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Masajes y música clásica en un tambo en Cataluña
En “Can Ribas”, un tambo familiar en la comarca catalana de La Selva que colabora desde hace más de trece años con Danone, los animales disfrutan de un trato digno y respetuoso, además de francamente compasivo. Las 400 inquilinas de este tambo modelo, 200 vacas adultas y 200 terneras, reciben masajes y escuchan música clásica mientras se alimentan de forraje, cebada y maíz y se mueven con bastante libertad por los prados o se cobijan del sol matinal en amplios cobertizos de techos altos, sin estrecheces, incomodidades ni hacinamiento.
Tal y como muestra su propietario Josep María Ruiz –hijo, nieto y bisnieto de ganaderos y agricultores que llevan en el negocio desde 1936–, sus vacas no rehúyen el contacto humano ni muestran inquietud de ningún tipo, uno de los indicadores de bienestar animal que tiene en cuenta la ONG, Compassion In Global Farming, cuyos protocolos sigue este tambo. Para Ruiz, nada de esto es una frivolidad ni un lujo excéntrico. Ni la música, ni los masajes ni una dieta que incluye dos tercios de pastos de producción propia, a la que se añaden ingredientes grasos y proteicos que complementan su alimentación, ni el completo programa de seguimiento informático y asesoramiento veterinario. Se trata, además de una exigencia ética y un acto de compasión necesaria, de “un buen negocio, porque repercute, y mucho, en la calidad final de la leche que producimos”.
En los últimos meses, “Can Ribas” ha recibido el reconocimiento a la mejor explotación catalana de 2019 en los IX Premios Ganaderos, galardones concedidos por Danone a las granjas familiares que más apuestan por la innovación y la mejora gradual de sus protocolos de trazabilidad, sostenibilidad y calidad de producto. Además, Danone convirtió a Ruiz y su familia en actores por un día, al protagonizar su programa televisivo “Granjas familiares”, un canto a los placeres y las pequeñas servidumbres cotidianas de la vida rural que fue rodado en Can Ribas. Josep María y sus hijos de tres y cinco años se limitaron a interpretarse a sí mismos en el entorno en que crecieron, y con el que sienten una conexión que va más allá del simple arraigo.