Lanzamientos y novedades

Un cultivo prometedor

La siembra de remolacha forrajera genera en Argentina un creciente interés en los productores por los resultados promisorios obtenidos en la alimentación de vacas en lactancia y para engorde.La firma KWS organizó en Tandil el primer seminario para abordar la temática y evidenciar las bondades de este cultivo que permite reducir costos de alimentación y mejorar las ganancias.

Las sierras de Tandil fueron el escenario, el pasado 30 de mayo, para convocar a productores y especialistas a compartir sus experiencias en torno al cultivo de remolacha forrajera para pastoreo directo, en el marco de la jornada denominada “Remolacha forrajera, la nueva alternativa energética para vacas en lactancia”, organizada por KWS, empresa líder que ostenta el 67% del mercado global del cultivo. En tal sentido, Sebastián Ojeda, Responsable Regional de Proyectos de Remolacha,presentó a los asistentes las experiencias de manejo del cultivo que a nivel mundial alcanza los 4 millones de hectáreas. Y si bien la remolacha se utiliza, principalmente, para producir azúcar, el uso alternativo avanza a paso firme en el ámbito ganadero y es una apuesta a futuro. Por su parte, el ingeniero Alfonso Callegari, de KWS Argentina, explicó que se trata de la misma especie de remolacha que “ha ido por diferentes caminos de mejoramiento genético y las que se usan como forrajeras son variantes antiguas, son en realidad el antepasado de la azucarera actual, que tiene ciertas características que la favorecen desde el punto de vista productivo: mayor volumen de hoja y menor porcentaje de materia seca en la raíz”. Asimismo, detalló que el 60% de la planta está expuesto y, en consecuencia, los animales pueden acceder fácilmente al alimento sin tener costos de extracción y cosecha.

Durante varias décadas, la remolacha se utilizó como suplemento nutricional, porque la excesiva ingesta de la planta provocaba acidosis en los rumiantes, con altos índices de mortalidad. Con el tiempo, los productores se dieron cuenta de que podía constituirse como alimento central y ser consumida como otros forrajes.

En Nueva Zelanda, país pionero en el tema, empezaron a investigar al respecto y concluyeron que un adecuado manejo de la transición, para que el animal incorporara paulatinamente la remolacha en su dieta, solucionaba el problema de la acidosis. “Vieron que se podía habituar al animal y que el 90% de su dieta fuera remolacha”, indicó el profesional. Superado el escollo de la mortalidad, la remolacha se convirtió en una excelente opción para la nutrición de los animales; la planta tiene una alta concentración energética y buen nivel proteico, de ahí la importancia de las hojas, que concentran el mayor porcentaje de proteínas.

En tanto, vale destacar que con un buen manejo es posible lograr rendimientos de 20-30 toneladas de materia seca por hectárea, incluyendo el follaje. En comparación, las brásicas forrajeras obtienen rendimientos de 12-15 toneladas de materia seca por hectárea. Además, Callegari señaló que Argentina quiere ir hacia el modelo neozelandés de pastoreo directo, con el animal consumiendo el forraje en el potrero. “Con la técnica de transición 14 a 21 días, se cambia de una mayor proporción de suplemento a mayoritariamente remolacha forrajera como alimento”, completó.

De este modo, si bien Europa y Nueva Zelanda concentran la mayor cantidad de hectáreas de cultivo, en Chile se lograron excelentes resultados y el paradigma se extrapoló a Argentina, sectorizado en el Valle Inferior del Río Colorado; Valle Inferior del Río Negro; zona de riego del Alto Valle; y Sudoeste de la provincia de Buenos Aires. Es decir, los valles norpatagónicos tienen potencial para la producción y aprovechamiento de la remolacha forrajera por sus características climáticas y la disponibilidad de agua para riego. Además, es preciso remarcar que se trata de un cultivo primaveral y lo recomendable es efectuar la siembra entre el 1 de septiembre y el 20 de octubre. De crecimiento bianual, crece bien en invierno, y la densidad de siembra contempla de 106 a 120 mil semillas por hectárea, en un suelo preparado con anticipación para obtener la humedad justa.

“REMOLACHA FORRAJERA, LA NUEVA ALTERNATIVA ENERGÉTICA PARA VACAS EN LACTANCIA”

Engorde de vacas y la experiencia del INTA

Por otro lado, la alianza de KWS con el INTA resultó fundamental para introducir el cultivo en el país y mejorar su manejo. En la actualidad, trabajan con productores de carne y animales de cría que no se suplementaron. Verónica Favere, ingeniera del INTA, expuso los resultados de la experiencia en el Valle Medio de Río Negro, tras un viaje realizado en 2017 a Nueva Zelanda, donde pudieron conocer de primera mano el uso de la remolacha como alternativa energética. Así lo relató: “En junio de 2017 vino Jim Gibbs el técnico de Nueva Zelanda, a Argentina, y sembramos por primera vez, pero nos salió un primer cultivo horrible. Después decidimos firmar un convenio con KWS para replicar el modelo en el Valle Medio e Inferior”.

En paralelo, en su disertación, Favere enfatizó en las ventajas de producir remolacha forrajera: es novedosa, cubre el déficit de pasturas en invierno, reemplaza parcialmente recursos forrajeros, reemplaza verdeos de invierno, provee facilidad y practicidad al sistema de pastoreo, es versátil para resistir las adversidades climáticas (hasta -20 grados) y tolera muy bien el déficit hídrico.

Así, recomendó que las vacas consuman la remolacha cuando ya no hay pasturas, con un periodo de 120 a 150 días de pastoreo, que complementa la nutrición bovina en la Patagonia Norte con muy buenos resultados. Según detalló, la remolacha forrajera se destaca por su alto contenido de energía y producción de materia seca, que permite obtener rendimientos de 20 a 30 mil kg de MS/Ha y producciones de carne que superan los 2 mil kg/ha/año.

La experiencia en Río Negro

A su turno, Joaquín Imaz ofreció su testimonio como productor del entorno lechero del Valle Inferior del Río Negro. Localizada en Viedma, la firma Rangitata, que pertenece al grupo El Jabalí, posee 2.300 vacas distribuidas en dos tambos, de un total de 11.500 animales que conforman la explotación de la empresa lechera.

El emprendimiento produce leche desde hace 15 años en una zona que estuvo poblada de monte nativo y se dedica también al desarrollo de superficie de suelos nuevos. En esta línea, Imaz consideró que la remolacha “es un cultivo con alto potencial y aparece como alternativa porque en un mismo lote se produce el doble que el maíz; tenemos el 7% de la producción en el 3% de la superficie”.

Una vez más, un viaje a Nueva Zelanda fue el disparador para imitar en suelo argentino –ubicado casi a la misma latitud- el trabajo desarrollado en el país oceánico. Asimismo, la inclusión de la remolacha se pensó para compensar los kilos que la pastura no podía dar y reducir los gastos en alimentación del tambo.

En este marco, el productor describió el recorrido efectuado por la firma desde la primera campaña 2018/2019 hasta la actualidad, con todos los aprendizajes y mejoras que les dio el camino de cuidar un cultivo tan exigente, donde evaluaron que surtía más efectos positivos en vaca en ordeñe que en vaca seca.

Después de una gira agropecuaria con KWS, Imaz indicó que definieron que tenían que lograr plantas para altos rindes y aumentar la densidad de cultivo en un 30% para optimizar resultados. “La remolacha forrajera tiene muchas ventajas como la alta potencia de rendimiento, no baja la proteína de la dieta; reduce los costos de alimentación; no hay que almacenarla, y es de bajo desperdicio y la resiliencia”, enumeró.

Desde Chile, estudios que respaldan su uso

En sintonía, Juan Pablo Keim, investigador de la Universidad Austral de Chile, expuso y explicó los resultados del estudio de la remolacha azucarera como alternativa energética en vacas en lactancia. Con el factor energético como primera limitante, la investigación se enfocó en la menor disponibilidad de granos para la alimentación de rumiantes, y la necesidad de buscar alternativas para ser más eficientes y mantener la rentabilidad del sistema. “Teníamos que buscar fuentes de azúcares. Hay un gran riesgo de acidosis en dietas altas en azúcares y en las dietas de las vacas lecheras el azúcar puede ser de hasta el 5%. Pero, ¿qué pasa si se aumentan los azúcares de distintas procedencias? Un kilo de maíz es fácil de consumir para la vaca, pero 1 kg de remolacha no, porque tiene que partir la raíz, trozarla, masticar, y entonces la velocidad de ingesta es mucho más lenta”, desglosó Keim.

En efecto, el estudio arrojó que en la inclusión de este tipo de alimentación en vacas lecheras tiene una relación de costo/beneficio, y aunque no se registró un aumento en la producción lechera, permite mejorar los márgenes de ganancia.

Las conclusiones a las que arribó la investigación, señalaron que el reemplazo total de maíz por remolacha disminuyó la producción de leche. No obstante, incrementó la producción de sólidos lácteos, se redujeron significativamente los costos de alimentación y mejoraron los márgenes de ingresos sobre los costos de alimentación.

Uso práctico en lecherías chilenas

Para cerrar la ronda de disertaciones, Pablo Loaiza, Alberto Pérez y Carlos Aguirre, de Dairy Link consultores, Chile, hablaron sobre el uso práctico de la remolacha azucarera en lecherías de la Patagonia chilena. Por su parte, Loiza hizo hincapié en el rendimiento y la calidad nutricional, que la respaldan como alternativa de consumo, con efectos concretos en la nutrición y rentabilidad, siempre atendiendo a la experiencia chilena, que debe adaptarse al contexto argentino y sus particularidades. También, mostraron distintas alternativas de consumo con pastoreo más ración mezclada y una propuesta de uso fresco para alimentar a la vaca todo el año, en cuatro cosechas, con capa de maíz y capa de remolacha chipeada.

“Podemos disminuir el costo de la dieta, mejorar salud del rebaño, incluir a la remolacha (forrajera y azucarera) en el plan de mejoramiento, hacer frente al stress hídrico. El reemplazo de remolacha impacta positivamente en la rentabilidad”, concluyeron.