Empresariales, Producción lechera

Transición hacia la estabulación en lecherías

Producir más leche no garantiza un mejor negocio. Especialistas reunidos por Anasac analizaron qué decisiones económicas, nutricionales, reproductivas y de manejo pueden definir el éxito de una transición hacia la estabulación.

La transición desde sistemas pastoriles hacia modelos parcial o totalmente estabulados comienza a ganar espacio en las lecherías del sur de Chile. La búsqueda de mayor control, mejores condiciones para los animales y una producción más estable está llevando a numerosos productores a evaluar un cambio que, sin embargo, exige mucho más que invertir en infraestructura.

Ese fue el eje del seminario «De la pastura al galpón: hacia una producción sostenible», organizado por Anasac en Osorno. La jornada reunió a especialistas nacionales e internacionales para analizar la estabulación desde una mirada integral: economía, diseño de instalaciones, transición y lactancia, reproducción, bienestar animal, base forrajera y tecnologías de precisión.

El panel incluyó al Dr. Víctor Cabrera, encargado de abordar las bases económicas y la sostenibilidad del sistema; el Dr. David Kammel, especialista en diseño, bienestar y manejo dentro de los galpones; el Dr. Pedro Meléndez, enfocado en transición y lactancia; el Dr. Mario Duchens, en reproducción; el Dr. Rolando Demanet, en producción y calidad de forrajes; y el Dr. Pablo Pinedo, quien analizó el aporte de las tecnologías de precisión.

Para Juan Antonio Bombal, gerente de Veterinaria y Semillas de Anasac, la selección de los expositores buscó combinar conocimiento académico con experiencia práctica en rebaños lecheros y, además, una mirada cercana a la realidad productiva latinoamericana.

Más leche, pero ¿más margen?

Uno de los primeros mensajes de la jornada fue que el éxito de una estabulación no debería medirse solamente por el aumento de litros producidos.

El Dr. Víctor Cabrera planteó que el primer indicador a observar es el ingreso sobre costo de alimentación. Al pasar del pastoreo al confinamiento, la producción puede aumentar, pero también lo harán los costos de la dieta.

Por eso, la verdadera pregunta es cuánto margen queda después de producir esos litros adicionales.

Cabrera también advirtió sobre los denominados costos ocultos: mayor inversión en instalaciones, mantenimiento, prevención sanitaria y personal más capacitado. Un sistema intensivo entrega más control y más información, pero también exige un manejo mucho más fino.

Su recomendación es evaluar el cambio con evidencia, analizar experiencias comparables e incluso comenzar con grupos de animales antes de transformar todo el sistema.

«El primer indicador que miraría es el ingreso sobre costo de alimentación». — Dr. Víctor Cabrera.

«Si paso de un sistema pastoril a uno estabulado y no hago ningún cambio de manejo, lo más probable es que el margen se mantenga». — Juan Antonio Bombal, Gerente de Veterinaria y Semillas de Anasac.

Infraestructura y manejo

La infraestructura apareció como uno de los aspectos más determinantes dentro de un sistema estabulado. Un galpón bien diseñado puede mejorar el control y facilitar el manejo, pero si no ofrece condiciones adecuadas de descanso, espacio y limpieza, puede terminar afectando negativamente el desempeño de las vacas.

Por eso, elementos como la calidad de las camas, el espacio disponible y el manejo cotidiano dejan de ser detalles operativos y pasan a tener un impacto directo sobre el bienestar y la productividad.

La estabulación también ofrece una ventaja importante en alimentación: permite conocer con mayor precisión cuánto alimento se entrega, cuánto rechazan los animales y cómo responden a la dieta. Esa información facilita ajustes más finos y convierte al galpón en un sistema que exige, pero también permite, una gestión mucho más precisa.

  • Margen sobre costo de alimentación.
  • Calidad y diseño de las instalaciones.
  • Confort y bienestar.
  • Calidad de la base forrajera.
  • Capacidad del equipo para utilizar datos y ejecutar nuevos manejos.

La base forrajera

Para el Dr. Rolando Demanet, una estabulación sostenible debe comenzar por una base forrajera de calidad.

En el caso del maíz, señaló como variables centrales el contenido y la digestibilidad del almidón, junto con la digestibilidad de la fibra. En alfalfa, destacó especialmente la calidad de la proteína. Más que producir grandes volúmenes, el objetivo debe ser obtener un alimento capaz de sostener animales de alta producción.

Demanet también identificó dos etapas críticas donde pueden generarse pérdidas importantes: la confección y la entrega del forraje. Un cultivo de buen rendimiento puede perder parte importante de su valor si estos procesos no se realizan correctamente.

«La principal característica de una base forrajera para estabulación es la calidad». — Dr. Rolando Demanet.

Reproducción: más oportunidades de manejo

El Dr. Mario Duchens planteó que el confinamiento entrega una ventaja clara desde el punto de vista reproductivo: aumenta las posibilidades de manejar individualmente a las vacas.

Después del ordeño, es posible separar animales, realizar tratamientos específicos y ejecutar protocolos con mayor precisión.

Pero esa ventaja no elimina los factores que siguen limitando la fertilidad. Para Duchens, dos de los principales continúan siendo el confort y el manejo alrededor del parto.

Disponibilidad de agua, calidad de la cama, espacio de comedero, entrega oportuna del alimento y protocolos diferenciados para vacas adultas y primerizas siguen teniendo un efecto directo sobre reproducción, producción y rentabilidad.

Entre los indicadores reproductivos, destacó especialmente la tasa de preñez, porque permite evaluar con qué velocidad el sistema logra dejar preñadas a las vacas y mantiene una relación más directa con el desempeño productivo.

La tecnología solo sirve cuando termina en una decisión

La mayor capacidad de monitoreo es otra de las oportunidades de los sistemas estabulados, pero para el Dr. Pablo Pinedo tener más datos no significa necesariamente gestionar mejor. El verdadero valor aparece cuando la información conduce a una acción concreta.

Los sensores pueden detectar cambios en actividad, salud o comportamiento antes de que un problema sea visible. Si una vaca modifica un patrón respecto de sus compañeras, la información puede generar una alerta y orientar una revisión.

Pero Pinedo fue enfático en que uno de los errores más frecuentes es incorporar tecnología sin definir previamente cómo se utilizará.

En reproducción y salud, este tipo de herramientas puede reducir la cantidad de animales que deben revisarse manualmente y concentrar la atención en aquellos que realmente presentan señales de riesgo.

«No hay que comprar la tecnología, hay que comprar cómo voy a usar esa tecnología». — Dr. Pablo Pinedo.

Del análisis técnico a una experiencia en terreno

Más allá de los contenidos abordados por los especialistas durante el seminario, la jornada también permitió conocer la experiencia de Fundo Huilquilco, establecimiento que se encuentra avanzando progresivamente hacia un sistema de mayor estabulación. Mario Zampese, ingeniero agrónomo y administrador del fundo, y Hardy Neira, jefe de ganado, compartieron junto al asesor Gonzalo Hidalgo parte del proceso que han desarrollado y los resultados observados hasta ahora.

El predio comenzó estabulando entre un 25% y un 30% de las vacas en leche, principalmente como respuesta a las dificultades que generaban las condiciones de alta humedad durante el invierno y el consecuente deterioro de las praderas. Con un primer galpón con capacidad para 320 animales, el establecimiento avanzó hacia un manejo más controlado de la alimentación, el confort y la cercanía a la sala de ordeño.

Según explicaron sus encargados, los lotes estabulados registraron un aumento cercano a seis litros de leche por vaca, superando las expectativas iniciales. Estos resultados impulsaron una segunda etapa del proyecto, con la que buscan aumentar progresivamente la proporción del rebaño bajo estabulación.

La experiencia de Huilquilco funciona así como un complemento práctico a los temas analizados durante el seminario: muestra cómo variables como infraestructura, alimentación, bienestar y manejo deben integrarse para que una inversión en estabulación se traduzca efectivamente en mejores resultados productivos.

Un cambio de sistema y de mentalidad

El principal mensaje del seminario fue que pasar de la pastura al galpón no consiste simplemente en trasladar las vacas bajo techo.

Implica revisar simultáneamente economía, infraestructura, alimentación, reproducción, bienestar, tecnología y gestión de personas.

Para Anasac, reunir especialistas de distintas disciplinas respondió precisamente a esa necesidad: entregar al productor una mirada completa antes de tomar una decisión que modifica profundamente la operación de una lechería.

Como resumió Juan Antonio Bombal, una inversión importante en infraestructura puede no generar un mayor margen si el manejo continúa siendo el mismo.

La estabulación abre posibilidades de mayor control, más información y mayor producción. Pero el verdadero resultado dependerá de la capacidad de transformar esas ventajas en mejores decisiones y finalmente, en mayor rentabilidad.

Redacción Infortambo
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