análisis de los datos del rebaño de la U. de Cornell con 1.244 vaquillas que mostró que cada kg de ganancia diaria de peso (GDP) antes del destete, resultó en un aumento de la producción de leche, superior a 2.200 kg de leche en las primeras 3 lactancias (Tabla 1). Además, el 22% de la variación en la primera lactancia en la producción de leche, podría explicarse por la tasa de crecimiento antes del destete.

La tasa de crecimiento de la ternera tiene un impacto relevante sobre la producción de leche en la vida adulta.
La principal característica seleccionada genéticamente es frecuentemente, la producción de leche. Sin embargo, el efecto de la tasa de crecimiento y la ingesta de nutrientes antes del destete ha demostrado tener un efecto más directo y significativo en la producción de leche, que la selección genética para la producción. De acuerdo a los datos entregados por Van Amburgh (2013), la selección por producción de leche tuvo una variación del 7%, mientras que el crecimiento de la ternera pre destete tuvo una variación del 22%, es decir tres veces más relevante para producción de leche. Los rendimientos de selección genética aportan 68-115 kg de leche por lactancia, mientras que la nutrición y el manejo de la ternera pre-destete pueden producir de 4 a 8 veces más leche por lactancia.
La enfermedad y la productividad
Estudios en Suecia y en USA, han mostrado que los terneros con diarrea reducen marcadamente su crecimiento. En un ensayo de la Universidad de Cornell, USA, las terneras que presentaron diarrea y recibieron antibióticos tuvieron una GDP menor, que fue de aproximadamente 50 g / día más baja. Las terneras sin un tratamiento registrado en su vida, produjeron 1.407 kg adicionales de leche por cada kg de ganancia diaria de peso (GDP). Las terneras con tratamientos en su historial, registraron producciones de leche de 623 kg adicionales por cada kg de GDP. Esto implica que las enfermedades hacen que las terneras reduzcan el consumo, reduciendo el crecimiento y tomando tiempo para recuperarse, lo que lleva a pérdida de productividad de aproximadamente 780 kg de leche en la lactancia (Van Amburgh, 2013).
Recuerde que las terneras de hoy serán sus vacas el día de mañana, por lo que invertir en ellas hoy, será altamente rentable en el futuro, al tener más y mejores reemplazos que tendrán producciones vitalicias mayores.