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No todo son litros en el negocio

La lechería presenta complejidades que no tienen otras actividades, como puede suceder con la agricultura o incluso con la ganadería de carne. Y eso sucede porque dentro del mismo conviven al mismo tiempo varias que podemos denominar sub actividades. Por un lado, el fundo propiamente dicho, al que suele denominarse como “Vaca Total”, y además se agregan otras dos: la Crianza y la Recría. La suma de las tres se suele denominar como “Fundo Total”.

Es decir que el resultado económico total, el “Fundo Total”, en realidad se puede desagregar en tres diferentes áreas. Y eso es de gran utilidad porque nos permite poder analizar en detalle todo lo que sucede en el proceso desde el nacimiento hasta la etapa de producción de leche.

Identificar los lastres

Alguien podría argumentar, por qué puede resultar conveniente desagregar tanto ingresos como egresos, calcular por separado varias diferencias de inventario cuando lo que en definitiva interesa es el resultado final de la actividad.

Y la respuesta sería que, como otros procesos productivos cuando se va desarrollando en etapas hasta llegar al “producto final” es fundamental analizar lo que va sucediendo en cada una de ellas, porque es la única forma de poder detectar si todas se están llevando a cabo en forma eficiente o si hay alguna que en realidad, por falta de buen desempeño está actuando como un “lastre”, desluciendo en el resultado final lo que el resto está llevando a cabo en forma exitosa.

Por supuesto que la situación ideal sería que las tres sub actividades se estén llevando a cabo en forma eficiente, pero también puede ocurrir, y no es inusual, que alguna esté generando resultados económicos que no favorecen el resultado final.

Llevado a términos futbolísticos, es fundamental conocer cómo van las cosas en el “semillero” que en este caso vienen a ser la crianza y la recría en su conjunto. Porque si esa parte tiene problemas, es para preocuparse por lo que ocurrirá luego con “la primera”, es decir la lechería. También puede ocurrir lo contrario, es decir que el “semillero” sea la esperanza para mejorar la “primera” que viene media floja.

Alguien podría suponer que si la lechería propiamente dicho, es decir la llamada sub actividad “Vaca Total” anda bien, forzosamente eso es el resultado de que las otras dos también son eficientes. Pero no necesariamente es así: puede ocurrir que la finca tenga buenos parámetros en producción, pero a la hora de reponer con vaquillonas se encuentre con que no alcanza con las que puede proveer la recría. Y eso lleva a que haya que optar por resignar el crecimiento de la finca o la alternativa, salir a comprar las vaquillonas faltantes, con el impacto económico que ello supone. Y a su vez, ese faltante ya haya comenzado en la crianza, debido al alto índice de mortandad, que luego se traslada a la recría por la menor cantidad de hembras que llegan a esa etapa.

Lo que suele pasar…

En general se suele prestar más atención a la etapa de Vaca Total, la más visible probablemente porque es la que va arrojando resultados más inmediatos, por empezar la producción física de todos los días. Parecen mandar más los litros libres de suplementación, en cuánto anda el rodeo de punta, ahora con tres ordeñes, el precio de la leche u otros temas urgentes.

Mientras que, en el caso de las otras etapas, menos “visibles” en términos físicos y económicos más inmediatos, se las suele analizar en base a parámetros periódicos como es el caso de la mortandad en crianza, por ejemplo. Y luego, en la recría, la edad al primer servicio y los porcentajes de preñez alcanzados. Todos de carácter físico. ¿Y los económicos?

Una vez tomada la decisión de comenzar a analizar cada “sector” de la finca por separado, los caminos pueden ser varios. Por un lado, están quienes prefieren confeccionar un margen bruto para cada sub actividad, de modo de conocer una por una, restando los egresos de los ingresos. En ese caso, pasan a jugar, dentro de los ingresos en el caso de Crianza y Recría, por un lado, las ventas, por otro la diferencia de inventario entre hacienda a cierre y su correspondiente a inicio del ejercicio –que puede jugar a favor o en contra dependiendo de si es positiva o negativa– y las cesiones internas de leche, pero especialmente de hacienda entre subactividades.

El otro camino es calcular simplemente el costo de cada ternera en la crianza, luego el de la vaquillona en su recría e inseminación, y sumar ambos costos para conocer el de la vaquillona preñada. Alguien podrá preguntar, pero si el costo que determino es mayor al valor de compra en el mercado, ¿bastará con este único cálculo para tomar la decisión de no seguir produciendo mis vaquillonas y salir a comprarlas? Cuando no es ése el propósito, ese dato no esperado puede ser el punto de partida para comenzar a hacer los ajustes y correcciones que hagan falta, sean en la crianza y/o luego en la recría, para poder reducir ese mayor costo que tengo.

No se piense que esa reducción será fácil de llevar a cabo, y de un día para el otro. En el caso de tratarse de una recría encerrada, que genera costos importantes, la opción podría ser redireccionarla a más pastoril, y eso implica contar con los recursos forrajeros para poder llevarlo a cabo.

Otro ejemplo puede ser que por la avanzada edad al primer parto se encarecer la recría por problemas alimenticios y/o reproductivos. La prolongación de esta etapa en la que animal genera gastos de alimentación y sanidad principalmente pero aún no produce leche, también puede corregirse, pero llevará su tiempo. Revertir el problema implica una cantidad de pasos a dar, respetando los ritmos biológicos, que muchas veces no son cortos, pero son inevitables.

“NO ALCANZA CON SABER CÓMO ANDA ‘LA PRIMERA’. TAMBIÉN HAY QUE PONER LA LUPA EN EL SEMILLERO”