Empresariales

Un futuro posible

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 “Trabajar en unidad y perpetuidad”. Esa es la invitación que Patricia Prüssing hizo a su familia al formar la lechería en el predio que heredó de su padre. Acompañada por su esposo Ricardo, quien la apoyó en la administración y finanzas desde el principio, tras casi 15 años de desarrollo, unieron en la operación de Cancura a su hijo Alejandro. Hoy están con nuevas expectativas y con un optimismo innegable al proyectarse familiarmente.

Si bien el padre de Patricia Prüssing fue productor lechero, ella es psicopedagoga y más tarde trabajó en importaciones de maquinaria agrícola con su esposo. Ella no había tenido experiencia como productora o agricultora, pero ante las circunstancias, decidió que era su proyecto y lo tomó como un desafío con mucha energía y dedicación.

Hoy, junto a su hijo Alejandro, quien decidió integrarse a la gerencia de operaciones del campo y su esposo Ricardo Stückrath,  llevan en conjunto esta lechería. Y lo hacen con una convicción y espíritu de equipo notables.

La historia, pensar en grande

El abuelo de Patricia compró el campo en la década del 30, luego lo tomaron sus padres, que lo dividieron entre ella y su hermano poco antes del fallecimiento del padre en 2006.

Patricia trabajó junto a Ricardo por muchos años en Importaciones El Fénix. Al recibir el campo, su esposo comenzó a administrarlo en paralelo a su empresa. En ese momento, Cancura no tenía luz, agua, caminos ni construcciones. Era una parte de un campo más grande que estaba destinada a crianza y a conservación de forrajes. Lo tomaron prácticamente de cero hace 14 años, eran sólo pampas y hubo que armarlo.

Su hijo Alejandro estaba en Nueva Zelanda y le dio el dato a Ricardo: una sala de ordeña usada en buenas condiciones, a un precio muy conveniente y no lo pensó 2 veces, tomó un avión y la compró. La desarmaron y trajeron en un contenedor. “Eran 40 millones de diferencia, sumados todos los gastos”, recuerda Ricardo.

Una vez armada la sala, que prestó servicios por casi 14 años,  con mejoramiento continuo, hasta que la renovaron el año pasado, comenzaron a ordeñar un plantel de 120 vacas.

Mientras seguía estudiando agronomía, Alejandro ayudaba, sobre todo los fines de semana.  La decisión, al diseñar el campo, fue armar una lechería. No hacer una crianza ni una engorda.

“El campo lo heredamos con 120 vacas, que eran unas Holstein gigantes, que daban 28 litros promedio, pero no teníamos comida para darles, los sólidos eran pésimos y tenían problemas de fertilidad. Fue a punta de puro sudor como lo echamos a andar”, dice Patricia.

Partieron con 145 hectáreas y posteriormente compraron 15 hectáreas más.  Su padre estaba vivo cuando partieron ordeñando 120 vacas, con una sala de 20 unidades y un patio de alimentación para 300 vacas. Les dijo que le parecía una locura. Pero hacer las cosas en grande tenía una explicación concreta.

Varios años antes Ricardo se había desempeñado como administrador de los predios de un destacado agricultor de Purranque y el padre de éste le dio un mensaje que le ha servido hasta el día de hoy. “Ricardo… tierra da mucho… hacer las cosas en grande al tiro… chico no sirve”, le decía en español con un fuerte acento alemán. Eso lo recuerda: hacer las cosas pensando en la proyección, en seguir creciendo. “Es clarísimo. Tú tienes que tener objetivos en la vida, si no, no te proyectas”, resume Patricia.

La inversión inicial fue muy grande.  Pero se nota en un campo ordenado, con buenas construcciones, con espacios bien habilitados. Hoy el espacio para entrar a las construcciones es amplio y por ende, la operación en los patios es muy expedita.

2010

2010 fue el año clave para Patricia y su familia. Ella dejó de trabajar junto a su marido en la misma oficina y se puso la parka y las botas de goma y se hizo cargo del campo. “A mí siempre me ha gustado aprender. Lo que venga, si puedo lo aprendo. Dije que esto iba a ser lo mío, que cayó del cielo, y por lo tanto tengo que aprovecharlo. Y ahí partimos con Ricardo, con visiones distintas algunas veces; me rodeé de buenos asesores que siempre me ayudaron”.

“El aprendizaje fue incalculable. Ni siquiera dimensioné todo lo que iba a llegar a saber. Pero una de las cosas que me complicaron fue la parte computacional, la que era necesaria y yo no la dominaba a cabalidad, pero significa rapidez y precisión, cosa que dificultaba mi labor”, cuenta Patricia.  Ese proceso tuvo un punto cúlmine el año pasado, cuando ella, si bien había levantado muy bien el campo, en buen chileno, estaba “cabreada”.

Y Alejandro, quien desarrolló una carrera exitosa como agrónomo de Cooprinsem, pero que ayudaba desde fuera y los fines de semana, comenzó a transformarse en una opción concreta para involucrarlo en la empresa familiar. La tecnología es uno de los atributos que Alejandro como profesional joven podría incorporar. Eso lo reconoció Patricia, quien valora que es notorio cómo con su participación, es posible pasar de la intuición al manejo de los datos en forma profesional.

Por su lado, Ricardo hizo la inversión en infraestructura como la sala, galpones y maquinaria, ni siquiera como socio, si no que en el espíritu de construir familia y avanzar juntos, además de apoyar en el tema administración y finanzas. “Tenemos 39 años de matrimonio, con 3 hijos maravillosos , que esperamos que sigan repartiendo el mismo saco en la misma forma. No es lo tuyo ni es lo mío. Este es un camino nuestro”. Patricia concuerda con eso y agradece el aporte en recursos y, sobre todo, en el norte que se le dio a Cancura.

Manejo de pastoreo

Volviendo a 2010, la primera meta fue mejorar la pradera para aumentar su cantidad de vacas. Se asesoró por varios años con un reconocido agrónomo, a quien agradece el apoyo técnico entregado y una visión muy concreta para hacer las cosas. El manejo de pastoreo estuvo en el foco desde el principio, “fue fundamental y nos hizo partir con las brássicas, para ir mejorando praderas. Luego dejamos las brássicas y partimos hace 8 años con el maíz”. Hoy están con maíz bajo plástico, con 20 hectáreas, tras una temporada en la que el ataque de los loros les provocó una pérdida de más de un 10% de la siembra. “además, lo bueno es la siembra temprana y que no cosechas con barro en abril”, destaca Ricardo.

Organización

Desde el inicio fue haciendo cambios de raza, pasando de Holstein Americano, Jersey y terminando con Holstein Irlandés e Inglés, poniendo énfasis en los sólidos sin olvidar los litros.  Hoy su promedio de sólidos está en 7,7.

El avance incluso se notó en que crecieron mucho en vacas y tuvieron que vender. En paralelo, tienen un arriendo para la recría de las hembras y machos desde los 200 kg, las hembras se encastan y vuelven a parir a Cancura, además de producir forraje bajo sus estándares de calidad.  “Es la empresa perro, que da 10 veces menos. Pero una vez que nos faltó alimento, nos ayudó a darnos cuenta que podíamos producir forraje de calidad bajo nuestro estándar”, cuentan.

Ingreso a COLUN

En 2013 se produjo otro hito que los proyectó positivamente. Estaban en la oficina de Ricardo, cuando un cooperado COLUN vino a cotizar la importación de unos tractores. Y mientras él hacía el trato con su hijo, Patricia conversó con el cooperado. “Mientras hacía negocio con un cooperado de Colun, Patricia se postuló a la cooperativa”, recuerda Ricardo.

En abril les dijeron que estaban aceptados. Lo que presentaban fue interesante para la cooperativa, tanto por producción, como por estilo de trabajo y estar en una ruta donde había 2 cooperados más. Con una producción estimada de 1.600.000 litros, requerían una cifra bastante grande para ingresar como cooperados.  En paralelo, pidieron un préstamo y compraron las 15 hectáreas colindantes. Antes nunca habían pedido un préstamo, lo hicieron con un poco de susto, pero con una confianza enorme en el futuro.

“Mi negocio de vender los tractores fue bueno para la empresa. El negocio que hizo Patricia al entrar a Colun ha sido lejos el mejor que hemos hecho. “Es un agrado, es una súper empresa, con gente muy capacitada para trabajar, atender. Todo fluye mejor”.

Producción y bienestar animal

Hoy Cancura tiene 295 vacas masa, con 227 vacas en ordeña. En 2018 produjeron 1.857.000 kilos de leche, con una producción aproximada a los 17 mil litros por hectárea, con un pastoreo que se destaca y donde el equipo de personas tiene una visión común

La visión común es trabajar bien los costos. La alimentación incide mucho en eso, van con 4,2 kilos diarios de concentrado, con 225 gramos por litro de leche.

Llevan gestión con Colun, con un muy buen resultado y con un excelente manejo de la información para la toma de decisiones.

En marzo, la ración está compuesta por pradera pastoreada, bolo pradera, heno, maíz molido, concentrado, sales y acid buf. Los encontramos justo al momento de tapar el ensilaje de maíz correspondiente a 19 hectáreas. El 50% de la racion anual es pradera pastoreada.

En lo ganadero, muy buena longevidad: 4 a 5 partos en promedio. “En bienestar animal, a  partir de diciembre de 2019 fuimos certificados por un programa de Colun como predio con normas de bienestar animal, donde el cuidado y protección de los animales es un principio básico: “vacas felices” destaca Patricia.

Alimentación 

En el sistema de alimentación, explican que las brássicas las dejaron de lado, porque hubo mucha complicación con el tema de manejo de malezas y enfermedades fungosas. A veces estaban haciendo silo de pradera y tenían que hacer aplicaciones de fitosanitarios entre medio, se complicaba el manejo, recuerda Alejandro. Simplificar las cosas es la política, resalta Patricia. Y formar equipos de trabajo con muy poca rotación, bien comprometidos, es parte de su sello y eso se nota en el trato y el manejo de personal que hay en Cancura.

Nuevos vientos

En un momento Patricia se sintió complicada con el campo. Y es un tema común a familias de productores. Con el campo ordenado, las metas se iban agotando. Siempre hay algo nuevo, ella tenía la intención de instalar robots, tema que quedó en carpeta en ese momento.

Medio saturada, pensando en que ya la etapa estaba cumplida, tomó la decisión de vender. Aunque la familia no quería. Finalmente, en reunión con Gestión de Colun, salió la propuesta de unir a Alejandro al equipo. Patricia llamó a su hijo y la invitación cayó en tierra fértil. Si bien ya estaba asesorandolos desde hace algunos años pero su trabajo de tiempo completo le impedía involucrarse más. “Podrían haber vendido el campo. Y me ofrecieron hacerme cargo de éste, lo conversé con mi señora, con quien siempre tuvimos la idea de construir nuestra casa en el campo”, recuerda.

Así que el 2 de noviembre, llegó con guagua a una casa y trabajo nuevo a Cancura. Llegó a hacerse cargo de la operación del campo. El campo no se vendió y Patricia se quedó a cargo de la ganadería.

“Hoy ella está haciendo lo que le gusta hacer y yo hago la operación. Mi madre a cargo del tema reproductivo, el manejo con el veterinario y parte de la nutrición. Mi padre sigue en las finanzas, administración y pagos”, cuenta. Alejandro recibe harta asesoría en la maquinaria de parte de Ricardo. Es un aprendizaje constante.

Coinciden en que están muy contentos con esta decisión. Y que hubo que buscar en la propia familia, orgullosos de recibir a Alejandro con mucha experiencia y con ganas de seguir proyectando a Cancura.

“El lo está administrando. Hoy la idea es que sea una empresa familiar, están sus hermanas y Ricardo lo está conversando con abogados para hacerlo bien. Hoy, con el aporte de Alejandro se nota el trabajo, el estar ahí, hoy se ven bien porque funcionan bien”, sostiene Patricia.  Ricardo reconoce que es un campo que está muy ordenado. “Estamos en un muy buen pie”.

“Lo  desafiante –comenta Alejandro- es que aquí ya estaba todo funcionando, la rueda ya estaba girando.  Cuando llegas a un campo que es un desastre, cualquier intervención es buena. Aquí no. Mi foco es tratar de implementar algunas cosas que no signifiquen más plata, si no que sean más sencillas. Tratar de simplificarlas y lo que se haga se traduzca en menos costos”.

Planificaciones en curso

El riego de las praderas es un tema implementado recientemente. Ya son 40 hectáreas de praderas bajo el sistema y la idea es llegar a otras 40 más regadas.

Otro proyecto es que, ya que la masa lechera está más o menos estabilizada, las hembras a cubrir que no estén destinadas a reposición puedan inseminarse con un toro de carne y así potencialmente obtener un precio más atractivo de venta.

También quieren seguir con la selección genética, basándose en la información que les da el control lechero oficial de Cooprinsem e ir asegurando una reposición excelente para el plantel.  Este lote de reposición irá con semen sexado para asegurar hembras. Ya dejaron 11 vaquillas bajo este esquema y las ganancias diarias de peso tenían una meta de 800 gramos, cuentan muy contentos, al ver que lograron 1,2kilos diarios incluso.

También está enfocado en la habilitación e incorporación de unas 10 hectáreas que actualmente están con arbustos y matorrales, limpiarlas y sumarlas a producción de leche, por ejemplo. O criar terneros en ese sector.