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Cultivos suplementarios en lecherías del sur de Chile
Hablemos del Maíz, Remolacha Forrajera y Centeno Híbrido.
La rentabilidad de una lechería depende, en gran medida, de cuánto y a qué costo se produce el alimento dentro del propio predio. En este contexto, los cultivos suplementarios son hoy una de las herramientas más poderosas para dar un salto productivo sin necesidad de ampliar la superficie.
El equipo de Dairylink, empresa especializada en asesoría y nutrición para lecherías del sur de Chile, ha articulado con claridad este enfoque en una reciente conversación con KWS. Sus reflexiones —respaldadas por años de experiencia en predios de la zona— son el hilo conductor de este artículo. Se destacan tres alternativas que podrían marcar una diferencia: el ensilaje de maíz, la remolacha forrajera y el centeno híbrido.
Contenido
El ensilaje de maíz: la base energética de la ración
El maíz para ensilaje no es una herramienta nueva en el sur de Chile, pero su potencial sigue siendo determinante. La clave está en complementarlo bien con la pradera: la ballica aporta proteína en cantidad, y el maíz entrega la energía y el volumen de forraje que permiten sostener vacas de alta producción.
«Los maíces son claves cuando uno los complementa bien con una buena pradera. La estrategia de tener los nutrientes, la proteína, a través de las ballicas, y complementarlo con la cantidad de forraje y la energía que nos entregan los maíces, es clave y te puede permitir pegar un salto en producción lechera.» — Pablo Loaiza, Gerente Dairylink.
Ese «salto» se mide en producción por vaca y, sobre todo, en litros por hectárea: un indicador que cada vez cobra más relevancia frente a superficies que no se pueden ampliar pero sí intensificar.
La elección del híbrido de maíz: la decisión más estratégica
Después de más de diez años ensayando híbridos en la zona sur, Dairylink ha afinado los criterios de selección. Pablo Loaiza, Gerente de Dairylink, lo explica en tres pasos: precocidad, eligiendo el híbrido correcto según la zona y el clima disponible; fecha de siembra, ya que sembrar en el momento adecuado determina en gran medida el éxito del cultivo; y manejo agronómico orientado a alto rendimiento, con fertilización ajustada con análisis de suelo previo, uso de starter, bioestimulantes y foliares que empujan el rendimiento en etapas tempranas.
«¿Por qué un rendimiento alto? Porque en la medida que el rendimiento es mayor, los costos se diluyen en un mayor volumen de forraje producido. Por lo tanto, el kilo de materia seca producido y el kilo de almidón producido es mucho menor.» — Pablo Loaiza, Gerente Dairylink.
En cuanto a la orientación del híbrido, los objetivos son dos: volumen de materia seca o mayor concentración de almidón y digestibilidad de la fibra. Cuál priorizar depende del balance forrajero de cada predio. Hoy la genética disponible permite híbridos con mejor digestibilidad, mayor estabilidad productiva o mayor contenido de almidón —y cada uno tiene su lugar en el sistema.
Claves para un ensilaje de calidad
La genética del híbrido es el punto de partida, pero la calidad del ensilaje se define en el proceso. Cosechar con el porcentaje de materia seca correcto, compactar con maquinaria de peso adecuado para lograr anaerobiosis, usar aditivos de calidad y sellar bien el silo son pasos que no admiten atajos.
«No abrirlo inmediatamente. La digestibilidad y el almidón van mejorando en el tiempo si no hay contaminación. Y por eso tener una buena programación de la faena, coordinada entre la cosecha y la confección del silo, es fundamental.» — Pablo Loaiza, Gerente Dairylink.
El cierre del ciclo es el análisis del ensilaje una vez abierto: conocer el nivel de almidón, la digestibilidad y la calidad nutricional real permite ajustar la ración con precisión y validar que el trabajo realizado se tradujo efectivamente en un buen alimento.
Remolacha forrajera KWS: alto rendimiento, bajo costo, pastoreo directo
La remolacha forrajera se ha posicionado como una de las incorporaciones más relevantes de los últimos años en los sistemas lecheros del sur de Chile. Su atractivo es directo: alta producción de materia seca por hectárea, bajo costo de producción y la posibilidad de pastoreo directo, sin cosecha mecanizada ni infraestructura de almacenaje.
«Pasamos de producciones típicas de una pradera, que puede producir 12 toneladas en secano, a producir 25 y hasta 30 toneladas de materia seca de raíz con la remolacha. Es un concentrado que puedo producir con un costo alrededor de los 100 pesos por kilo de materia seca. La remolacha nos ha permitido generar un cultivo de alto rendimiento en nuestra superficie. Rentabilizamos mucho más nuestra hectárea. Y es muy válida hoy día en sistemas y en tiempos de inseguridad o de inestabilidad.» — Pablo Loaiza, Gerente Dairylink.
Centeno híbrido KWS: grano de calidad a bajo costo
Al comenzar a usarlo como grano, el centeno híbrido generó una sorpresa positiva. Su comparación con granos nobles como la cebada y el triticale arrojó resultados similares, pero con una ventaja clave: la capacidad de sostener los sólidos de la leche en épocas críticas cuando la ración está desbalanceada por falta de pradera o menor calidad del silo.
«Son los centenos de grano, los centenos híbridos. Es un cultivo que produce a muy bajo costo un muy buen rendimiento. Hemos logrado producciones en los 90 quintales con un input bajo de nutrientes, en suelos que antes tenían un destino para producir un par de fardos durante la temporada. Una de las gracias que tiene el centeno es que logra un muy buen nivel de sólido. Nos permitió sujetar los sólidos de mucha mejor forma en épocas complicadas. Con esta herramienta puedo mejorar la calidad de la ración que se entrega a los animales.» — Pablo Loaiza, Gerente Dairylink.
En términos de costo, el centeno híbrido es comparable al triticale —e incluso puede resultar más barato—, lo realmente interesante es que el centeno al ser un cereal híbrido produce muchos más kilos por hectárea, lo que reduce significativamente el costo por kilo, lo que significa llegar a la boca de la vaca con un alimento de igual o mejor calidad y a menor precio.
El argumento económico: producir vs. comprar
El contexto de costos en que operan las lecherías chilenas hoy es exigente. La mano de obra ha subido entre un 45 y 50% en los últimos tres años; la energía —petróleo y electricidad— también ha escalado fuertemente. La alimentación, que ya representaba entre el 45 y el 65% de los costos totales, sigue siendo el ítem más determinante.
Frente a ese escenario, la lógica de la intensificación forrajera es contundente:
«Comprar un kilo de maíz roleado hoy cuesta 470 pesos el kilo de materia seca puesto en el campo. Ustedes son capaces de producir cultivos alternativos con energías similares, incluso superiores, a 60-70 pesos. Vale la pena meterse en este programa de intensificación: producir alimentos de muy buena calidad a un costo 5 a 6 veces menor que importar recursos.» — Carlos Aguirre, Gerente Dairylink.
La ecuación es simple: con las mismas hectáreas y la misma gente, producir el doble o el triple de materia seca por hectárea diluye todos los costos fijos y transforma la rentabilidad del sistema. El suelo propio, bien fertilizado y bien manejado, es el activo más estratégico de cualquier lechería.
Conclusiones
La intensificación forrajera es el camino más eficiente y sustentable para mejorar la rentabilidad de las lecherías del sur de Chile. Maíz híbrido para ensilaje, remolacha forrajera y centeno híbrido representan alternativas para un sistema complementario que permite cubrir las distintas necesidades energéticas a lo largo del año, con producción propia y a costos muy inferiores a los insumos externos.
El ensilaje de maíz aporta volumen y energía a través del almidón. La elección del híbrido y el protocolo de confección del silo son determinantes para su calidad nutricional final.
La remolacha forrajera KWS es la herramienta de alto impacto en invierno: rendimientos de hasta 30 t MS/ha, pastoreo directo, aumento de sólidos en leche y costos de producción muy bajos.
El centeno híbrido KWS permite transformar suelos marginales en una fuente de granos de calidad comparable al triticale, con bajo nivel de insumos y con efectos positivos sobre los sólidos de la leche.
Producir el propio alimento puede costar entre 5 y 6 veces menos que comprarlo. Esa diferencia define la rentabilidad de todo el sistema.
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