Innovación y tecnología

No es opción, es estrategia

crianza automatizada terneras

Los primeros dos meses de vida tiene implicancias en la producción futura de leche y en el desarrollo de la glándula mamaria. La ciencia lo confirma: cada 100 gramos adicionales de ganancia diaria de peso (GDPV) en la crianza se asocian a entre 250 y 300 litros más de leche en la primera lactancia (Soberon et al., 2012). Dicho de otro modo: la lechería del mañana se empieza a construir en la crianza.

El desafío es que la crianza convencional exige una constancia difícil de mantener: preparar sustituto siempre igual, medir temperaturas, higienizar baldes, cumplir horarios aun en días de franco. Basta un error en la mezcla o una toma retrasada para comprometer la salud. Las consecuencias: diarreas, bajas GDPV, mortalidad y extensión innecesaria de la crianza.

La precisión de la tecnología aplicada a la crianza

El Lely Calm se diseñó para reproducir la forma más natural de alimentarse del ternero: pequeñas porciones, varias veces al día, siempre a temperatura ideal. El equipo identifica a cada animal, prepara la ración al instante, la entrega y registra los consumos.

  • Capacidad: hasta 120 terneras

  • Estaciones de toma: 4 por alimentador

  • Corrales sugeridos: 20–30 animales por estación

Además, cada alimentador se conecta a CalfCloud, una plataforma digital que ofrece gráficos y reportes individuales. Allí se monitorea el consumo por día y por toma, la velocidad de succión, las visitas sin ingesta y las interrupciones, todos indicadores tempranos de enfermedad (Svensson & Jensen, 2007; Conboy et al., 2021).

Bienestar y socialización desde el inicio

El Lely Calm se integra a un sistema de crianza grupal. Al crecer en corrales de 20–30 animales, las terneras aprenden unas de otras: juegan, imitan comportamientos y consumen más iniciador. El resultado es un aumento en la GDPV y una mejor adaptación futura al rebaño adulto (Costa et al., 2016).

Del balde a la gestión

La automatización no reemplaza al operario, sino que lo libera de las tareas repetitivas. Según Sinnott et al. (2021), la mano de obra se vuelve 39% más eficiente. Esto significa menos horas lavando baldes y más tiempo observando animales.

En la rutina diaria, el personal pasa a enfocarse en los más jóvenes o enfermos, revisar alertas, traer atrasados y aplicar tratamientos, con información de fácil acceso en el sistema.

Casos de éxito: Fundo Los Castaños – Filuco, Río Bueno, Región de Los Ríos

En el Fundo Los Castaños, Sonia Salazar pasó de ser dueña de casa a encargarse de la crianza completa de las terneras. Con la llegada del alimentador automático Lely Calm, el trabajo diario cambió por completo.

«Antes había que preparar los baldes, repartir la leche y vigilar que todas tomaran. Ahora es mucho más fácil: el programa está en mi teléfono, sé quién tomó su leche y quién no», cuenta Sonia, mientras observa a las terneras acercarse al equipo.

En la crianza trabajan con un sistema de adaptación gradual: los primeros días con leche de vaca y luego con sustituto lácteo, hasta llegar a los 75 días con el alimentador. A partir del día 70, el sistema reduce automáticamente la dosis, ayudando al destete sin estrés.

Resultados visibles

  • Duplicaron la cantidad de terneras criadas respecto a años anteriores

  • Cero diarreas clínicas en la última temporada

  • Mejores ganancias de peso y uniformidad

  • Menor carga laboral y mayor comodidad para la operadora

Impacto en la mano de obra

  • Antes: 4 horas/día en preparación y distribución de leche

  • Después (con Calm): 2,5 horas/día en gestión y control

  • Diferencia: -39% en tareas repetitivas

«Cuando llegó el Lely Calm todo fue más fácil. Las terneras están sanas, comen concentrado y paja desde pequeñas, y yo puedo manejar todo con confianza. Me siento orgullosa de lo que logramos», resume Sonia con una sonrisa.

Un círculo virtuoso

Cuando la crianza se hace con precisión, los beneficios dejan de ser individuales y se convierten en un sistema que se retroalimenta.

  • Para las terneras: más salud, mayor GDPV, detección temprana de enfermedades, mejor adaptación social y productiva

  • Para los operarios: tareas más amigables, flexibilidad de horarios, foco en animales frágiles

  • Para el productor: control y datos en tiempo real, mano de obra optimizada, vacas más productivas en el futuro

Retorno de la inversión

En un análisis económico, la crianza automatizada no debe verse solo como gasto, sino como inversión estratégica. El ahorro de mano de obra es inmediato: dos horas menos por día dedicadas a preparar y lavar baldes equivalen a más de 60 horas mensuales por operario.

Por otra parte, el aumento de GDPV (+20% en promedio en casos locales) se traduce en +500 litros adicionales de leche en la primera lactancia (Soberon & Van Amburgh, 2012). Sumando ambos factores, distintos estudios estiman que un alimentador automático puede retornar en un plazo de 2 años, dependiendo del tamaño del rebaño y del costo laboral local.

Una tendencia global con validación científica

La crianza automatizada no es un experimento: en países europeos como Alemania y Holanda, más del 70% de las lecherías medianos y grandes utilizan sistemas de alimentación automática en la crianza.

En estudios publicados en el Journal of Dairy Science, se observó que los terneros criados con alimentadores automáticos presentan:

  • Menos casos de diarrea clínica (reducción de hasta 30%)

  • Mayor consumo de iniciador y transición más rápida al rumiante funcional

  • Mejor comportamiento social y menor estrés al destete (Jensen & Budde, 2006; Costa et al., 2016)

Lo que queda claro

En un sector donde la competitividad se mide en productividad, eficiencia laboral, control de costos y sustentabilidad, la crianza automatizada deja de ser opcional para transformarse en estratégica.

El Lely Calm no es solo un alimentador automático: es una herramienta de gestión que asegura constancia, datos y bienestar. Criar mejores terneras hoy significa tener vacas más productivas mañana. Y en la crianza, como en toda la lechería, la precisión marca la diferencia.

Pero el impacto va más allá: estos sistemas contribuyen a una menor utilización de antibióticos gracias a la detección temprana de enfermedades (Conboy et al., 2021), a una mayor longevidad productiva —vacas más sanas que duran más lactancias implican menos reposición— y a una huella ambiental más baja, ya que producir más leche por vaca a lo largo de su vida reduce las emisiones de metano por litro.

Lely Chile