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La fórmula productiva de los Hoffmann
En Las Cascadas, la familia Hoffmann construyó un sistema lechero donde la alimentación estable, los datos y las decisiones graduales sostienen la producción y proyectan el legado familiar.
Tres generaciones, una historia común
Llegamos al sector de Las Cascadas para conocer la historia del Fundo Las Cantáridas. Un café de por medio y una charla sin apuros marcaron el inicio del recorrido. Nos recibieron tres generaciones de la familia Hoffmann: Egon Hoffmann Ryks padre, Egon Hoffmann Soto, ingeniero en alimentos (hijo), y Egon Hoffmann nieto. Tres miradas, una misma pasión y una historia que comienza mucho antes de la lechería tecnificada que hoy conocemos.
“Todo se remonta a 1957”, recuerda Egon Hoffmann padre. “Mi madre compró el campo. En ese entonces tenía 47 hectáreas de pradera y ordeñábamos entre 20 y 25 vacas, todo de manera manual”. La conectividad era mínima, el vapor cruzaba el lago Llanquihue y recién comenzaban a trazarse los caminos desde Cascada hacia Osorno. Abastecerse no era sencillo y cada decisión requería planificación y paciencia.
El camino no estuvo exento de golpes duros. En 1960, un incendio arrasó con la casa, los galpones y las bodegas. “Fue un gran retraso para la evolución del campo. Desde ahí hasta aproximadamente 1962 estuvimos reconstruyendo todo”, relata. Volver a empezar fue parte del aprendizaje.
Entre 1976 y 1978 surgió la primera idea de una sala de ordeña más estructurada. De manera rústica, se construyó una base sólida de cemento donde las vacas pasaban en línea para ordeñarse. Eran seis unidades, con un rodeo de 40 a 45 vacas Overo Colorado. Fue un paso decisivo.
Decisiones sanitarias y gestión basada en datos
En 1982 llegó otra decisión clave: la eliminación de los toros por razones sanitarias, con el objetivo de erradicar la brucelosis. Se comenzó a trabajar con inseminación artificial y se incorporó el control lechero, sentando las bases de una gestión basada en datos.
Egon Hoffmann padre fue además socio fundador del GTT La Junta, una experiencia que marcaría profundamente su forma de producir. “El GTT fue fundamental. Era un punto de encuentro con otros agricultores donde compartimos opiniones. Participé en giras técnicas por varios países, charlas y asesorías. Todo eso fue mi aprendizaje para seguir en el rubro”, afirma.
Con ese bagaje y mucho esfuerzo, se avanzó en un plan de crecimiento paso a paso. Se construyó una sala de ordeña mecanizada de seis unidades, espina de pescado, con retiradores automáticos y estanques de enfriamiento. En esa etapa se ordeñaban alrededor de 60 vacas.
El crecimiento vino acompañado de una mirada integral del sistema. Se trabajó en la fertilidad de las praderas, se construyó un patio de alimentación para 112 vacas y se avanzó en la mecanización forrajera. “Mecanización con máquinas propias para la fabricación de forrajes fue un salto de independencia y de calidad. Con los prestadores de servicios dependíamos de sus tiempos y, por nuestra ubicación, siempre éramos los últimos”, explica Egon Hoffmann padre. También se incorporó riego, fortaleciendo la estabilidad productiva.
Alimentación: estabilidad como principio
En el Fundo Las Cantáridas, la alimentación se concibe como un eje estructural del sistema productivo. El foco está puesto en que la vaca coma lo mismo durante todo el año, evitando cambios bruscos en la ración que impacten en el consumo, la producción y los sólidos.
“Nuestro objetivo es no hacer grandes modificaciones en la dieta. Buscamos estabilidad”, explica Egon Hoffmann hijo. Ese enfoque llevó a revisar profundamente la forma en que se trabajaba con los concentrados. “Con el concentrado teníamos muchos inconvenientes comerciales, problemas de stock y variabilidad de precios. A partir de eso empezamos a trabajar más con materias primas, incorporando además el uso de sales con selenio, que son importantes para esta zona”, comenta.
La transición no fue solo un cambio de insumos, sino de lógica de manejo. “Ellos ya tenían el camino trazado, consistencia en la alimentación y selección de buenas fuentes nutritivas para el rebaño”, señala Yamal Medina. En ese esquema, el ensilaje de maíz ocupa un rol central y el carro mezclador se transforma en una herramienta clave para tomar decisiones y ajustar con precisión.
El ajuste fue concreto: se redujo de manera significativa el suministro de concentrado en la sala de ordeña y se pasó a balancear la dieta directamente en el carro mezclador. “El resultado fue muy claro: con los mismos kilos totales de alimento logramos entre un 20 y un 25% más de producción, y además mejoramos los sólidos”, detalla.
Hoy, todas las decisiones nutricionales se toman sobre la base de análisis objetivos. “Analizamos, vemos qué falta y, a partir de eso, formulamos. No trabajamos por intuición”, resume Medina. El sistema se apoya en una analítica bien utilizada, una formulación precisa de raciones y un uso profesional de las materias primas, siempre con la consistencia como regla y la eficiencia como resultado.
Genética y reproducción
La estrategia reproductiva del Fundo Las Cantáridas está orientada a sostener volumen de producción y sanidad como pilares del sistema. Todo el rodeo se maneja bajo inseminación artificial, lo que permitió ordenar los procesos y avanzar de manera consistente en genética.
Para la reposición de la lechería se utiliza semen sexado, mientras que el resto de los servicios se realiza con genética de carne, optimizando el uso de cada categoría. El asesoramiento genético está a cargo de Carlos Albrecht Amthauer, quien acompaña al establecimiento desde el inicio de este camino.
La base racial inicial fue Overo Colorado. Hoy el sistema trabaja con Holstein Holandés con Rojo Sueco, buscando mejorar eficiencia, calidad de leche y sólidos, sin perder adaptación al sistema.
Crianza y praderas
El manejo de la crianza se apoya en un esquema de 90 días en leche, con foco en el consumo temprano, la sanidad y el bienestar animal. Durante este año se implementó un cambio relevante en la dieta: se eliminó el uso de concentrado y se comenzó a trabajar con soya y maíz, junto con la incorporación de sales minerales.
El sistema productivo se apoya en praderas naturalizadas, repobladas de manera estratégica según las necesidades del campo. En muchos casos, se trata de praderas que se mantienen desde los inicios del establecimiento, con una intervención mínima a lo largo del tiempo.
La aplicación de purines integra el manejo de efluentes al ciclo productivo, aportando nutrientes de forma eficiente y sustentable. Este enfoque permite sostener la productividad de las praderas, cuidando la estructura del suelo y la estabilidad del sistema forrajero.
Tecnología y registros
“A mi papá siempre le ha gustado la tecnología y la innovación para hacer las cosas mejor. Tenemos ritmos distintos; a mí me gustaría incorporar más rápido, pero él es el cable a tierra”, cuenta Egon Hoffmann hijo. Ese equilibrio entre impulso e interpretación ha marcado el camino de la innovación en el sistema.
El salto tecnológico más reciente llegó con la incorporación de collares de monitoreo. “Antes de los collares teníamos un intervalo interparto de 407 días. Hoy lo bajamos a 392 días”, detalla. El servicio por preñez pasó de 2,2 a 1,96 gracias al uso de esta tecnología.
Los registros son una herramienta central. “Contamos con datos desde los primeros controles lecheros realizados en 1982. Tenemos un historial muy valioso que nos permite comparar la evolución del sistema y analizar cómo se comportaron los distintos meses a lo largo de los años”, explica.
Desafíos y legado
“Nuestro desafío es encantar a las siguientes generaciones. Siempre les digo a mis hijos que pueden estudiar lo que quieran, pero también mostrarles lo mejor de esta labor para que quieran continuar”, comparte el productor.
El segundo gran desafío es seguir avanzando con una lógica clara: aprovechar mejor el espacio, maximizar la producción por vaca y mejorar la eficiencia del sistema, sin saltos apresurados. “Queremos ir paso a paso: mejorar el manejo de purines, avanzar hacia la estabulación, pensar en ordeña robótica y riego… pero todo, paso a paso”, resume.
“Mi mayor logro fue el crecimiento del campo. Haber podido comprar 250 hectáreas fue resultado de mucho sacrificio”, reflexiona Egon Hoffmann padre. Para su hijo, el mayor logro ha sido distinto: “Volver a encantar a mi papá con la lechería, que se motive y que no se pierda este legado familiar”.
Un legado construido con decisiones conscientes, aprendizaje constante y una visión que se transmite de generación en generación.
Constanza Pérez