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Crianza de terneras: los primeros 60 días
La nutrición temprana no solo influye en el crecimiento de la ternera. También condiciona su desarrollo, su sanidad y el potencial productivo que podrá expresar como vaca adulta.
En un escenario lechero cada vez más exigente, la crianza de terneras dejó de mirarse como una etapa secundaria. Cada vez existe mayor consenso en que buena parte del resultado productivo de una vaca comienza a definirse mucho antes del primer parto. Todo empieza, en realidad, en sus primeros días de vida.
Durante esta etapa, la alimentación líquida cumple un rol central. No se trata únicamente de lograr que la ternera crezca, sino de entregar los nutrientes necesarios para formar órganos, tejidos y estructuras que serán determinantes en su desempeño futuro.
Para Viviana Apiolaza, médico veterinario especialista en crianza bovina, el concepto es claro: «Una buena vaca lechera se fabrica desde la cuna». La frase resume una mirada que hoy toma fuerza en los sistemas lecheros: invertir bien en la ternera es invertir en la futura vaca del rebaño.
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Una decisión sanitaria y productiva
La leche entera ha sido tradicionalmente utilizada en muchos sistemas de crianza. Sin embargo, su uso también exige evaluar riesgos sanitarios, especialmente cuando se trata de leche de descarte. Según plantea Apiolaza, esta última no es recomendable por el riesgo de transmitir enfermedades dentro del rebaño. En ese contexto, los sustitutos lácteos aparecen como una alternativa que permite ordenar la alimentación líquida y entregar un producto más estable, controlado y seguro.
Desde Josera, Matías San Juan explica que el punto de partida es entender que no todos los sustitutos son iguales. «No son todos iguales. Hay diferencias en el porcentaje de proteína, grasa, los ingredientes utilizados y la calidad de esos componentes».
Por eso, al momento de elegir un sustituto lácteo, no basta con mirar la etiqueta de manera superficial. La calidad de las materias primas, la digestibilidad, la estabilidad del producto y su correcta preparación son factores que terminan incidiendo directamente en el resultado.
Preparar bien para criar mejor
Uno de los errores más frecuentes en campo no está necesariamente en el producto, sino en su manejo. Pesajes imprecisos, diluciones incorrectas, temperaturas inadecuadas o mezclas mal realizadas pueden generar problemas digestivos y afectar el desempeño de las terneras.
San Juan advierte que muchos cuadros que se atribuyen al sustituto tienen otra explicación: «Cuando revisamos los casos de diarreas o problemas digestivos, muchas veces encontramos errores en la preparación».
La recomendación es simple, pero determinante: respetar las indicaciones del fabricante, controlar la temperatura del agua, medir correctamente la cantidad de polvo y asegurar una mezcla homogénea. En crianza, los detalles no son menores. Una diferencia en la preparación puede transformarse en una diferencia en digestión, sanidad y ganancia de peso.
Menos estrés digestivo en una etapa crítica
La transición desde la leche entera hacia un sustituto lácteo también requiere cuidado. Según explica San Juan, cuando se realiza durante los primeros días y con productos adecuados, puede contribuir a una mejor adaptación digestiva: «El ternero va a presentar menor estrés digestivo y una menor sobrecarga digestiva, por lo que disminuye la incidencia de diarreas en este período».
Este punto es especialmente relevante porque los primeros meses concentran una alta sensibilidad sanitaria. Una ternera que atraviesa mejor esta etapa tiene más posibilidades de sostener el crecimiento, desarrollar correctamente su sistema digestivo y avanzar hacia un destete más ordenado.
Los 60 días que más impactan la producción
Según Matías San Juan, durante los primeros dos meses de vida se concentran los procesos de mayor impacto productivo a largo plazo. En ese período ocurre lo siguiente:
- La ternera presenta su mayor eficiencia de conversión.
- Se forman órganos y tejidos clave.
- Se desarrolla la glándula mamaria.
- Se define parte importante de su potencial productivo futuro.
¿Por qué no todos los sustitutos son iguales? San Juan destaca diferencias en:
- Porcentaje de proteína
- Contenido de grasa
- Tipo de proteína utilizada
- Calidad de los ingredientes
- Digestibilidad
- Estabilidad del producto en el tiempo
Una inversión en producción futura
La nutrición temprana no termina en el crecimiento visible de la ternera. Su impacto se proyecta hacia la vida productiva adulta. San Juan sostiene que los primeros 60 días son una ventana clave, ya que en ese período se desarrollan estructuras que tendrán relación directa con la futura producción de leche: «Es donde se van a formar todos los órganos y estructuras que van a producir leche en la futura vaca».
Por eso, una deficiencia nutricional temprana puede tener consecuencias que van más allá de una menor ganancia de peso. Puede afectar el potencial productivo que ese animal será capaz de expresar en su primera lactancia y durante el resto de su vida.
«No solo vas a perder alimento; estás hipotecando la producción futura de esa ternera.» — Viviana Apiolaza, médico veterinario especialista en crianza bovina.
Desde esa mirada, el costo de una mala crianza no se mide solo en alimento desaprovechado o tratamientos sanitarios. También se mide en litros que la vaca no llegó a producir.
Medir para corregir a tiempo
Para saber si un programa de crianza está funcionando, ambos especialistas coinciden en la importancia de medir. El peso corporal aparece como uno de los indicadores más relevantes: una ternera bien manejada debería duplicar su peso de nacimiento alrededor de los 60 días de vida, lo que exige registrar datos al nacimiento, durante la crianza y al destete.
Junto con ello, la incidencia de diarreas, neumonías y mortalidad permite evaluar si el sistema está entregando las condiciones necesarias para que la ternera exprese su potencial. Medir no es solo llevar registros: es contar con información para corregir a tiempo, ajustar protocolos y evitar que los problemas se acumulen hasta impactar la recría o la futura lactancia.
Criar no es gastar; es construir productividad
El mensaje final es directo: la alimentación de las terneras debe ser entendida como una inversión estratégica. En un negocio donde la eficiencia productiva depende cada vez más de aprovechar al máximo la genética, la sanidad y el manejo, los primeros días de vida se vuelven determinantes.
Porque detrás de cada ternera bien criada hay más que un animal sano. Hay una futura vaca con mayor posibilidad de expresar su potencial, sostener mejores resultados y devolver al sistema la inversión realizada desde sus primeros días de vida.