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Lechería robotizada: así opera en terreno
El Club de Rumiantes visitó en terreno una lechería robotizada en Río Bueno para ver de cerca cómo la robótica cambia la forma de tomar decisiones en el manejo del rebaño.
«No es lo mismo que te lo cuenten a verlo». Esa fue, en el fondo, la idea que cruzó toda la jornada del Club de Rumiantes, que reunió a médicos veterinarios en una visita a Fundo Las Tórtolas en Crucero, Río Bueno, con un objetivo simple pero poco frecuente: poner los datos, el sistema y las vacas frente a frente. El grupo recorrió una lechería robotizada para entender en terreno lo que ninguna charla puede reemplazar.
Porque si algo quedó claro durante el día es que la robótica no se entiende desde una presentación. Se entiende caminando el campo.
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Ver el sistema, no solo escucharlo
Para Cecilia Bartolotti, parte del equipo de Lely y también integrante del club, el valor de este tipo de encuentros está en ese punto. «No ser mezquinos con la información es súper importante. Una cosa es decirlo y otra es verlo en terreno».
Durante el recorrido, los asistentes pudieron observar cómo operan los robots, cómo se gestionan los datos y qué decisiones se toman a partir de ellos. La diferencia, según explicó, está en poder contrastar la teoría con la práctica.
Más información, más decisiones
Uno de los cambios más evidentes en estos sistemas es la cantidad de información disponible. En un sistema tradicional, muchos de los datos relevantes se revisan de manera periódica. En un sistema robotizado, en cambio, la información es continua.
«Pasas de tener información una vez al mes a tener alarmas e indicadores todos los días.» — Cecilia Bartolotti, asesora en manejo animal (FMS), Lely.
El sistema entrega datos como recuento de células somáticas por ordeña, conductividad por cuarto, litros por visita, cambios en el carácter de la leche, y niveles de rumia y comportamiento. La clave no está solo en la cantidad, sino en cómo se cruzan esos indicadores para detectar desviaciones.
En ese contexto, el enfoque cambia: el trabajo deja de centrarse en el rebaño completo y pasa a focalizarse en animales específicos. El 80% del tiempo debe enfocarse en el 20% del rebaño que requiere mayor atención.
Detectar antes de que sea tarde
La combinación de variables permite anticipar problemas de salud, especialmente en mastitis. Una baja en la rumia, junto a una caída en producción y un cambio en la conductividad, puede ser suficiente para activar una revisión.
«El sistema te dice: esta vaca debería estar produciendo cierto nivel y hoy está por debajo. Ahí es donde hay que intervenir.» — Cecilia Bartolotti, asesora en manejo animal (FMS), Lely.
Esto permite dirigir el tiempo de trabajo hacia los animales que realmente lo necesitan, en lugar de revisar todo el rebaño de manera uniforme.
Tecnología y manejo, una combinación necesaria
Desde el campo, el mensaje es claro: la tecnología no reemplaza el manejo. Joaquín Parro, anfitrión de la jornada, destacó el valor del sistema, pero también sus límites.
«El robot te da información súper valiosa para atender la vaca a tiempo… pero igual hay que revisarla, hacer CMT y tener buenos protocolos.» — Joaquín Parro, productor, Fundo Las Tórtolas.
El sistema permite detectar mastitis en etapas tempranas, cambios en la leche, variaciones por cuarto y caídas de producción. Pero la decisión final sigue dependiendo del equipo.
Una mirada de largo plazo
Para quienes han acompañado el proceso durante años, el cambio es evidente. Luis Altamirano, veterinario asesor del predio por más de tres décadas, ha visto la transición desde sistemas tradicionales a la incorporación de robótica.
«Hoy veo vacas más felices.» — Luis Altamirano, veterinario asesor del predio.
Junto con eso, destaca la mejor organización del trabajo, mayor eficiencia en las revisiones, el uso de puertas inteligentes para separar animales y las alertas tempranas a través de collares. Y un punto clave en sanidad: «Estos sistemas ayudan a tomar medidas a tiempo, algo que en sistemas tradicionales muchas veces llega tarde».
El rol del club: compartir experiencias
Más allá de la tecnología, la jornada también reflejó el rol del Club de Rumiantes dentro del sector. El grupo, creado en 2023, reúne a veterinarios principalmente del sur de Chile con un objetivo concreto: generar un espacio de intercambio técnico.
«Partimos con la idea de intercambiar conocimiento. Hoy somos alrededor de 65 veterinarios.» — Martín Werner, integrante del directorio, Club de Rumiantes.
El funcionamiento es simple: reuniones mensuales, charlas entre colegas, días de campo y discusión abierta de casos. Una de las características que destacan sus miembros es la diversidad de miradas. «Aunque trabajemos en áreas distintas, siempre hay algo que te puedes llevar para aplicar en el día a día».
Club de Rumiantes en cifras
- Nace en 2023
- Más de 60 veterinarios
- Enfoque colaborativo
- Reuniones mensuales
- Días de campo técnicos
- Discusión abierta de casos
Una instancia que también proyecta futuro
Para muchos de los asistentes, la jornada permitió observar un sistema que todavía no es masivo en la zona, pero que comienza a generar interés. María José Báez, médica veterinaria, lo resumió así: «Es muy interesante ver con números la evolución del campo y cómo funciona este sistema robótico».
Y dejó una idea que se repitió en varias conversaciones durante el día: «Esto podría ser el futuro en la zona».
De los datos al cambio de enfoque
Al cierre de la jornada, la discusión ya no giraba solo en torno a los robots, sino al cambio que estos generan en la forma de trabajar.
El paso que implica adoptar estos sistemas
- Decisiones generales
- Reacción
- Menor información
- Decisiones individuales
- Prevención
- Datos permanentes
Este cambio implica una adaptación tanto para productores como para asesores. Y en ese proceso, el rol de quienes interpretan estos datos se vuelve central.