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Optimización de la TMR

Las 4 raciones

La primera brecha que se debe minimizar es la variabilidad en 4 niveles. El nutricionista es quien formula la ración de acuerdo con los requerimientos de los animales, normalmente expresados en Materia Seca, con el fin de alcanzar los objetivos del rebaño. Esta formulación se adapta a materia fresca y se ajusta según la disponibilidad o stock de ingredientes al ser transmitida al dueño o administrador. Posteriormente, se transmite al operario responsable de operar la maquinaria, enfrentando desafíos como limitaciones de tiempo, ajustes a unidades como “saco” o “muela” y la variabilidad inherente entre distintos operarios. Finalmente, la ración que se ofrece al animal dista mucho de la que fue formulada por el nutricionista

Preparación de la TMR

En el proceso de elaboración de la TMR, se destacan varios aspectos críticos que, gestionados de manera eficiente, contribuyen significativamente a mejorar la precisión y exactitud en la alimentación de los bovinos. Uno de ellos es la consistencia, ya que la microbiota del rumen es un ambiente frágil que se ve afectada por la variabilidad y composición de la ración. Por ende, la obtención de forrajes de alta calidad, su clasificación y caracterización son de suma importancia para que el nutricionista elabore las raciones y, junto con el equipo del campo, se vayan realizando los ajustes manteniendo un balance óptimo de nutrientes.

El orden de carga desempeña un papel crucial en el proceso y dependerá de la composición de la ración. Inicialmente, se debe cargar los materiales más ligeros y voluminosos, como la paja, el heno y los henilajes. A continuación, se añaden los ensilajes de pradera (ya sea en forma de parvas o bolos) o el ensilaje de maíz. Luego, se procede a cargar los ingredientes más densos y pesados, como los concentrados, las materias primas, los aditivos y las sales minerales. En caso de agregar agua, esta debe incorporarse antes que las sales minerales y/o aditivos. La mezcla resultante debe ser homogénea y se debe asegurar un tiempo suficiente para su adecuada integración, garantizando así que los animales consuman los ingredientes en las cantidades y proporciones adecuadas (ver figura 1).

En 2007, un análisis realizado por el Instituto Miner, identifico una relación entre el tiempo de descanso y la producción de leche: cada hora de aumento en el descanso, resulto en un aumento de 1,7 kgs de producción de leche.

La Tabla 1 muestra que las vacas en el tratamiento con fibra de alta digestibilidad tuvieron aproximadamente 45 minutos menos para comer, pero consumieron 2,26 kgs más de alimento en comparación fibra de baja digestibilidad.

Los animales con una dieta poco digestible pasaron más tiempo comiendo para reducir el tamaño de las partículas y más tiempo masticando debido a la estructura de la fibra. Por lo que existe una relación entre la calidad del forraje y el tamaño de las partículas con potencial para mejorar el rendimiento de la leche cuando los forrajes de menor calidad se pican más finos.

La etapa final de este proceso es el suministro en los comederos, un paso igualmente crucial que requiere una atención meticulosa. Es fundamental garantizar que el alimento se entregue de manera adecuada, evitando exceder la capacidad máxima del comedero; en caso contrario, se recomienda dividir la ración en dos porciones. Es imperativo realizar una revisión diaria del comedero para monitorear el consumo de alimento. Este seguimiento proporciona información valiosa, ya que un excedente sobre el 5% de la ración total indica un suministro excesivo de alimentos. Por otro lado, si el comedero queda vacío, es necesario ajustar la cantidad de comida entre un 3 a 5% para asegurar que el animal complete su capacidad de consumo y satisfaga sus necesidades nutricionales del ganado. Ambos escenarios requieren un control riguroso, dado que impactan directamente en los resultados productivos del rebaño, contribuyendo a maximizar la producción y la rentabilidad del sistema ganadero.