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Cojeras en vacas lecheras: pérdidas y control
Las cojeras en vacas lecheras representan una pérdida silenciosa pero controlable: en el sur de Chile afectan al 33,2% del rebaño y pueden costar más de $35 millones de pesos por lactancia en un hato de 600 animales. La buena noticia es que el productor sí puede actuar.
Las cojeras en vacas lecheras son una problemática común y de amplia extensión, asociada a distintos factores. Entre ellos se encuentran la pezuña de la vaca lechera genéticamente seleccionada (particularmente la Holstein americana), los suelos blandos, el barro provocado por las lluvias o por tipos de suelo particulares como los arcillosos, y la existencia de pozos de ordeña alejados de los potreros donde se encuentran las vacas.
Las oportunidades de mejora en el negocio lechero tienen diversas aristas. En esta ocasión abordaremos precisamente este tema, porque de acuerdo con el consenso científico, los investigadores han determinado que en el sur de Chile tenemos un 33,2% de cojeras. Esta situación puede acentuarse cuando existen patios de espera llenos de vacas (lugar donde se produce el 25% de las cojeras), caminos de más de un kilómetro y una mala gestión en la supervisión y el tratamiento oportuno de esta condición.
Contenido
Pérdidas económicas
Las pérdidas económicas por cojera no se explican solo por la atención médico-veterinaria. También se relacionan con la producción (cada vaca coja pierde 360 kg de leche por lactancia), el aumento de los días al primer servicio, los días servicio/preñez, el consumo de alimento y agua, la eliminación y/o eutanasia, entre otros factores.
Para entenderlo mejor, consideremos el siguiente ejercicio para un rebaño de 600 vacas de la región:
Existe una estrecha relación entre un adecuado estado de bienestar y la producción animal.
- Pérdidas por claudicaciones alcanzan 360 kg por lactancia (Green et al 2003).
- Con un 33% de vacas cojas en un rebaño de 600 vacas, hay 198 vacas cojas (clínicas).
- 360 kg × 198 vacas = 71.280 kg
- 71.280 kg × $500 = $35.640.000 pesos
Lo que ocurre no es que no estemos perdiendo dinero, sino que, en realidad, no estamos viendo esa pérdida. Esto se debe, muchas veces, al desconocimiento; algo que se puede solucionar leyendo los manuales del Consorcio Lechero de Bienestar Animal y capacitándose constantemente, tanto como productores como junto a los equipos de trabajo.
En la tabla siguiente podemos ver las pérdidas económicas (solo en producción de leche) de acuerdo con el grado de cojera. De esta manera, se hace necesario enfocar la atención, de forma intencionada, en las cojeras de las vacas lecheras.
La evaluación y diagnóstico
Es importante realizar la evaluación diagnóstica siempre a la salida del pozo de ordeño, cuando la ubre está vaciada y la vaca camina relajada. El punto crítico de control es hacer esta evaluación una vez a la semana, para tomar la acción correspondiente a tiempo.
Si se puede aprovechar el potencial genético de la inversión inicial hecha en esa vaca, dándole el tratamiento correspondiente con analgesia preventiva (como se indica en el artículo 7 del Decreto 29 de la Ley de Protección de los Animales) y el descanso necesario en una enfermería, se puede favorecer la recuperación del organismo.
La vaca es un organismo que funciona biológicamente, y la lactancia es el proceso más caro de la naturaleza; por eso, debemos favorecer este proceso para ganar en el negocio lechero.
Aviso importante: Las intervenciones quirúrgicas, procedimientos médicos y eutanasias deberán ser realizados por un médico veterinario o por personal debidamente entrenado y bajo la responsabilidad de un médico veterinario.
Es importante entender que el Bienestar Animal es una ciencia que favorece la producción de la vaca lechera y de todo tipo de producciones con animales. Por eso, debemos valorar que la ciencia nos ayude a establecer mejoras en el sistema productivo, ya que está lejos de ser un enemigo.
Tratamiento: la enfermería bovina
Una vaca coja que recibe tratamiento y atención en el momento correcto puede recuperarse, evitando así el avance de la enfermedad. Si no se actúa a tiempo, la vaca puede pasar a ser portadora de dolor crónico, caso en el que se arruina para siempre su cantidad y calidad de leche, independientemente de lo buena que pueda ser su genética.
Una enfermería para bovinos debe contar con techo contra la lluvia y el sol, protección lateral con ventilación, acceso a comida y agua (llevada al animal), paja abundante que se debe cambiar todos los días (salvo que se utilice un producto secante como Mistral), ordeñador transportable, botiquín de tratamientos, fichas de registro de tratamiento y evaluación del médico veterinario que otorga el alta médica.
El dolor crónico y las vías del dolor
Cuando se logra recuperar a la vaca y su potencial genético, el negocio lechero se beneficia. Sin embargo, cuando el dolor es crónico, la vaca puede volverse refractaria (es decir, su cuerpo no responde) a tratamientos tradicionales, tal como explica el consenso científico nacional e internacional.
Lo mismo ocurre en todos los mamíferos, incluido el humano: luego de unos meses, se daña la modulación del dolor, proceso que ocurre en la médula espinal. Por esta razón, cuando se tiene dolor por mucho tiempo, es necesario consultar a un fisiatra, médico experto en dolor crónico no oncológico.
Prevenir: ¿qué podemos hacer?
La detección de la cojera a tiempo es vital, ya que puede determinar si se arruina por completo el potencial productivo en leche de una vaca o si, por el contrario, se logra recuperarla oportunamente.
Es necesario observar si en el rebaño existe un número importante de vacas con grado 2. Estas, si no son revisadas dentro de los próximos 30 días, podrían evolucionar a un grado de locomoción 3. Son vacas con cojera subclínica; es decir, aquellas que no cojean evidentemente de algún miembro, pero sí presentan alguna anormalidad en su desplazamiento o al estar detenidas, como el encorvamiento del lomo. Además, no pueden competir adecuadamente para comer y tomar agua, y tienen dolor persistente. Ante la Ley 20.380, esto constituiría un incumplimiento por sufrimiento innecesario.
Otros puntos a considerar para la prevención son los siguientes: las piedras pueden abrir una vía de contacto entre el suelo y la sangre, favoreciendo la proliferación de bacterias como Fusobacterium necrophorum. El patio de espera no debe superar la mitad de su capacidad de llenado, ya que ahí se produce el 25% de las cojeras; además, de acuerdo con el consenso científico, se debe contar con colchonetas de al menos 3 centímetros de espesor en ese lugar. El lugar correcto para una vaca enferma de cojera u otra enfermedad es una enfermería, pues de otra manera el cuerpo no recibe las condiciones necesarias para destinar energía a la recuperación.
Finalmente, la distancia entre el pozo de ordeña y el potrero no debe ser superior a 1 km para vacas sanas.
El decreto y el marco legal
En el decreto aplicable a predios lecheros se señala claramente que los animales deben caminar a su ritmo, sin ser apurados u hostigados. Esto es muy manejable: si se capacita al personal respecto del comportamiento animal y de la actitud que deben tener hacia los animales, no solo se tendrán menos cojeras, sino que también aumentará significativamente los litros y la calidad de la leche.
Existen diversos médicos veterinarios dedicados al área de cojeras, como José Borkert y Juan Mejías. Además, se cuenta con la ayuda y colaboración permanente del Consorcio Lechero, que elabora guías de manejo y materiales para mejorar los caminos.
Finalmente, se recomienda aprovechar esta gran oportunidad de mejora en el negocio lechero y, además, evitar multas por maltrato innecesario según el Decreto 29, o por maltrato animal por omisión, ambos pertenecientes a la misma legislación.