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¿Cómo alcanzar la excelencia en la conservación de forrajes?

¿Cuáles son las prácticas clave para garantizar la calidad nutricional de los ensilajes utilizados en la alimentación de las vacas?

Al hablar de calidad de ensilajes me gusta siempre comenzar con la premisa que dice “ningún proceso de conservación de forrajes mejora la calidad del forraje verde original” de este modo, el tipo de forraje a cosechar ya sea pasturas, leguminosas o incluso maíz juegan un papel fundamental sobre la calidad final del ensilaje. Este aspecto se relaciona directamente con la facilidad para fermentar o aptitud fermentativa de la materia prima. A grandes rasgos esta se define por tres parámetros, el contenido de humedad, contenido de Carbohidratos (Chos) no fibrosos y capacidad buffer.

El contenido de humedad se relaciona directamente con el estado fenológico de la planta al momento de la cosecha, en donde plantas en estados juveniles presentan muy buena calidad, pero niveles muy bajos de materia seca (MS) (< 15%). Por el contrario, en la medida que avanza la fenología la planta se torna un poco más indigestible, pero con niveles de MS que le permiten ser ensilada sin problemas. Forrajes con niveles menores a 20% de MS tienen mayor riesgo de fermentaciones no deseadas por la dilución del ácido láctico en el agua, generando valores pH en los cuales pueden proliferar por ejemplo Clostridios.

Por su parte, durante el ciclo de vida de la planta el contenido de Chos no fibrosos sigue un patrón de campana de Gauss, que junto a la acción de las bacterias son los precursores de la formación de los ácidos que permitirán la conservación. De este modo en la medida que la materia prima sea rica en Chos, más rápido y eficiente será el proceso de fermentación.

La capacidad buffer es muy dependiente de la especie a ensilar y se define como la resistencia del forraje a cambiar su pH. En general las gramíneas tienen una menor capacidad buffer que las leguminosas, siendo explicado por el mayor contenido de proteína y escasos azúcares presentes en las legumbres.

De este modo, la interrelación de estos tres factores guía en gran medida la fermentación, siendo la planta ideal para ensilar aquella que presente un alto contenido de Chos, MS entre 30 – 35 % y de baja capacidad buffer.

Un segundo factor de incidencia sobre la calidad es “que tan bien se realizó el proceso de cosecha” o comúnmente llamado técnica de ensilado. Este punto es totalmente dependiente del tipo de tecnología adoptada para hacer la conservación y además de las condiciones ambientales del momento en que se realice la cosecha. El corte y posterior picado es clave para favorecer la colonización del forraje por las baterías y así aumentar el acceso a los Chos. Hay que considerar que el tamaño de picado reduce su importancia al tratarse de forrajes con bajo contenido de MS. La compactación de la masa a ensilar es fundamental para generar un ambiente anaeróbico y favorecer la acción de las bacterias Ac. Lácticas. El tiempo de llenado es importante ya que una vez que la planta es cortada esta sigue respirando y gastando energía en ese proceso hasta que se genera la anaerobiosis. Otro aspecto relevante y que pone fin al proceso corresponde al sellado del silo, este es muy importante ya que es el encargado de evitar el contacto del oxígeno con la masa ensilada. De este modo se evitan pérdidas de MS por malas fermentaciones y/o pudriciones.

¿Qué avances tecnológicos han tenido un impacto significativo en la conservación y almacenamiento de forrajes en los últimos años?

Como tecnologías en materia de conservación de forrajes mediante ensilaje un aspecto que ha permitido hacer los procesos de manera más rápida y eficiente son los avances en términos de maquinaria que cada vez son más comunes en la zona ya sea de empresas de servicios agrícolas o en los mismos campos. Esto ha permitido obtener una técnica de ensilado mucho más prolija asegurando un mejor picado del forraje lo que se traduce en muchos casos en una mejor compactación y además permite un mejor aprovechamiento por parte de los animales. En cuanto a la compactación el hecho de contar con tractores de mayor tamaño y peso permite tener una mejor compactación. Por otro lado, la rapidez con la que se puede terminar la faena es mayor, permitiendo acotar la duración de las faenas y aprovechar ventanas de tiempo que antiguamente eran impensables.

Desde una mirada más bioquímica los avances en los aditivos biológicos que hoy en día se utilizan en la elaboración de ensilajes han permitido generar alimentos de mayor estabilidad aeróbica y reducir las pérdidas por putrefacción. Si bien los aditivos no pretenden generar directamente un ensilaje de mejor calidad lo hacen indirectamente mejorando el proceso de fermentación encaminando el proceso con cepas específicas de bacterias. Dentro de las más conocidas Lactobacillus Plantarum (homofermentativa) es quien comienza en todos los procesos fermentativos ácido lácticos hasta que el medio se torna poco amigable para ella, dando paso a Lactobacillus Buchneri (heterofermentativa) quien tolera mejor los ambientes con pH más bajo reduciendo el impacto aeróbico una vez abierto el silo. Pese a que estas bacterias se encuentran de manera natural en el ambiente, el hecho de agregarlas en mayor concentración al forraje permite acelerar el proceso de fermentación ácido láctica estabilizando más rápido el silo (pH < 4,2) y reducir las pérdidas por proteólisis e hidrólisis típicas de ensilajes de lenta y mala fermentación.

El uso de sub-film en complemento al típico polietileno rígido que históricamente se ha usado para sellar los silos. Los sub-film son pliegos de plástico de escasas micras (40μ) que se ubican en la parte superior del silo bajo el sello de polietileno y están especialmente diseñados para para adoptar todas las irregularidades del silo y así evitar la formación de bolsas de aire, que de estar presentes se traducen en las típicas pérdidas superficiales en los primeros 10-25 cm.

¿Qué estrategias específicas se recomiendan para optimizar la utilización de las reservas forrajeras durante la temporada de escasez de pasto?

A principio de cada temporada es importante realizar un balance forrajero donde por un lado se considere el requerimiento de forrajes de acuerdo con el número de animales a alimentar y por otro lado el suministro de alimentos ya sea praderas, cultivos suplementarios y forrajes conservados. En primera instancia es importante cumplir con el requerimiento de volumen necesario para pasar la temporada y luego si es posible preocuparse por la calidad de los alimentos seleccionados. Respecto a los forrajes conservados como ensilaje uno de los parámetros más importantes y que se relaciona directamente con el consumo y utilización del forraje es el contenido de nitrógeno amoniacal (NH3), mientras mayor sea el nivel de NH3 más pobre será la calidad de la proteína y menor la palatabilidad del ensilaje. Este parámetro se estima en laboratorio y mide la proporción de NH3 respecto al nitrógeno total (NT). Se ha determinado experimentalmente que este valor debe ser inferior a 5% para asegurar que la fermentación fue buena y no generar una baja en el consumo de MS por los animales.

De este modo para no tener niveles altos de NH3 se deben tener en consideración aspectos como los siguientes:

• Realizar la cosecha del forraje al menos 50 días después de realizar una fertilización nitrogenada (evitar altos niveles de nitrógeno no proteico en el forraje).

• En praderas en estado vegetativo (alto contenido de proteína cruda) optar por el sistema de cosecha premarchito.

• Utilizar inoculantes biológicos para permitir una rápida fermentación inicial y evitar la proteólisis durante la primera etapa de la fermentación.