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Cuando el agua deja de ser segura

La variabilidad climática está cambiando las reglas en el sur de Chile: el riego dejó de ser una opción y se convierte en una decisión estratégica. INIA Remehue reunió a investigadores, empresas y productores para debatir cómo gestionarlo con precisión.

Lo que durante años fue una ventaja comparativa del sur de Chile —la disponibilidad de agua— hoy comienza a mostrar señales de cambio. La variabilidad climática, las ventanas sin lluvia en momentos críticos y la necesidad de estabilizar la producción están empujando al riego desde una decisión opcional hacia un componente estratégico del sistema productivo.

Ese fue el eje de la jornada organizada por INIA Remehue en la Región de Los Lagos, donde investigadores, empresas y productores se reunieron para analizar el rol del riego en los sistemas agrícolas y lecheros del sur. El mensaje fue claro desde el inicio: ya no se trata solo de tener agua, sino de cómo gestionarla.

De la disponibilidad a la gestión

Durante la apertura, desde INIA se planteó un cambio de paradigma que atraviesa a todo el sector. A diferencia de zonas históricamente secas, donde el riego siempre fue parte del sistema, en el sur su incorporación ha sido más reciente y, en muchos casos, aún incompleta.

La evidencia es clara: hay más sistemas instalados, pero todavía falta avanzar en cómo utilizarlos de manera eficiente. La combinación de menor regularidad en las precipitaciones y mayores periodos secos está obligando a los productores a anticiparse.

«Hoy el riego deja de ser una opción y comienza a transformarse en una decisión estratégica para seguir produciendo.» — Claudio Salas, subdirector de investigación de INIA Remehue.

Más tecnología, mejor decisión

El salto que propone la industria no está solo en el fierro, sino en la integración de información. Hoy, los sistemas de pivote incorporan telemetría, monitoreo de humedad, control remoto e integración con sensores, lo que permite pasar de una lógica reactiva a una gestión más precisa.

«Hoy no compras solo un pivote para regar. Compras un sistema que te permite tomar decisiones.» — Pablo Cifuentes, Pierce Corporation.

Y ese cambio tiene impacto directo en la rentabilidad: una buena gestión de riego asegura producción, reduce costos y mejora el retorno de la inversión.

Eficiencia en la aplicación

Complementando esa visión, la presentación de Gustavo Dantas, especialista en tecnologías de aplicación de Komet Irrigation, puso el acento en un aspecto muchas veces subestimado: cómo se aplica el agua. Más allá del sistema utilizado, explicó que variables como el tamaño de gota, la presión de trabajo y la uniformidad de distribución tienen un impacto directo en la eficiencia hídrica y energética.

«El foco está en lograr eficiencia en la aplicación del agua, optimizando el uso de energía y mejorando los resultados productivos.» — Gustavo Dantas, Komet Irrigation.

La conclusión fue contundente: no basta con regar, es necesario regar bien, asegurando que cada milímetro aplicado tenga efecto real en el cultivo.

Eficiencia: el nuevo desafío

Pero incorporar tecnología no es suficiente. El siguiente paso —y probablemente el más complejo— es aprender a usarla correctamente. Ese fue uno de los puntos centrales de la presentación de Homero Barría, investigador de INIA, quien puso el foco en la eficiencia del uso del agua.

«El desafío hoy es usar mejor los sistemas que ya están instalados.» — Homero Barría, INIA.

El problema no es menor. En muchos casos, los sistemas existen, pero se utilizan sin criterios técnicos claros. Variables como el tipo de suelo, el clima, la demanda del cultivo y la capacidad de almacenamiento de agua siguen siendo poco consideradas en la práctica. El resultado: sobre-riego, pérdidas de agua y mayores costos energéticos.

Tecnología que asegura producción

Uno de los focos de la jornada fue el avance de los sistemas de riego por pivote, que han crecido de forma sostenida en los últimos años. Desde el mundo privado, el enfoque fue directo: el riego ya no es solo una mejora productiva, sino una herramienta para reducir la incertidumbre.

«Hace 15 o 20 años el riego era una inversión alta. Hoy es parte del sistema productivo.» — Rodrigo Riffo, Pivotek.

El impacto es concreto. En sistemas lecheros, el riego permite sostener la curva de producción más allá de la primavera, evitando caídas bruscas en verano. «Sin riego, la producción cae fuerte después de primavera. Con riego, esa curva se mantiene hasta marzo o abril.» La lógica es simple: más estabilidad, menos riesgo.

Un sistema más complejo, pero más robusto

El crecimiento del riego en el sur no es solo tecnológico, es estructural. Implica integrar nuevas prácticas, incorporar datos, ajustar manejos y repensar la producción. Y, sobre todo, asumir que la estabilidad productiva ya no está garantizada por el clima.

Como planteó uno de los expositores, el riego no elimina el riesgo, pero sí permite gestionarlo mejor. La jornada de INIA Remehue dejó en claro que el sur está ante un cambio de fondo: la pregunta ya no es si instalar riego, sino cómo convertirlo en una herramienta de gestión precisa y sostenible.

Infortambo Chile
Redacción