Publicaciones Infortambo
Los desafíos que nos esperan
Desde tiempos inmemorables el ser humano ha tenido curiosidad por conocer el futuro. Evitando entrar en cuestiones esotéricas, la habilidad para predecir acontecimientos o cambios inesperados permite desde el punto de vista productivo aprovechar un determinado efecto positivo o minimizar el impacto de uno negativo como cambios de precios, movimientos de los mercados, etc. Estudios recientes en psicología muestran que existen personas con una extremada capacidad para predecir ciertos eventos trascendentales de la historia. Si bien parecería haber componentes genéticos y cognitivos actuando de forma conjunta, una característica común a todos los casos estudiados es la “apertura mental” (Philip Tetlock, Universidad de Pensilvania). Esta mayor apertura no debería ser analizada desde lo ideológico sino más bien desde el punto de vista de la psicología donde el significado se refiere a una mayor capacidad para lidiar con la incertidumbre. Abordar una problemática desde distintos planos ayudaría a estas personas a evitar ideas preconcebidas al obtener nuevos datos. Esto último es clave: a mayor cantidad de datos mayor cantidad de aciertos. Y esto implica no solo los provenientes del área de estudio, implica estar abierto a otras áreas, incluso aquellas que a priori no parecen estar relacionadas. ¿Qué tiene que ver esto con la lechería? Intentemos imaginar la finca del futuro…
Un punto de partida
Usualmente cuando discutimos la finca del futuro nos centramos en nuestro conocimiento (o desconocimiento) de los mercados. Intentamos predecir cuáles serán los precios futuros basándonos en datos históricos y sobre todo en aquellos cuya ventana temporal es más cercana a la actualidad. Otro componente importante es el conocimiento que tengamos sobre por ejemplo, los costos de los insumos como la alimentación y los factores que afectan la productividad (clima, calidad de la tierra, genética, etc.). Este tipo de análisis nos lleva generalmente a la discusión entre sistemas de producción donde para algunos los sistemas de alta producción son más beneficiosos –por diluir costos fijos, igualar ingreso y costo marginal, maximizar el ingreso–, mientras que otros sostienen que los pastoriles tienen más resiliencia ante cambios en los mercados debido a su menor costo de producción. ¿Pero qué nos dicen los datos previos?

Qué dicen las gestiones CREA
Desde hace diez años el Área de Lechería de CREA analiza las gestiones físicas y económicas de las fincas del Movimiento. Aquellas empresas que presentan gestiones de forma consistente a través de los años son enroladas en una base de datos que permite comparar no solo entre empresas sino la evolución de los distintos sistemas a lo largo del tiempo. El objeto es identificar variables claves relacionadas con el resultado a través de los años, es decir, predecir el resultado en función de las variables puestas en juego. Sin entrar en detalles, una de las implicancias más importantes de este trabajo es que no existe un sistema superior a otro en términos económicos. Dentro del cuartil superior de empresas con mejor Resultado (dólares/ha/ año) conviven planteos pastoriles y producciones individuales medias como así también otros más intensivos. No obstante, es necesario remarcar que en todos los casos es condición consumir altas cantidades de alimento por hectárea, en el primer caso de pasturas y en el segundo de silajes y concentrados. Además también es necesario mencionar que todos estos planteos son en el marco de altas cargas animales. Para cerrar con este punto, en el Cuadro 1 se muestran las características de las diez mejores fincas de la base ISOTAMBO, ubicados por resultado por producción en los últimos nueve años. A simple vista se observa que entre los mejores conviven empresas con estrategias de producción muy diferentes en términos de carga animal, producción individual, uso de concentrados y pastura, etc. Como conclusión podemos mencionar que no existen sistemas superiores a otros en términos económicos, al menos cuando se analizan datos reales a lo largo de los últimos años. Otras variables de difícil cuantificación como ser el nivel de gerenciamiento, habilidades comerciales, gestión de las personas, etc., parecen tener un alto impacto en el resultado final de las empresas.
¿Qué pasa con la estabilidad de los sistemas?
Usualmente enfocamos los análisis de los sistemas productivos en el resultado económico pero poco se habla de cuán estables pueden ser con respecto a la variabilidad climática, económica o de otra índole. Utilizando la misma base de datos ISOTAMBO se realizó un análisis de correlación para identificar aquellas variables que se relacionan con una mayor estabilidad económica a lo largo de los años (Cuadro 2). En líneas generales se puede mencionar que altos niveles de litros libres de suplementación/ha, carga animal, consumo de pastura (por VT/día y por ha/año) y consumo total son características asociadas a las fincas más estables en términos de resultado económico. Contrariamente, tener un alto nivel de concentrado por litro es un factor de riesgo que puede repercutir sobre la estabilidad económica.
¿Y esto es todo?
Sin dudas los números del negocio seguirán influyendo de forma significativa para determinar los cambios en los sistemas de producción y así ha venido siendo desde siempre. ¿Pero es esto suficiente al día de hoy si queremos imaginarnos el futuro de la lechería? El negocio lechero está cambiando drásticamente.

Diferentes corrientes, desde los veganos hasta los ambientalistas, cuestionan no solo la calidad de los lácteos sino la forma en que se producen. Gran parte de estos cuestionamientos se basan en conceptos erróneos o al menos cuestionables. Otros, como ser el bienestar animal y la cuestión ambiental, deberían ser tenidos más en cuenta por parte de los productores y la industria. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos que puedan hacerse por informar a los consumidores, estas tendencias seguirán existiendo y acrecentándose cada vez más. Existe evidencia por otra parte, que un mayor conocimiento de la actividad no necesariamente implica una mejora en la percepción de los consumidores. Trabajos llevados a cabo en Canadá han demostrado que personas a las cuales se les había encuestado previamente a la visita a una finca no solo no cambiaron su percepción negativa sobre algunos aspectos productivos sino que los acrecentaron. Es probable entonces que no necesariamente grandes esfuerzos en educar al consumidor sean realmente redituables. Esto nos lleva a pensar que en un futuro no muy lejano, no solo habrá que producir a bajo costo sino además de la forma en que el consumidor demanda. Sin llegar a los fundamentalismos, la mayor preocupación por parte de los consumidores está puesta principalmente en el cuidado del ambiente y el bienestar animal. Más allá de que existe información actual que atempera el potencial impacto negativo de la ganadería en el ambiente, el problema está lejos de ser resuelto. Es necesario que los sistemas contemplen en su diseño la disminución del impacto ambiental. Por otra parte, en muchos casos la lechería no solo puede disminuir dicho impacto sino que también puede ofrecer “servicios ecosistémicos” como ser una mayor biodiversidad o una mayor captura de carbono por parte del suelo en sistemas pastoriles. Consecuentemente es cada vez más importante investigar cuáles son las consecuencias “extra-productivas” de nuestras prácticas para poder comprender los impactos y minimizarlos en el caso de los negativos o maximizarlos cuando las externalidades son positivas. Otra de las puertas abiertas que quedan es la relacionada con el bienestar animal.Prácticas que consideramos normales como la separación de los terneros al nacer o el confinamiento total son y seguirán siendo cuestionadas por los consumidores. Cualquier tipo de tecnología que implique una pérdida de las libertades de los animales será objeto de cuestionamiento. En este contexto parece relativa la importancia sobre si esta percepción es real o no: ¡quienes requieren nuestro producto quieren que sea proveniente de vacas felices!
Podemos intentar mejorar la comprensión con campañas de educación, de dudoso resultado, o bien trabajar en sistemas que permitan atender esta demanda. Desde hace décadas sabemos que la crianza individual aunque puede asegurar un estado de salud óptimo, es percibida de forma negativa por los consumidores. El diseño de sistemas colectivos con tecnologías como los alimentadores automáticos pueden ayudarnos no solo por el nivel de automatización sino por la información que podemos obtener de los animales de forma individual y la posibilidad de detección temprana de enfermedades, un cuello de botella en los sistemas colectivos. Otro ejemplo son los sistemas de ordeñe voluntario donde las vacas se mueven libremente. Ahora, aquí parece haber una contradicción ya que por un lado si bien los consumidores prefieren a las vacas felices y pastoreando, ven con muy buenos ojos la posibilidad de que una vaca se ordeñe cuando quiera en un sistema robotizado. Bien, es necesario entender que para las nuevas generaciones la tecnología es sin duda parte del entorno. Nada más natural para un niño de dos o tres años que un teléfono celular, sin dudas más natural que, ¡un vaso de leche fresca recién ordeñada! Es evidente que las tecnologías que ayuden a que los animales conserven su autonomía y “bienestar” serán mejor aceptadas por los consumidores. En resumen, tenemos que en – tender que en un futuro no muy lejano venderemos mucho más que leche. Venderemos un concepto, un alimento que es saludable pero que además es generado en un entorno positivo, con bajo impacto sobre el ambiente y proveniente de “vacas felices”.
¿Qué otros desafíos nos esperan?
Es difícil predecir el futuro… pero sin dudas la disponibilidad de personas para trabajar en el campo es uno de los grandes desafíos. Ya todos conocemos la innumerable cantidad de problemas que existen puertas afuera como caminos, conectividad o infraestructura, y puertas adentro como instalaciones obsoletas o falta de inversión que impactan negativamente sobre las posibilidades de conseguir personas valiosas para la actividad. Quizás el gran problema hoy sea identificar qué es lo que quieren las generaciones actuales y futuras con respecto a su vida personal y profesional. “Millennials” y “centennials” buscan un equilibrio entre vida personal y profesional, tienden a preferir proyectos personales y están poco tiempo en un trabajo determinado. La finca tal cual como lo conocemos hoy dista mucho de los objetivos que plantean estas generaciones. Consecuentemente debemos enfocarnos en generar sistemas productivos atractivos para poder captar los mejores recursos. La tecnología sin dudas va a ayudar en este contexto. Es mucho más atractivo gestionar una finca robot que ordeñar en una finca convencional. Y aquí uno de los mejores ejemplos sobre como pensar la finca del futuro: A costo de producción sin dudas una finca convencional es preferible a una finca robot pero la pregunta es: ¿durante cuánto tiempo conseguiré gente para seguir ordeñando de esta forma? Lejos de pretender predecir cómo será la finca del futuro, el objetivo de esta nota es tratar de incomodarnos, salir por un rato del diario, e imaginarnos sin restricciones cómo será el negocio lechero en unos años. En definitiva, la lechería del futuro será el que las circunstancias y nuestras habilidades para sortearlas nos permitan. Es claro que es difícil trazar un plan en este contexto. Sin embargo, hay una frase atribuida al General Dwight Eisenhower, uno de los arquitectos de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, que resume la importancia del ejercicio de analizar e intentar predecir el futuro: “Los planes no valen nada, pero la planificación lo es todo”.