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COLINA PROTEGIDA Nutriente esencial para las vacas lecheras en transición
El hígado graso, o lipidosis hepática, es un trastorno metabólico relativamente común, que puede presentarse en hasta el 50% de las vacas durante el período de transición (Jorritsma et al., 2001) y que compromete su salud, producción y reproducción. Por estos motivos, en los últimos años se han hecho grandes esfuerzos por desarrollar estrategias nutricionales que prevengan este trastorno, dentro de las que destaca mejorar la exportación de triacilgliceroles (TAGs) desde el hígado a través de un incremento en la síntesis de lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL).
Una manera eficaz de lograr esto es aportando colina protegida en la dieta, un nutriente requerido para la síntesis de VLDL, pero que es ampliamente degradado por los microorganismos ruminales cuando es consumido en una forma no protegida y que la vaca no es capaz de sintetizar en cantidades suficientes en períodos de gran demanda. Pero ¿qué dice la ciencia acerca de los beneficios de suplementar colina protegida de la degradación ruminal (CRP) en la dieta de las vacas?
Colina protegida y Lipidosis hepática
Según Cooke et al., (2007), suministrar CRP puede prevenir y posiblemente aliviar el hígado graso en vacas lecheras, ya que al incorporar 15 g/d de CRP (60 g/d de ReaShure®) en la dieta, durante un período de balance energético negativo (BEN) en el que se indujo lipidosis hepática, se observó una disminución en la concentración plasmática de NEFAs (703 vs. 562 µEq/L) y en la acumulación hepática de TAGs (Figura 1a). Además, aportar igual dosis de CRP durante el período de balance energético positivo posterior a la inducción de hígado graso, condujo a una mayor exportación de TAGs desde el hígado (Figura 1b).

Posteriormente, Zom et al. (2011) determinaron que suplementar 60 g/d de ReaShure®, desde la 3ª semana preparto hasta la 6ª semana postparto, redujo la acumulación de TAGs en el hígado durante las primeras 4 semanas de lactancia (Figura 2). Debido a que en este estudio las concentraciones plasmáticas de NEFA y βHB y la condición corporal (CC) de las vacas no se vieron afectadas, se estableció que la colina no alteró la movilización lipídica ni la producción hepática de βHB y se sugirió que la disminución de los TAGs hepáticos podría atribuirse a una mayor síntesis de VLDL y un subsecuente aumento en la exportación de TAGs desde el hígado.

Colina protegida: requerimientos en vacas lecheras
Sin embargo, los requerimientos de colina para vacas lecheras aún no han sido claramente establecidos (NRC, 2001) y todavía se estudia cuál es la cantidad óptima que se debe suministrar para reducir el acúmulo de TAGs en el hígado. Por ejemplo, Zenobi et al. (2018) evaluaron recientemente los efectos de suplementar la dieta de vacas multíparas, preñadas y no lactantes con 0, 30, 60, 90 o 120 g/d de Reashure® durante un período de 15 días. En los primeros 5 días, las vacas consumieron una dieta que satisfacía o excedía ligeramente sus requerimientos nutricionales al ser ofrecida ad libitum (período AL; balance energético positivo) y luego, entre el día 6 y 15, se restringió el consumo de energía al proporcionar una dieta que cumplía con el 32% del requerimiento energético de las vacas (período R). Esta estrategia se usó para crear un estado de BEN similar al que las vacas experimentan en el inicio de la lactancia, forzando la movilización de tejido adiposo e incrementando consiguientemente el acúmulo de TAGs en el hígado.
Los resultados indicaron que la cantidad de TAGs depositados en el hígado durante el período AL no se vio afectada por la dosis de CRP, y sus valores estuvieron dentro del rango esperado (~2% de la MS tisular) para vacas lecheras gestantes, no lactantes y bien alimentadas. No obstante, la restricción de alimento (período R) incrementó en 7 veces la concentración hepática de TAGs (de 2,5 a 17,5% base de MS), la que se redujo en forma lineal al suplementar cantidades crecientes de CRP (Figura 3). De esta manera, se demostró que incorporar CRP en la dieta mejora el metabolismo de los lípidos en el hígado, siendo su efecto dependiente de la dosis.
Colina protegida: efectos en la salud y producción
Considerando que la lipidosis hepática predispone a otros trastornos metabólicos y enfermedades, la disminución en los TAGs hepáticos observada al incluir CRP en la dieta sugiere que esta también tendría el potencial de mejorar la salud y producción de las vacas. En este contexto, Lima et al., (2012) reportaron que suplementar la dieta de vacas primíparas y multíparas con 15 g/d de CRP (60 g/d de Reashure®) entre los días 25 preparto y 80 postparto, redujo la incidencia de cetosis clínica, los casos de mastitis por vaca y la morbilidad general (retención de placenta, metritis, cetosis clínica, desplazamiento de abomaso y mastitis) (Tabla 1), por lo que se propuso que el aporte de CRP es crítico cuando hay una movilización extensa de lípidos, tal como ocurre en el período de transición.
Recientemente, Zenobi et al. (2018) examinaron el efecto de la colina protegida en vacas lecheras alimentadas con dietas preparto formuladas con energía en exceso (EXE) o para mantención (MNE) (1,63 vs 1,40 Mcal de ENL/kg de MS, respectivamente), y que recibieron 0 (-CRP) o 60 g/d de ReaShure® (+CRP) entre los días 21 preparto y 21 postparto. En este caso, el suministro de CRP tendió a mejorar la producción de leche y sus componentes, sin elevar la ingesta de materia seca, ni verse afectada por el aporte de energía durante el período previo al parto (Tabla 2). Como consecuencia, el balance energético de las vacas +CRP fue más negativo en la 2ª (-8,9 vs. -6,6 Mcal/d) y 3ª (-11,4 vs. -8,7 Mcal/d) semana postparto, pero no generó diferencias en el peso y CC de las vacas, ni en las concentraciones plasmáticas de ácidos grasos, βHB, glucosa e insulina, por lo que los investigadores sugirieron que la mayor eficiencia en la producción de leche podría deberse en parte a una mejor utilización de los nutrientes del alimento.

Por otro lado, en la 1ª semana postparto, las vacas +CRP tuvieron una mayor concentración promedio de calcio plasmático (tCa) (8,7 vs. 8,4 mg/dL) y una menor prevalencia de hipocalcemia subclínica (25,5% vs. 10,5%) en comparación con las vacas -CRP. A su vez, se registraron diferencias en la tCa los días 0 y 3 después del parto, revelando que la homeostasis del calcio se restableció en una mayor cantidad de vacas al 3er día postparto cuando se suplementó CRP (Figura 4).
Otros beneficios de suministrar CRP incluyeron un incremento en la concentración de IgG en el calostro (86,9 vs. 68,2 g/L), una tendencia a una mayor concepción en la primera inseminación (41,3 vs. 23,6%) y un mayor peso en las vaquillas nacidas de vacas +CRP que en las nacidas de las vacas -CRP a los 300 días de edad (335 vs. 321 kg), lo que tendió a resultar en una mayor ganancia diaria de peso entre el nacimiento y los 300 días de edad (0,85 vs. 0,81 kg/d). Todos estos efectos fueron independientes de la ingesta calórica preparto, y respaldan los beneficios de aportar CRP en la dieta de las vacas en transición.
En resumen, suplementar CRP reduce la acumulación de TAGs en el hígado, previniendo y aliviando la lipidosis hepática en vacas lecheras. Sin embargo, este efecto depende de su dosis, observándose una disminución lineal en la concentración de TAGs hepáticos al aportar cantidades crecientes de CRP. Además, el suministro de CRP disminuye la incidencia de enfermedades, incrementa la producción de leche y sus componentes y tiene otros beneficios, por lo que resulta evidente su potencial para mejorar la salud, productividad y bienestar de las vacas lecheras.