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La pandemia llega a la leche
La peste, el hambre y la guerra han sido los jinetes del Apocalipsis que durante siglos han asolado a la humanidad. Y aunque Yuval Noah Harari en su libro “Homo Deus” asegura que las epidemias han sido acorraladas por la alianza de vacunas, antibióticos y avances médicos, parece que los gérmenes siguen, de tanto en tanto, ganándoles la cuerda a los médicos en la carrera armamentística.
El coronavirus da prueba de ello. El Covid-19 como se lo ha bautizado está generado una crisis global totalmente sorprendente con unas consecuencias que muchos prevén similares al ataque aéreo en las Torres Gemelas en Nueva York en 2001 o la caída de Lehman Brothers en 2008. Antes del brote, se esperaba un mediocre crecimiento del PIB mundial en torno al 2,3%, pero el surgimiento de la epidemia en China cambia las reglas del juego, y ahora se espera un crecimiento global de apenas 1,9%, la tasa más lenta desde la crisis financiera mundial.
Por lo que los analistas advierten, el efecto negativo sobre el crecimiento vendrá tanto por el lado de la oferta como de la demanda. Por un lado, las medidas de cuarentena y el sentimiento negativo de los consumidores y las empresas suprimirán la demanda. Pero al mismo tiempo, el cierre de algunas fábricas y la interrupción de las cadenas de suministro crearán cuellos de botella en el suministro.
La esperanza de que el brote de coronavirus permaneciera contenido en China ya se ha terminado. La reciente propagación a otros países significa que es probable que el virus afecte entre el 25% y el 70% de la población mundial. Y aunque los síntomas son leves para la mayoría de las personas, esto podría no ser una buena noticia. El hecho de que la enfermedad tenga una baja tasa de mortalidad y sus síntomas sean leves para aproximadamente el 80% de las personas representa otro desafío: significa que el coronavirus se propaga fácilmente, ya que las personas enfermas piensan que simplemente tienen un resfriado leve y sin saberlo terminan contaminando a otros. En el otro extremo del espectro, aproximadamente el 20% de las personas afectadas por el coronavirus experimentarán neumonía, que representa la forma grave de la enfermedad y, a menudo, requiere atención médica intensiva. Después de recuperarse de la infección, podrían continuar sufriendo fatiga extrema por hasta seis meses. Esto significa que una parte significativa de la población mundial será menos productiva durante un período prolongado de tiempo.
Con la tasa por el subsuelo
Para atenuar el impacto económico de la enfermedad, a principios de marzo, la Reserva Federal de EE.UU. –la Fed–, anunció un recorte de emergencia en las tasas de interés en respuesta a la amenaza económica que representa el coronavirus. Este es el primer recorte de emergencia y el mayor recorte de tasa única que la Fed ha hecho desde la crisis financiera mundial en 2008, lo que aumenta las expectativas de que otros bancos centrales como el Banco Central Europeo (BCE) y el Banco de Japón puedan hacer lo mismo. Sin embargo, ambas instituciones se verán muy limitadas en su respuesta al brote de coronavirus, ya que sus tasas de interés principales ya están por debajo de cero.
Estímulo fiscal: no antes del día del juicio final
Las limitaciones de la política monetaria y las dificultades de configurar una respuesta monetaria coordinada a nivel mundial conducen a que el estímulo fiscal podría ser la única opción para muchos países desarrollados. Sin embargo, esto no se da. En Europa, un estímulo fiscal coordinado parece poco probable, sobre todo porque Alemania sigue siendo reacia a abandonar su regla de presupuesto equilibrado, a pesar de los llamados a hacerlo de otros países. Además, la introducción de medidas de estímulo fiscal en Italia, que se ve muy afectada por el coronavirus, empeoraría aún más las finanzas públicas del país y aumentaría el riesgo a mediano plazo de una crisis financiera. Mientras tanto, la deuda pública de Japón ya representa casi el 230% del PIB, la relación más alta del mundo. Es difícil imaginar que podría ir mucho más alto sin convertirse en una amenaza sistémica para la economía global, más aún si el crecimiento global se desacelera bruscamente. Finalmente, en muchos otros países en desarrollo altamente endeudados, el estímulo fiscal solo aumentaría el riesgo de una crisis de deuda en el futuro.
Todo venía bien hasta diciembre
Si se analiza las ventas de lácteos del principal jugador a nivel mundial, el año terminaba con un crecimiento en 33.300 toneladas, que representaba 14% en relación al mismo mes del 2018. El aumento de las ventas de Fonterra fue impulsado principalmente por los pedidos de compra chinos de leche en polvo entera y descremada. Y sin embargo, desde la misma cooperativa neocelandesa advertían las amenazas al comercio de la epidemia. “El brote del coronavirus Covid-19 afectará potencialmente los números después de diciembre de 2019”, auguraban.
En los últimos días de febrero, los mercados de productos básicos, incluidos los lácteos, han sentido el impacto del brote de coronavirus.
¿Qué está causando la disminución?
Tom Vilsack, presidente del USDEC (United States Dairy Export Council) quien también fuera Secretario de Agricultura, señaló dos razones principales por los que los precios están cayendo: un retraso en los puertos chinos y una menor demanda.
1. “Remando en el manjar”. Los lácteos enviados a China se están retrasando debido a la situación en los puertos. Cuando China ordenó a muchos de los trabajadores en los puertos que se quedaran en su casa, obviamente causó un retraso de los buques portacontenedores. Vilsack estima que el retraso seguirá por varias semanas por la congestión en los puertos costeros chinos y este retraso en los puertos también aumentará los costos de transporte.
Algunos puertos están cerca del punto de saturación para espacios de contenedores refrigerados, debido a la falta de puntos de suministro eléctrico en los patios. Desde principios de febrero, las principales compañías de línea han impuesto recargos, han organizado transbordos a otros puertos y otras medidas más prudentes. El impacto en el flujo de bienes debido a la escasez de mano de obra –65% era el porcentaje de personal en puertos que regresaba al trabajo–, ha desencadenado que algunas empresas hayan introducido o aplicarán un cargo por congestión de los espacios refrigerados y congelados. China tiene el sector de contenedores más grande del mundo, manejando un tercio de la capacidad global total, equivalente a 71.500 unidades diarias en sus puertos.
2. La demanda de alimentos en caída.
Vilsack aseguró que no solo los restaurantes y las tiendas de comestibles tienen menos concurrencia a medida que los consumidores dependen de la entrega a domicilio para sus alimentos, sino que el turismo está disminuyendo en Asia. “Todos los planes de viaje, todas las actividades turísticas asociadas también se ven afectadas. Además, en los lugares donde se cancela la escuela, la demanda de leche para el almuerzo escolar está disminuyendo. Parte de esa leche se está convirtiendo en ingrediente de mantecas y quesos producidos en el país, lo que tendrá un efecto en la demanda de productos lácteos de otros países. No hay duda de que esto tendrá un impacto en la economía global.”
¿Hasta dónde caerán los precios de los lácteos?
Desde la consultora INTL FCStonte estiman que a nivel mundial, “el coronavirus reducirá entre el seis y tal vez el siete por ciento, los precios de los lácteos en los próximos doce meses”, predice Nate Donnay, director de inteligencia de lácteos en la consultora. “Eso está siendo parcialmente compensado por el mal clima en Nueva Zelandia. Aunque la producción de los Estados Unidos y Europa parece estar funcionando bien en el corto plazo”
En efecto, las condiciones de sequía en la Isla Norte de Nueva Zelandia han puesto presión en la campaña en enero, y el gigante lácteo reportó una disminución en la producción de leche, durante los últimos doce meses hasta enero de 1,6% más bajo que la temporada pasada. Paralelamente, la producción de leche australiana se mantuvo estable en diciembre, aunque en los últimos doce meses bajó 6,3%.
Incluso con esa disminución de la oferta, las proyecciones de precio de Nate Donnay solo han bajado un 4% de lo que pronosticó a principios de enero porque los problemas del lado de la oferta “compensarán poco” los problemas de la demanda, agrega. “A medida que el coronavirus se vaya afianzando cada vez más en Europa y EE.UU., tal vez hará falta algo más que un poco de caída de la oferta, para que no se profundice más los riesgos a la baja con algunos impactos directos en estos mercados lácteos”.