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Eficiencia forrajera: del campo al comedero
Con un enfoque práctico y participativo, el Seminario de Forrajeros organizado por Lechería Verde en Osorno reunió a productores, administradores, asesores y, especialmente, a quienes diariamente están detrás del tractor, del carro mezclador y de la alimentación del plantel.
Desde el inicio, Félix Casas planteó uno de los ejes que atravesaría toda la jornada; la necesidad de reconocer el protagonismo de los operadores en los resultados de una lechería. «Pocas veces como asesores le damos tiempo al forrajeo», señaló, destacando que buena parte de lo que se planifica desde la nutrición finalmente depende de cómo se ejecuta en terreno.
La capacitación buscó reducir esa distancia entre teoría y práctica. Javier Sabbia abordó la nutrición y la alimentación de precisión poniendo a la vaca y su rutina en el centro; Félix Casas analizó la eficiencia forrajera y los cambios que atraviesan los sistemas productivos del sur de Chile; Fernando Clemente profundizó en la confección, conservación y extracción de silajes; y Leonardo Vielma llevó esos conceptos hasta la maquinaria, revisando operación, regulación, mantenimiento y seguridad de los carros mezcladores.
Más que una sucesión de exposiciones, el objetivo fue generar intercambio, resolver dudas y entregar herramientas aplicables en el campo. La instancia incluyó además un trabajo práctico, permitiendo llevar parte de los conceptos revisados durante las charlas directamente a la operación y reforzar el aprendizaje de quienes trabajan a diario con la alimentación.
El desafío cobra especial importancia en una lechería del sur de Chile que avanza desde sistemas históricamente pastoriles hacia modelos mixtos, donde aumenta la participación de los alimentos conservados y del suministro en comederos. En este escenario comienza una nueva etapa; producir buenos forrajes ya no es suficiente; hay que conservarlos, mezclarlos y entregarlos correctamente para que se transformen en leche.
Contenido
Nutrición práctica en lechería y mezcla perfecta
Javier Sabbia, Médico Veterinario, Master en Ciencias por South Dakota State University y especialista en nutrición animal, abrió la jornada poniendo el foco en las decisiones cotidianas que terminan impactando en la producción.
Su punto de partida fue claro: la vaca debe estar en el centro del sistema. Genética, sanidad, reproducción, confort, ordeño y alimentación forman parte de un mismo engranaje, y cualquier falla puede limitar el resultado final.
Uno de los principales ejes fue la rutina. Sabbia explicó que una vaca necesita entre 12 y 14 horas de descanso y múltiples visitas al comedero durante el día. Alterar sus horarios, generar esperas prolongadas o limitar el acceso al agua y al alimento puede reducir el consumo y, en consecuencia, la producción.
«La vaca es rutinaria. Le gusta todos los días, a la misma hora, comer la misma comida» — Javier Sabbia, Médico Veterinario, especialista en Nutrición Animal.
También destacó la necesidad de lograr que consuma los kilos de materia seca previstos en la dieta. Para eso es fundamental medir y controlar, porque la humedad de silos y forrajes puede variar considerablemente y modificar los nutrientes entregados.
Otro concepto central fue el cuidado del rumen. «Nosotros no alimentamos solamente a la vaca; alimentamos las bacterias que viven dentro de ella», explicó. Cambios bruscos en la dieta, falta de fibra efectiva, exceso de concentrados o períodos prolongados sin alimento pueden alterar el ambiente ruminal y generar problemas productivos.
En su bloque «Mezcla perfecta», Sabbia trasladó estos conceptos al carro mezclador. Materia seca, precisión de la balanza, orden de carga, tiempos de mezclado y distribución pueden generar diferencias entre la dieta formulada y la dieta que efectivamente consume la vaca.
«Dato mata relato», resumió, recomendando utilizar herramientas de control, pero sin olvidar una de las más importantes: observar al animal, su rumia, sus bostas, su comportamiento frente al comedero y los rechazos.
Eficiencia forrajera
El Ingeniero Agrónomo Félix Casas, especialista en asesorías integrales y referente técnico latinoamericano, centró su presentación en cómo producir y utilizar los forrajes de manera más eficiente, poniendo especial atención en el rol de quienes confeccionan, cargan y entregan diariamente las dietas. «Hoy día le estamos pasando el 50% de nuestra inversión al operario o al equipo de forrajeo».
Casas contextualizó este desafío en una lechería del sur de Chile que enfrenta veranos más secos, variabilidad de las lluvias, altos costos de fertilización y superficies productivas limitadas. Frente a ello, los sistemas avanzan hacia esquemas mixtos, con una mayor participación de alimentos suministrados en los comederos.
Esto obliga a mirar cada alternativa no solamente por su costo, sino por cuántos kilos de materia seca y nutrientes es capaz de producir por hectárea. Praderas, alfalfa, ballicas anuales o maíz deben analizarse según su capacidad de aportar energía, proteína y fibra a cada categoría animal. La gestión de los recursos forrajeros se vuelve así un factor determinante para sostener la productividad del sistema.
Sin embargo, una buena producción forrajera pierde valor si la ejecución falla. Casas mostró ejemplos reales donde los kilos efectivamente cargados en el mixer difieren de la receta, incluso en ingredientes de alto costo como minerales y aditivos. «Yo puedo hacer la dieta para llegar a 40 o 42 litros, pero si esto se lo estoy dando mal, no va a llegar a esos 40 litros».
Especial atención dedicó al preparto, donde el menor consumo aumenta el impacto de cualquier error. El control del potasio de los forrajes, la correcta inclusión de minerales y la clasificación y análisis de los silajes desde la cosecha resultan fundamentales.
Para Casas, la tecnología de pesaje y monitoreo debe entenderse como una herramienta para facilitar el trabajo del operador y generar información objetiva, no simplemente como un mecanismo de control.
«Podemos tener muy buenos carros, tractores y tecnología, pero necesitamos personas capacitadas para aprovecharlos y convertir esa inversión en resultados» — Félix Casas, Ingeniero Agrónomo, especialista en Asesorías Integrales.
De la confección al comedero
Durante la tarde, Fernando Clemente, Ingeniero Agrónomo, especialista en producción bovina y referente técnico en forrajes conservados, recorrió el proceso completo del silaje, desde su confección hasta la extracción y entrega al animal.
Su mensaje principal fue que ningún método de conservación puede mejorar la calidad original del cultivo. «Si necesito un excelente alimento, tengo que hacer un cultivo de excelente calidad».
A partir de allí, explicó que el gran enemigo del silaje es el oxígeno. Mientras permanece dentro del material, continúa la respiración y microorganismos como hongos y levaduras consumen nutrientes. Por eso, la compactación, hermeticidad y velocidad de cierre resultan determinantes.
La materia seca fue otro de los parámetros centrales. Como referencia general, planteó trabajar entre 30 y 40%, dependiendo del cultivo y del sistema de almacenamiento. Un material excesivamente húmedo puede generar efluentes y fermentaciones indeseables; uno demasiado seco dificulta la compactación y favorece la presencia de oxígeno.
Clemente también puso las pérdidas en términos económicos. En uno de los casos analizados, reducir siete puntos de pérdida representaba alrededor de US$50.000 y 20 días adicionales de alimentación para 1.800 vacas.
«Tenemos que empezar a tomar conciencia de que tenemos mucha plata almacenada» — Fernando Clemente, Ingeniero Agrónomo, especialista en Producción Bovina.
El manejo tampoco termina al cerrar el silo. Durante la extracción recomendó mantener un frente limpio y uniforme, avanzando diariamente para limitar la exposición al aire. La temperatura puede actuar como indicador: un silaje que comienza a calentarse puede estar mostrando actividad de levaduras y hongos.
En síntesis, cada nutriente perdido durante la conservación es un componente que nunca llegará al comedero ni podrá transformarse en leche. Mantener la calidad del forraje producido a lo largo de todo el proceso de conservación es tan importante como lograrla en el cultivo.
Máximo rendimiento del carro mezclador
El cierre de la jornada teórica estuvo a cargo de Leonardo Vielma, técnico senior de CERES, especialista en capacitación y marketing. Experto en maquinaria agrícola, quien llevó el análisis directamente al funcionamiento de los carros mezcladores.
Su mensaje fue concreto: no existe una máquina que por sí sola garantice una buena mezcla. «La máquina hace el trabajo, pero el operador hace la diferencia».
Vielma revisó las características de carros verticales, horizontales y estacionarios, señalando que la elección debe responder al tipo de dieta, volumen de trabajo y condiciones de cada predio. Pero cualquiera sea el sistema, el operador es quien transforma la receta en alimento.
«El operador es el cocinero de las vacas: si ejecuta bien la receta, la mezcla será uniforme y las vacas recibirán lo que realmente fue formulado» — Leonardo Vielma, Técnico senior de CERES, especialista en capacitación y Marketing.
Orden de carga, pesaje, tiempos de mezclado y observación del comportamiento de los ingredientes dentro del carro son determinantes. Mezclar más tiempo tampoco significa mezclar mejor; una vez alcanzada la homogeneidad, continuar el proceso solo aumenta el desgaste y consumo.
Otro eje fue el mantenimiento preventivo. Revisar neumáticos, engrases, fugas, cuchillas, cintas y balanza permite anticiparse a fallas que podrían interrumpir la alimentación. «Cuando llegamos al mantenimiento correctivo, ya estamos apagando el incendio».
La seguridad ocupó además un lugar central, detener los equipos antes de intervenir, utilizar elementos de protección y revisar componentes como la toma de fuerza son medidas indispensables.
El mensaje final volvió al mismo protagonista con el que comenzó el seminario: el operador. Capacitarlo para interpretar ruidos, vibraciones, diferencias de pesaje o cambios en la mezcla permite aprovechar mejor la tecnología y anticiparse a los problemas.
Porque desde el cultivo hasta el comedero existen múltiples oportunidades para perder calidad, nutrientes y dinero. Allí estuvo el eje de la jornada, entender que una alimentación eficiente no depende de una sola decisión, sino de una cadena de trabajos bien ejecutados, todos los días. Explorar alternativas forrajeras más eficientes forma parte de esa misma búsqueda por sostener la cadena desde el campo hasta el comedero.