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La vaca en la revolución agrícola, la literatura y la mitología

El mundo de las vacas

Desde tiempos antiguos, en la India, las vacas son consideradas un animal sagrado. Se dice que Krishna, la octava encarnación del dios Visnú, creció dentro de un rebaño bovino. Esto lo hizo pastor y protector de las vacas, razón por la cual, según esta visión, el mundo está repleto de ellas. Krishna vivía en la tierra de la plenitud, la riqueza y la belleza natural. En sánscrito, este lugar se llamó Goloka, que significa, el “mundo de las vacas”. Esta singular relación con la figura de la vaca ha permanecido, entre los indios, prácticamente intacta, hasta nuestros días. Hoy gran parte de la población de dicho país las considera un animal sagrado y no las mata para comerlas. Por otro lado, en el más antiguo texto sagrado indio, el Rig-Veda, la presencia vacuna aparece constantemente como parte de los himnos sánscritos dedicados a los dioses. En estos textos se refieren a la vaca como aghnya, cuya aproximada traducción sería “aquello que no puede ser sacrificado”.

Una vaca llamada serpentina

Una serie de eventos desfavorables, sucedidos a una familia rural mexicana, es narrada a partir de que la Serpentina –una vaca “con una oreja blanca y otra colorada de muy bonitos ojos”–, desaparece arrastrada por el río. El suceso, como si fuera un mal augurio, es una expresión del simbolismo que se le ha dado en México a estos animales. Esta particular vaca funcionará como hilo conductor de este conmovedor cuento titulado: “Es que somos muy pobres”, parte de “El llano en llamas” de Juan Rulfo.

La Vaca Independiente

Un personaje clave en la historia de la gráfica mexicana fue, sin duda, Abel Quezada. Este multifacético artista retrató y criticó, a través de sus caricaturas, pinturas y textos, la compleja y fascinante realidad mexicana. Quezada incursionó en la pintura de forma autodidacta a una edad avanzada, y su obra pictórica, principalmente enfocada en el retrato y el paisaje, se caracteriza por una simplicidad de trazo y un deslumbrante uso del color.

Una pieza poco conocida pero profundamente singular del autor regiomontano es “La vaca independiente” (1979), óleo sobre tela de gran formato que retrata una vaca de perfil; tonos claros en colores café, amarillo y blanco, sobre un suelo oscuro y un fondo neutro. La vaca mira hacia el extremo izquierdo, contemplativa, tierna, sorprendida y solitaria. En el extremo superior derecho de la composición se asoma un artefacto (como aquellos que alguna vez fueron usados para identificar las barberías), un cilindro giratorio bicolor azul y rojo. La pintura posee una belleza enigmática, casi absurda y aparentemente ingenua, que invita a descifrar los mensajes trazados en ella. El trabajo de Quezada y particularmente esta obra de arte, fungieron como inspiración y detonador para el proyecto de difusión cultural La Vaca Independiente.