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Parámetros para evaluar la sanidad mamaria
Las enfermedades asociadas a la salud mamaria involucran directamente la rentabilidad del predio, ya que impactan en la producción de leche en cantidad y calidad. Esto termina resultando un problema tanto para la industria como para el productor, afectando directamente en las pautas de pago. Silke Engels, para referirse al impacto que tienen las enfermedades en la rentabilidad, citó el concepto de One Health (Una Salud). Este concepto hace referencia al esfuerzo multidisciplinario que se lleva a cabo para enfrentar la salud de los animales, las personas y el planeta.
“Una de las tareas más grandes que tenemos es la de bajar la cantidad de antibióticos que estamos usando en la ganadería. Un gran porcentaje de los antibióticos que se usan se destinan a las mastitis y salud mamaria”.
No hay que perder de vista que los consumidores están muy interesados en estos temas y por ende, se están informando. Lo primero que se hace al trabajar en salud mamaria en un predio es fijar parámetros y registros. Para esto hay que hacer un diagnóstico que incluya rutina de ordeña, revisar que se encuentren bien diseñadas y si se lleva a cabo de forma adecuada. “Luego vemos el período de transición, el preparto, el protocolo de parto, traslado de vacas a la sala y el ingreso de la vaca recién parida a la lechería”.
5 parámetros claves aplicables
Recuento de células somáticas del rebaño: Hay que hacer un recuento individual por vaca, también conocido como control lechero, que no es reemplazable por el California Mastitis Test. Este trabajo de recuento de células somáticas, entrega una información de mucho valor a la hora de tomar decisiones interpretando los datos obtenidos. Cuando un predio dice que tiene un promedio de 180 mil células somáticas en leche entregada a planta, aparentemente está bien; sin embargo, hay que ir más allá de ese dato. Para evaluar con precisión lo que pasa en el predio hay que tener un recuento total del rebaño tomado en todos sus cuartos. La meta es ir a las 100 mil células somáticas, que es una meta posible.
Bajas en producción: Otra de las recomendaciones es analizar la leche que no se produce. Para esto hay que tener en cuenta que una vaca con una ubre con RCS alto, está enferma. Por ende, no produce y es una pérdida enorme en litros y en rentabilidad.
Porcentaje vaca sana: Cuando se recibe el resumen del informe, debemos analizar cuántas vacas están bajo 100.000 células somáticas y cuántas por encima de ese número. Luego de analizarlo obtenemos un promedio que debiera de ser de un 60% sobre los valores indicados. “Predios muy buenos están sobre el 90%. Los parámetros se pueden ir mejorando y es posible hacerlo.”
Porcentaje de nuevas infecciones: Se comparan los controles lecheros y se ven las vacas que ingresaron bien, haciéndoles un seguimiento mensual que se evalúa y en base a eso, hacer los ajustes necesarios. La meta debería ser un 3%.
Porcentaje vaquilla recién parida sana: Se mide cómo entra la vaquilla a la sala y se le hace un primer recuento de células somáticas. Como se trata del futuro de la lechería y de toda su vida productiva por delante, es importante lograr una meta del 90% de ingreso sano a la lechería. Hay que tener cuidado con las camas para evitar infecciones, menciona “Silke Engels”.
Tasa de recuperación al secado: Capacitar al equipo de trabajo es vital para que la terapia de secado sea bien aplicada. La meta que debemos lograr es llegar a un 60% de tasa de recuperación. Estudiar este parámetro nos da la posibilidad de mejorar, analizando cuál es la terapia adecuada para el predio y el rebaño.
“Estos parámetros no son difíciles de alcanzar: si cumplimos con una excelente salud mamaria, más allá del resultado económico, lo agradecerán las vacas, el planeta y nosotros mismos. El control lechero permite evaluar de manera amigable la salud mamaria de un rebaño, úsenlo. Es un trabajo constante que nos obliga a ser persistentes”.
Mycoplasma: ¿un patógeno mamario emergente en el sur de Chile?
Armin Mella, académico e investigador de la Universidad Austral de Chile, encargado del laboratorio de mastitis bovina de la UACH, expuso sobre los mycoplasmas, donde la describe como una bacteria sin pared celular, entre las cuales se encuentra la M.bovis, que causa neumonía enzoótica, mastitis y otitis. En una lechería hay que saber establecer si la fuente de infección viene de una vaca crónica infectada.Si sospechamos la presencia de esta bacteria, se debe prestar atención a signos clínicos como: vaca coja con una articulación inflamada; cuadros de mastitis con múltiples cuartos inflamados, dolor, zonas calientes y refractariedad al tratamiento. Los signos clínicos en terneros y terneras pueden verse en infecciones de oídos, neumonías, conjuntivitis, encefalitis y gastritis, y también cojeras con articulaciones hinchadas.
El patógeno llega al rebaño por la introducción de vacas portadoras de Mycoplasma. Esta es altamente contagiosa, se transmite por aerosol y frente a esto debemos evitar el consumo de leche de descarte. “Eso perpetúa la infección del rebaño de los terneros, generando cuadros de neumonía”, resumió Armin.
En el caso de las mastitis, el mycoplasma puede provocar del tipo clínica como también aumento de casos resistentes a terapia antibiótica; casos que involucran múltiples cuartos; rápida disminución de producción de leche y el aumento de recuentos de células somáticas.“Hay que estar atentos a los aumentos de neumonías, que irán acompañados de mastitis por mycoplasma”.El diagnóstico se puede hacer vía cultivos, pero en Chile, todavía hay pocos laboratorios que puedan hacerlo. No existe una forma de tratamiento eficaz la terapia con antibióticos no es viable.
Si hay mycoplasma en el rebaño, se recomienda identificar los animales para hacerles un cultivo, y si hay algunos sospechosos, hay que proceder a segregar y ordeñar al final. Otra opción es la separación por hospital o enfermería, por eso hay que tener cuidado con la vaca recién parida. El diagnóstico precoz puede ser mayor al 30% antes de que se logre controlar la infección. El objetivo es tener una vaca sana.
En una epidemia en algunos estados de Estados Unidos, se mantuvo la tendencia al aumento en Wisconsin en rebaños positivos a mastitis por mycoplasma. En Chile, no es un patógeno nuevo y se ha estado haciendo investigaciones por el grupo de trabajo desde el año 2000. Mella informó sobre un brote que se registró en 2 rebaños del sur de Chile en 2019, publicación que está preparando para una revista científica. El estudio analizó un predio con 1500 vacas en Bio Bio, rebaño abierto; y, otro en Los Ríos, con 2.000 vacas, rebaño cerrado. Esto se analizó en laboratorio y arrojó la presencia de 26% y 15,7% en las muestras, que muestran que está presente en el sur de Chile.
“Los resultados podrían ser explicados por el tipo de riesgo. M. Bovis fue encontrado es necesario ir avanzando en identificación y secuenciación. Hoy todavía hay pocos datos para saber si el mycoplasma es o no un patógeno emergente, por lo que será necesario hacer estudios de prevalencia para definirlo”.