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No se olviden del trébol blanco

El mercado de semillas forrajeras en el sur de Chile está dominado por gramíneas, principalmente ballicas y en menor medida por leguminosas. Desde el año 2012 en adelante se ha notado una caída en las importaciones de trébol blanco, desde 96 toneladas a 64 toneladas en el año 2014, que hace pensar en la disminución en la demanda por parte de los agricultores dada las dificultades que han encontrado en mantener altos niveles de trébol blanco en la pradera y su baja persistencia cuando se presentan en mezcla con ballica perenne.

Dada las diversas inquietudes del medio sobre la persistencia y productividad del trébol blanco en el sur de Chile, éste artículo se basará en el comportamiento del trébol blanco bajo pastoreo, la importancia de su presencia en la pradera y como maximizar su producción al encontrarse en mezcla con ballica perenne, proceso complejo, pero que puede traer buenos dividendos, especialmente en el ámbito de los costos de fertilización nitrogenada que requiere una pradera a lo largo del año.

 

Sus características

A grandes rasgos, el trébol blanco se caracteriza por su hábito de crecimiento postrado y radial, por su calidad nutritiva, especialmente en lo que se refiere a proteína, energía y digestibilidad que se traduce en una buena palatabilidad y una mayor preferencia por parte de los animales, y por la capacidad que posee para fijar nitrógeno atmosférico por medio de bacterias simbióticas, permitiendo una reducción en la cantidad de fertilizante nitrogenado a aplicar.

Es una especie altamente exigente en preparación de suelo a la siembra, ya que las reservas de energía presente en la semilla se encuentra en bajas cantidades para soportar el proceso de germinación, siendo la profundidad ideal de 1 cm, perdiéndose el 50% de las plántulas a una profundidad de 2,5 cm. Una vez establecido y en los primeros tres meses posterior a la siembra, se pueden distinguir tres fases, la primera de crecimiento lento al germinar, segundo la formación de una raíz principal que comienza a expandirse, a formar brotes y unos pocos estolones, y finalmente, la fragmentación de esta estructura. Posterior a estas etapas comienza la producción y elongación de estolones, ramificación de ellos y producción de raíces en los nudos. De uno a dos años posterior a la siembra la raíz original comienza a morir, volviéndose los estolones completamente independientes de la planta madre y dependientes de la cantidad de raíces que alcanzaron a producir, fragmentándose con el tiempo dada las condiciones de pisoteo y de producción de nuevas ramificaciones.

Su hábito de crecimiento postrado le permite minimizar la pérdida de los puntos de crecimiento al mantenerse bajo pastoreo, además de poseer la capacidad de enraizar y formar nuevos estolones en aquellas yemas axilares que se encuentran a ras de suelo, razón por la cual puede soportar regímenes de pastoreo seguidos e intensos. La longevidad de sus hojas es de 4 a 5 semanas, mientras que los estolones que soportan los peciolos y hojas tienen un rango de vida definido, es decir, nuevos estolones se van formando y van reemplazando a aquellos más viejos, lo que se traduce que a lo largo del tiempo se independizan de aquellos que les dieron origen, dependiendo fuertemente la sobrevivencia de las plantas a la continua ramificación y rápido reemplazo de ellos. Lamentablemente, las características de crecimiento de esta especie se contrapone al hábito de crecimiento erecto de las gramíneas, lo que perjudica el normal desarrollo del trébol blanco si se realiza un manejo de pastoreo inadecuado.

La temperatura y luz (en cantidad y calidad) juegan un rol importante en el crecimiento del trébol blanco. Por ejemplo, en los meses de verano su tasa de expansión foliar es similar a la de ballica perenne, compitiendo favorablemente si las condiciones de humedad son las adecuadas, mientras que en invierno dada las bajas temperaturas, no puede lidiar con la tasa de expansión de ballica perenne, deteniendo su crecimiento a temperaturas bajo 8-9°C, permaneciendo las hojas en una estrata inferior, dificultándoles los procesos fotosintéticos, y en el largo plazo, la capacidad de aportar materia seca a la pradera, lo que se agrava con la muerte de hojas y estolones más viejos, quedando sólo hojas en un estado inmaduro y cercanas a los ápices de crecimiento, ya que la extensión de los peciolos es altamente afectada por las bajas temperaturas.

En primavera, la falta de luz en la estrata inferior dada las condiciones de altas disponibilidades pre-pastoreo es uno de los principales factores que afectan la viabilidad del trébol blanco, como también, pero en menor medida, los altos residuos dejados post-pastoreo. Ambos manejos incidirán negativamente en la capacidad del trébol blanco para producir estolones, afectando su persistencia en el largo tiempo. Esto se debe a la calidad de la luz que ingresa hacia la base del suelo. Los estolones para poder ramificarse, crecer y producir hojas requieren una buena calidad de luz, esto significa que la luz llegue lo más directamente posible hacia la base del suelo, sin que se pierda por medio del sombreamiento que pudiera producir la especie gramínea acompañante.

En éste punto toma importancia el tipo de cultivar a seleccionar en base al sistema productivo del campo, adaptándose mejor en aquellos sistemas ovinos los de hoja y peciolos pequeños con una alta capacidad para producir estolones de manera ramificada, mientras que para pastoreos rotativos son adecuados aquellos de hojas, peciolos y estolones de tamaño mediano, y para pastoreos laxos y para rezago para ensilaje los de hoja y peciolos grandes. Es decir, la elección del tipo de cultivar de trébol blanco va de la mano con el tipo de pastoreo que se realice, a pesar que a grandes rasgos existe una relación inversa entre el tamaño de hoja y la persistencia del trébol en la pradera. Junto a la elección de la leguminosa, la gramínea a elegir en lo posible, debe presentar un hábito de crecimiento erecto que facilite la entrada de luz. Dentro de esta categoría se incluyen ballicas tetraploides y cultivares de festuca.

 

Fertilización

Desde el punto de vista de sus requerimientos responde muy bien a las aplicaciones de fosforo, potasio azufre, calcio y molibdeno, este último de gran importancia para la fijación de nitrógeno por parte de las bacterias que forman nódulos en las raíces, bacterias que fijan casi la totalidad del nitrógeno que necesita el trébol blanco, y que quedará disponible para las gramíneas al descomponerse los estolones y hojas senescentes.

El efecto de la fertilización nitrogenada sobre una mezcla de trébol blanco-gramínea debe ser uno de los temas más controversiales. Por un lado se debe conjugar una buena productividad de la pradera pero sin afectar el contenido de trébol blanco, ya que fertilizaciones constantes con nitrógeno aumentarán el rendimiento de la pradera a expensas del trébol. Esto se debe principalmente al gran estímulo que significa para la gramínea tener nitrógeno rápidamente disponible, aumentando su tasa de crecimiento, aparición de macollos y densidad, que se traduce en un rápido sombreamiento del trébol, afectando su viabilidad en el corto plazo. Sin un ánimo de dar recomendaciones estrictas, si el agricultor desea incorporar trébol blanco en la mezcla a sembrar, debería disminuir al mínimo la fertilización nitrogenada a la siembra, y hacer un uso estratégico de ella, aplicando anualmente no más de 100 kg de nitrógeno/hectárea.

 

Manejo

Como se ha discutido anteriormente, la compatibilidad de ambas especies se contrapone en la falta de necesidad de fertilización nitrogenada por parte del trébol blanco y en el requerimiento de este elemento por parte de la gramínea para expresar su potencial productivo, principalmente en primavera, pero con ciertos manejos específicos se puede lograr compatibilizar ambas características.

Los criterios de pastoreo que se utilizan en el sur de Chile están bien difundidos en el medio, pero se basan principalmente en el crecimiento de la gramínea por sobre el trébol blanco, ya que privilegian un mayor volumen de forraje pre-pastoreo y una intensidad media de post-pastoreo. Uno de los momentos críticos es en primavera, ya que el crecimiento de las gramíneas es explosivo en comparación al crecimiento del trébol blanco, produciendo un rápido sombreamiento de los puntos de crecimiento de éste último, por lo que pastoreos frecuentes sobre la pradera en primavera beneficiarán la sobrevivencia y crecimiento del trébol blanco, ya que se reduce la competencia por luz y se beneficia el crecimiento y densidad de estolones, pero ya que en esta época se presentan en una menor cantidad, se debería de evitar el sobre-pastoreo. Así también, la utilización de gramíneas erectas, como festuca y ballicas perennes tetraploides darán mejor opciones al desarrollo del trébol blanco.