Empresariales

EL DESTINO PRODUCTIVO

La familia Romero Arrau siempre estuvo ligada al campo, tanto por la parte paterna como materna, relata José Tomás Romero, quien llegó hace algunos meses para aportar a la gestión de Mulpulmo, enfocándose en la crianza y el riego.

Su abuelo materno tuvo una lechería en Melipilla hasta los años ’70, con un plantel de 600 vacas. Alberto, el padre de José Tomás, siempre estuvo familiarizado con el campo y aunque su trabajo como empresario está ligado a la fabricación de equipajes, tanto el criadero de caballos chilenos, como el predio frutícola, formaron parte de la conexión con la tierra que decantó en la compra de Mulpulmo.

Alberto siempre miró hacia el campo: un día, giró la vista al sur y terminó participando en el remate del predio. Este contaba con 300 hectáreas y se destacaba por tener instalada una sala de ordeña rotativa de 60 unidades, inversión que habían hecho sus propietarios anteriores.

Para conocer mejor la historia de esta empresa, el administrador general, Fredy Antillanca, relató el destino que tomó este fundo: en enero de 2018 comenzaron con la lechería. Cuenta que el propietario, Alberto Romero, al momento de decidir entre dedicarse a la engorda o la ordeña, tomó la decisión de formar la lechería. Pese a la existencia de la sala, aún quedaba mucho por hacer en el campo: había praderas y terreno para cultivos, pero no había ganado de ningún tipo. A eso se sumó el deseo de darle un impulso productivo definitivo. Como equipo decidieron aprovechar la inversión en infraestructura: el predio contaba con 300 hectareas (Mulpulmo) junto al sector Siete Parcelas de 235 hectáreas. Ambos campos estaban separados y en 2021 agregaron la compra de un predio vecino de 134 hectáreas, a través del cual pudieron unir el paño completo. A su vez, la empresa posee otro campo de 125 hectáreas para engordar machos, crianza y producción de forrajes ubicado en Pelleco.

Hoy, toda esta unidad, les permite pensar en proyecciones productivas y continuar consolidando lo que están haciendo.

“Aquí no había nada. Sólo estaba la sala. Partimos comprando 700 vaquillas a varios productores en distintas etapas para armar el plantel. Principalmente de alta producción y de excelente genética, que era el objetivo al principio, ya que, si bien producen mucho, también consumen mucho; el costo directo de alimentación de una vaca de 10 mil litros, no es el mismo de una de 7 mil”, dice Fredy Antillanca. Con años de experiencia en lecherías de altísimo pastoreo y el uso de cruzas como Kiwi Cross, le permiten hoy contribuir al enfoque productivo que tienen en Mulpulmo.

La situación se fue ajustando en los últimos 4 años. “Hoy tenemos vacas entre 8 y 9 mil litros. El óptimo sería entre 7 y 8 mil litros; probablemente mejoremos sólidos. Cada vez nos está costando más la parte reproductiva: cuesta más preñarlas, son más exigentes. Este va a ser un tiempo de prueba y error del sistema”, comenta el administrador.

Hoy se trata de una vaca mediana a grande, que cuando el pasto es abundante, consume hasta el 45% de su ración sobre la base de pradera pastoreada y el 55% restante es suplementación. Sin embargo, en invierno, el 80% es suplementación y el 20% restante es de praderas.

Dentro de quienes apoyan a esta empresa, se encuentran asesores como el ingeniero agrónomo Julián Parga y el ingeniero comercial Mario Apparcel, junto a un equipo de medición de praderas.

Actualmente el rebaño masa son 900 vacas, con unas 790 vacas en ordeña. Los partos están repartidos en primavera y otoño y, como son vacas de alta producción, lo han ido ajustando. “Lo bueno es que una vaca como esta, puede estar 2 años produciendo 30 litros. Esto logra que, si la vaca no queda preñada, pueda mantenerse en producción siendo un aporte importante en el rebaño. Al mismo tiempo, como tiene más tiempo en lactancia, los sólidos también mejoran y siguen contribuyendo. Finalmente, estos sistemas de alta producción terminan inseminando todo el año”, relata.

Al haber comenzado con 700 vacas en forma simultánea, surgió la preocupación de tener una alta eliminación al tercer año. No fue así. En el 2021 recién tuvieron un 22% de eliminación y ya van por el cuarto parto. Longevidad y buenas lactancias son uno de los temas que los destacan, con una reposición sin complicaciones.

Una de las claves, es la buena alimentación. Con mucho trabajo en ese detalle, las vacas siempre están bien mantenidas. Utilizan tecnologías como el secuestrante de micotoxinas y protectores hepáticos, en forma constante, para evitar impactos negativos en el hígado. “En 2021 producimos en promedio 7 millones de litros con casi 800 vacas en ordeña, con un 7,41% de suma de sólidos, 3,58 de grasa y 3,43 de proteína. Con genética americana, frisón irlandés, un poco de Montbeliarde y Jersey americano, siempre apuntando a una vaca de al menos 7 mil litros de producción”, dice.

“La idea es ir buscando una vaca un poco más pastoril, siempre manejando un sistema rentable”, comentan junto a José Tomás Romero. “Es un sistema que está en ajuste, pero que se ha ido armando, siempre con la visión en la utilidad y productividad por hectárea”.

En calidad de leche han tenido buenos resultados, con RCS entre 190 y 240 mil y con 7 a 8 mil UFC.

Para alimentar al plantel, la estructura y aprovisionamiento de forrajes se basa en 90 hectáreas de maíz, 70 hectáreas de triticale, 25 hectáreas de raps forrajero (para vacas secas), 13 hectáreas de remolacha (para la lechería y franja pastoreo diario) y 6 hectáreas de nabos. El 30% del campo se destina a cultivos y una superficie de 320 hectáreas para praderas, sumando el nuevo predio.

“Si bien hoy estamos reutilizando el área pastoril, queremos llegar a 1100 vacas en forma paulatina con crecimiento sustentable”, comenta José Tomás. “La experiencia – agrega Fredy- cuando uno crece demasiado rápido con el rebaño lechero, se tiende a bajar la producción individual por vaca. Hoy tenemos 8 mil litros efectivos por vaca masa, que es lo que nos importa, con 9 mil litros de vacas ordeña. Esa diferencia es bastante buena”.

Crianza

José Tomás es Ingeniero Comercial y llegó en el mes de agosto para participar en Mulpulmo. Hoy aporta al negocio familiar, decisión en la que se reconoce en pleno aprendizaje. Dice que la experiencia lo mantiene entusiasmado y contento. Se abocó a 2 áreas definidas donde hace los ajustes y mejoramientos necesarios.

“La crianza siempre es un costo donde se mete plata y no donde se saca, pero es la base del proceso. Es un tema delicado y una inversión para las futuras vacas lecheras. Estas últimas tienen que estar bien desarrolladas y mantener eficiencia en los costos, entregando ciertos recursos. Es una inversión a largo plazo que se justifica”, cuenta.

Un ternero, desde que nace hasta los 75 días, se alimentará a base de leche, concentrado y heno, buscando duplicar el peso del nacimiento. “Esta meta es la primera temporada y es en la que nos fijamos. Al nacer, le damos al ternero un calostro de buena calidad, producido por su madre. Es importante saber que cuando no lo tiene, lo recibe de otra vaca. El partero va refrigerando y congelando calostro para cuando se requiera. Luego, el ternero pasa a ternerera, con leche (2 lt a la mañana y 2 lt a la tarde), concentrado y pasto seco, hasta que aproximadamente duplique su peso (75 días)”, cuenta. Este objetivo productivo lo están desarrollando junto a la Dra. Karin Loebel, enfocados en el desarrollo del animal, más que el del calendario.

Un punto clave es la llegada al encaste, que puede ser entre los 13 y 15 meses, donde, por la genética del plantel, tenga entre 300 y 320 kilos, y que la vaquilla de su primer parto a los 24 meses. Un buen desarrollo, encaste y parto exitoso son los objetivos propuestos. También destaca la engorda de los machos, donde hacen cruzas terminales en algunos casos. Visualmente, el resultado se ve muy bueno y han aprovechado un excelente proceso productivo, que se refleja en los resultados positivos en sus terneros.

Riego

Las tecnologías de riego requerirán una entrevista posterior, comenta José Tomás. Llevan muy poco tiempo tras su establecimiento, pero lo que sí tienen claro es que en esta primera temporada hay 50 hectáreas con riego por tazas Irripod y un pivote para 70 hectáreas, equipo marca Valley.

“Estamos regando bajo la asesoría de Mario Wulf, con un sistema de alta precipitación y más días de diferencia entre riego y riego para tener una planta entrenada en ir a buscar agua con las raíces hacia abajo, no entregarle lo que necesita diariamente todos los días, sino una vez a la semana, o cada 5 días”.

Es un sistema que se acomoda a la realidad de la planta, del suelo y a la evapotranspiración, reponiendo siempre lo que necesite y pueda faltar.

El futuro

Como metas personales y como una evaluación temprana del desafío que tomó en la empresa familiar, José Tomás concluye con aquello que buscará aportar proximamente. “Tenemos que apuntar a ser más eficientes, ver bien el estado del mercado, viendo las pautas de pago, y ahí enfocarnos en el sistema que necesita mos para apretar donde se mueve más la aguja”, explica. Su padre siempre ha perseguido el campo y mantuvo una conexión con la agricultura. Durante 35 años quiso volver a dedicarse a esta actividad y, una vez que tuvo los recursos, la decisión no se hizo esperar. Esta es una unidad productiva, que poco a poco se va consolidando con la producción lechera como rubro principal.

Más longevidad y fertilidad

Durante el preparto y período de transición el uso de Rumensin cápsulas ha sido una gran ayuda y hemos logrado disminuir los cuadros de cetosis subclínica por debajo del 15%.

Nos preocupamos mucho de llegar al parto con una óptima condición corporal tanto de las vacas como de las vaquillas. Adicionalmente con la asesoría del equipo de Elanco medimos BHB cada 15 días y así vamos monitoreando el estado de salud de todos los animales.

Desde que hacemos este manejo con Rumensin hemos observado una mejora en los índices productivos y reproductivos que se traducen en una mayor longevidad del rebaño, un mejor bienestar animal y finalmente una mejor rentabilidad.