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El heno, ¿qué tan bueno es?

Alimentar con heno (forraje, fardo, rollo, paja, etc) a los terneros lecheros antes del destete sigue siendo no del todo claro. Esto genera confusión y debate, donde hay que tener en cuenta; tanto factores fisiológicos como prácticos de implementación. Las posiciones son tan extremas como quienes piensan que hay que suministrar solamente heno hasta quienes consideran que no hay que suministrarlo ¿Debería suministrar heno antes del destete? Si la respuesta es sí, ¿cuándo, cuánto, cómo y de qué tipo? Antes de responder estas preguntas hay que entender cuál sería la razón fisiológica del consumo de heno por parte de los terneros y cuál es el impacto en el desarrollo de la ternera y del rumen en particular.

El rumen y sus estructuras funcionales (papilas ruminales) para desarrollarse necesitan energía, no cualquier energía, si no la que se provee a través de dos productos de la fermentación ruminal. Los ácidos grasos volátiles (AGV) propiónico y butírico son los dos compuestos necesarios para desarrollar estas estructuras. Estos dos AGV son productos de la fermentación de almidones y azúcares básicamente. Por esta razón es muy importante el suministro de alimento iniciador donde debe haber una cantidad adecuada de estos componentes para que haya una fermentación adecuada que provea de suficiente energía al rumen. El heno fermenta principalmente ácido acético y en una cantidad limitada. Entonces el heno no puede proveer el tipo ni la cantidad de energía que requiere el rumen. Teniendo en cuenta lo expuesto hasta aquí, las terneras podrían ser alimentadas solo con alimento iniciador como alimento sólido hasta el destete como sugieren algunos técnicos y como lo hacen muchos productores, pero sabemos que esto no es lo ideal. Entonces, ¿cuál sería la razón para suministrar heno? La función del heno dentro de la dieta de una ternera pre-destete la podemos dividir en dos, física y química. La función física tiene que ver con la acción de raspado de las fibras del heno sobre las paredes del rumen evitando la acumulación de iniciador en proceso de digestión y la queratinización de las papilas ruminales. Con esto se favorece el desarrollo y funcionamiento de estas estructuras. La función química tiene que ver la estimulación del masticado y la rumia donde se incrementará la producción de saliva, y a través de esta generar un efecto tampón para evitar eventos de acidosis en ese rumen en desarrollo.

Por otro lado, un buen manejo del heno puede ayudar a estimular en una forma segura el mayor consumo de alimento iniciador y por ende el desarrollo ruminal.

Podríamos concluir hasta aquí con relación al desarrollo del rumen que: El alimento iniciador es el responsable del desarrollo del rumen y el heno contribuye a la seguridad de este desarrollo.

¿Cuánto, cuándo, cómo y de qué tipo?

La primera pregunta tiene una respuesta independiente de las otras tres. Desde el inicio del suministro hasta el momento donde el alimento iniciador se deja de suministrar a voluntad, la cantidad de heno debe ser igual al 10% del consumo del alimento iniciador. Las otras tres preguntas tienen respuestas entrelazadas, pero no únicas. El cuándo tiene relación con la forma y cantidad de suministro (también con el tipo de sistema de alojamiento). Si el heno va a ser suministrado en una cantidad restringida controlada, este se puede suministrar desde la primera semana de vida. Sin embargo, la recomendación preferible es comenzar el suministro a partir de los 40 días de vida favoreciendo el consumo de alimento iniciador el primer mes y medio de vida, y recién introducir el heno cuando sea más fácilmente digerible y aporte las funciones de seguridad. Cuando la cama de los terneros sea paja va a ser necesario ofrecer heno desde el inicio.

En relación con el cómo, aquí otra vez nos encontramos con respuestas totalmente encontradas, ¿solo o mezclado con el alimento iniciador? Esto tiene que ver con controlar el consumo y en este sentido lo ideal es ofrecerlo picado (2-3 cm) y mezclado en una proporción del 10% con el alimento iniciador. Obviamente esto se encuentra con la limitación de la disponibilidad de herramientas para picar el forraje y el trabajo que esto implica. Una ventaja adicional de picar el forraje es una mejor economía de este alimento y el ahorro que genera puede justificar las inversiones necesarias para su procesamiento. Ofrecer el forraje aparte y/o entero nos va a dificultar el control de la ingesta de este.

Cuando hablamos del tipo de forraje, no es necesario que el forraje sea de alta calidad. De hecho, se recomienda el forraje de calidad media, por lo que los terneros no eligen el forraje sobre el grano, lo que reduciría su ingesta energética. Lo que buscamos en este forraje es el aporte de efectos físicos en el rumen y estimulación de la rumia, por lo que es preferible paja o heno muy fibroso (muy bien conservados).

En resumen, el forraje es muy importante para el desarrollo del rumen, pero debe ser ofrecido de forma tal que nos aseguremos un consumo limitado para generar los efectos deseado y que no interfiera en el consumo del alimento iniciador, principal responsable del desarrollo del rumen.