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El collar que mide lo que cada vaca come
¿Cuánta leche produce cada vaca por cada kilo de alimento que consume? Hasta hace poco, esa pregunta no tenía respuesta individual. Hoy, un collar con inteligencia artificial lo está cambiando todo.
En las lecherías pastoriles del sur de Chile, el alimento representa entre el 50 y el 60% de los costos de producción. Aunque la base del sistema es el pasto —una ventaja comparativa enorme frente a otros modelos productivos—, la suplementación con materia seca es una realidad en la mayoría de los predios, y optimizarla es una necesidad permanente.
Por eso, desde siempre, los productores han buscado la manera de sacarle el mayor provecho posible a cada kilo de materia seca que entra al sistema.
Pero hay un problema que nadie había podido resolver del todo: saber exactamente cuánto come cada vaca de forma individual.
Se podía medir la producción de leche por animal con bastante precisión. Se podía estimar el consumo de alimento por grupo o por rebaño. Lo que no se podía hacer era cruzar esas dos variables a nivel individual y decir: esta vaca produce X litros con Y kilos de materia seca; aquella otra produce casi lo mismo, pero come un 20% más. ¿Cuál es más rentable?
Esa brecha —que durante años fue el talón de Aquiles de la eficiencia alimentaria— acaba de ser cerrada por Afimilk con una tecnología que no requiere nuevos sensores, ni comederos automatizados, ni inversiones de infraestructura mayores. La solución vino desde donde menos se esperaba: el collar que muchos productores ya usan en sus vacas. :contentReference[oaicite:0]{index=0}
Contenido
Un collar que aprendió a “escuchar” cómo come cada vaca
El AfiCollar de Afimilk lleva años siendo una herramienta conocida en los sistemas de monitoreo animal. Mide actividad, rumia, detecta celo y alerta sobre problemas de salud.
Lo que acaba de incorporar es algo completamente distinto y, en términos prácticos, revolucionario: la capacidad de estimar el consumo individual de materia seca de cada vaca del rebaño.
¿Cómo lo hace? No midiendo los minutos que una vaca pasa comiendo —eso ya se sabía que era insuficiente, porque dos vacas pueden pasar el mismo tiempo en el comedero y consumir cantidades muy distintas—.
En cambio, el sistema mide vectores específicos del acelerómetro 3D que lleva el collar, capturando los movimientos concretos asociados al acto de comer.
Luego, ese dato pasa por varias capas de procesamiento:
- Primero se limpia el ruido de la señal
- Después se calibra cada vaca dentro de su grupo
- Finalmente se calibra entre grupos para obtener valores absolutos comparables
El resultado es un algoritmo desarrollado durante más de tres años, validado en estaciones de investigación independientes, con apoyo de universidades como Michigan State, la Universidad de British Columbia en Canadá y la Università Cattolica del Sacro Cuore en Italia.
Su precisión alcanza el 94%, lo que en producción lechera es más que aceptable. Los resultados de esta investigación serán presentados en la reunión anual de la ADSA 2025.
Lo más relevante para el productor es que el sistema funciona con los collares que ya conoce, sobre vacas que ya tiene monitoreadas, integrando los datos directamente en la plataforma AfiFarm.
De la producción a la rentabilidad
Durante décadas, el indicador estrella de la lechería fue el litro de leche por vaca. Una vaca que produce más, vale más. Ese criterio está bien, pero es incompleto —y a veces engañoso.
Imagínese este escenario, perfectamente posible en cualquier lechería del sur chileno: dos vacas Holstein, ambas produciendo alrededor de 35 litros diarios de leche corregida por energía.
El productor las ve como iguales, o casi. Pero una de ellas consume 22 kilos de materia seca al día, mientras que la otra come 28 kilos.
La diferencia en costo alimenticio entre ambas puede ser de más de 150 pesos por día. Proyectado a una lactancia completa, estamos hablando de un animal que le cuesta a la lechería entre 40.000 y 60.000 pesos más que el otro, produciendo exactamente lo mismo.
Multiplicado por varios animales con esa característica dentro del rebaño, el impacto sobre el margen operacional puede ser muy significativo.
En cifras
- 94% de precisión en la estimación del consumo individual de materia seca
- +3 años de desarrollo del algoritmo, validado con universidades de EE.UU., Canadá e Italia
- 55 lecherías participaron en el programa piloto global, con rebaños de hasta 70.000 vacas
- USD 470 de ahorro estimado por vaca al año al mejorar el índice de eficiencia de 1,55 a 1,75
- USD 1,2 millones al resultado anual en una lechería de 2.500 vacas con esa mejora
Del dato a la decisión
Eso es exactamente lo que el AfiCollar Feed Efficiency Service permite detectar.
Al combinar el consumo estimado de materia seca desde el collar con los datos de producción de los medidores de leche —y, si se dispone de AfiLab, también con la composición de la leche en grasa y proteína— el sistema entrega para cada vaca:
- Índice de eficiencia alimentaria
- Ingreso sobre costo de alimentación (Income over Feed, IoF)
En otras palabras: cuánto dinero genera cada animal, descontado lo que cuesta alimentarla.
Este dato tiene aplicaciones concretas e inmediatas:
- Permite tomar decisiones de descarte basadas en rentabilidad real
- Identifica vacas superiores en conversión alimenticia
- Mejora programas de genética (la eficiencia es heredable)
- Permite construir rebaños más eficientes
En el mediano plazo, esto significa producir más con menos, con impacto económico y ambiental.
Impacto económico y ambiental
Las cifras son claras:
Mejorar el índice de eficiencia alimentaria de 1,55 a 1,75 puede significar un ahorro de aproximadamente USD 470 por vaca al año.
En una lechería de 2.500 vacas, esto equivale a cerca de USD 1,2 millones anuales.
Además, las vacas más eficientes producen menos metano por litro de leche, un factor cada vez más relevante en mercados que exigen sustentabilidad.
La información siempre estuvo ahí, en cada movimiento de cabeza al comedero.
Lo que faltaba era alguien que supiera leerla.
“Cuando miramos los datos de consumo de materia seca, descubrimos que hay una gran variedad entre animales con producción similar. Esto demuestra que las decisiones basadas únicamente en producción pueden sacrificar rentabilidad”.
— Verónica Shabtai, Product Manager, Afimilk
Reflexión final: gestionar por rentabilidad, no solo por producción
Hay una frase que resume bien el cambio de paradigma que propone esta tecnología:
“Una vaca de 40 litros no siempre es más rentable que una de 30”.
Suena provocadora, pero es cierta. Y cualquier productor que haya llevado bien los números lo sabe en el fondo.
El desafío de la lechería moderna —y el de los asesores, médicos veterinarios y especialistas que acompañan a los productores— es dar ese salto cualitativo: pasar de administrar litros a administrar márgenes.
Para eso se necesitan datos. Y esos datos hoy ya están disponibles, integrados en una tecnología que muchos productores chilenos ya tienen en el cuello de sus vacas.